martes, octubre 27, 2009

La leyenda de Brian Clough


Brian Clough es uno de los personajes míticos de la historia del fútbol británico. Talentoso, ambicioso y carismático, también era arrogante, conflictivo y polémico. Le encantaba estar en el centro de atención y sus declaraciones a los medios son ya parte del imaginario popular británico. Frases como "Roma no se hizo en un día, claro que yo no estaba encargándome de aquel trabajo", "No diría que soy el mejor entrenador, pero definitivamente estoy en el top-1" o "No, yo no me creo el hijo de Dios; es mi hijo el que lo es" han pasado a la historia y permiten hacerse una idea del carácter y del particular sentido del humor de Clough.
Como jugador fue un delantero centro de gran olfato, un auténtico depredador del área, que destacó en las filas del Middlesborough y del Sunderland, marcando nada menos que 267 goles en 296 partidos y alcanzando la internacionalidad a pesar de haber realizado toda su carrera en Segunda División. Por desgracia una lesión truncó su trayectoria y, aunque volvería a jugar tras dos años en blanco, su reaparición sólo duró tres partidos (sus únicos encuentros en Primera, categoría a la que su club acababa de regresar, y en los que aún le dio tiempo a marcar un gol) antes de que decidiera retirarse a los 29 años. Pero esto fue tan sólo el comienzo de su leyenda, porque sería como entrenador como conseguiría ganarse un lugar en la historia.

Tras la retirada Clough comenzaría a entrenar en las categorías inferiores del Sunderland y, tras comprobar que no se le daba mal del todo, se sacó el carnet de entrenador y firmó como manager del modesto Hartlepool, de Cuarta División. Allí se encontraría con Peter Taylor, con quien ya había coincidido como jugador en el Middlesborough, y que se convertiría en su ayudante. Ambicioso y gran motivador, Clough comenzó a obtener buenos resultados, pero también comenzó su serie de enfrentamientos con los directivos, lo que desembocaría en su salida del equipo y su marcha junto a Taylor al Derby County, de Segunda División, donde comenzaría a forjar su leyenda. En unos pocos años consiguió ascender al equipo a Primera, ganar la Liga y codearse con los grandes tanto en Inglaterra como en Europa. Pero sus enfrentamientos con el presidente (tenía la mala costumbre de fichar jugadores a alto coste sin consultar a la directiva), sus polémicas declaraciones, sus enfrentamientos con otros managers o directivos de la Federación y sus apariciones estelares (y a menudo irritantes, porque Clough no se cortaba a la hora de criticar a nadie) en prensa y TV desembocaron en su salida de Derby, tras presentar su dimisión como medida de presión para doblegar a la directiva; pese a las protestas de los hinchas que pedían la marcha del presidente, la dimisión fue aceptada. Y Clough, junto con Taylor y casi la totalidad de su equipo técnico, tuvo que buscar acomodo en el modesto Brighton, de Tercera División.

Justo por esas fechas el fracaso de la selección inglesa, incapaz de clasificarse para el Mundial, hizo que la Federación buscara un nuevo seleccionador y le ofreciera el cargo a Don Revie, manager del Leeds United, al que había convertido en el gran dominador del fútbol inglés en aquellos años, y con el que Clough tenía una manifiesta enemistad, ya que acusaba a su equipo de hacer un juego feo y duro. Para sustituirle, la directiva del Leeds decidió contratar, para sorpresa general, a Clough. Sin embargo Taylor prefirió quedarse en Brighton y cumplir su compromiso con el club que los había acogido cuando estaban sin trabajo. Con Clough falto de cierta mano izquierda, la ausencia de su asistente, que era el único capaz de moderar sus impulsos, fue clave para su fracaso. Su primer día en el cargo Clough entró en el vestuario del equipo y les dijo: "Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganásteis todas haciendo trampas". No era la mejor manera de hacerse con un equipo campeón y una plantilla que aún era fiel al anterior entrenador. Además, lesiones y sanciones lastraron al equipo, que tuvo un comienzo de temporada horrible, de modo que Clough fue despedido tras sólo 44 días en el cargo. Y en su despedida dejó una de sus más célebres "perlas": "Hoy es un día muy triste... para el Leeds United".
Precisamente en esos 44 días se basa una novela escrita por David Pierce que fue un best seller en Inglaterra, una ficción basada en los hechos reales y que ha sido adaptada recientemente en una estupenda película: The Damned United. Por cierto que tanto el libro como la película han sido rechazados por la familia de Clough, que piensa que ofrece de él una imagen excesivamente negativa, como alguien egomaníaco, irreflexivo y alcohólico, que se ajusta mucho menos a la verdad que a la imagen que de él se tenía por sus apariciones en los medios.

De todas formas la película merece la pena. Con una ambientación y una recreación de época excelentes, y un guión bien trenzado por Peter Morgan (The Queen, Frost/Nixon), el film se sostiene gracias a la estupenda interpretación del emergente Michael Sheen. Después de haber interpretado a personajes históricos como Blair y Frost (en las dos películas citadas escritas también por Morgan), Sheen vuelve a dar vida a un personaje histórico, manteniendo el equilibrio justo entre el personaje encantador y carismático y el personaje engreído hasta los límites de la autodestrucción; y no era nada fácil interpretar a Clough, la prueba es que mientras los críticos de cine sin conocimientos de fútbol consideraban que su interpretación era quizá demasiado histriónica, los aficionados británicos al fútbol consideraban, por el contrario, que se había mostrado demasiado contenido. De forma inteligente la película comienza presentando la llegada de Clough a su nuevo club, sus insultos y acusaciones hacia su manera de jugar y su antiguo entrenador, y vemos las maneras duras y poco deportivas de los jugadores de Leeds, y no podemos evitar tomar partido por el protagonista; pero, a medida que la historia avanza, vemos que nuestro "héroe" no es tal, que él mismo construye su propia desgracia y que se hunde sin remedio víctima de su propia arrogancia. Todo esto intercalado con flashbacks en los que se nos cuenta la trayectoria anterior de Clough, sus éxitos en Derby, sus enfrentamientos con la directiva y su marcha a Brighton, y, sobre todo, y como eje de la película, los altibajos de su amistad con Peter Taylor, un siempre estupendo Timothy Spall, eterno secundario de lujo, desde su imprescindible ayuda para forjar un Derby campeón hasta su enfrentamiento y separación de caminos... hasta que al final Clough, derrotado y con una buena cura de humildad, vuelve a abrazar al viejo amigo.
Total, que es una buena película para los que les guste el fútbol, y podría fácilmente situarse entre las mejores dedicadas a este deporte porque, la verdad, pocas se han hecho de verdadero nivel. Y también agradará a los que no les guste, porque en realidad es una película sobre personas y pocas escenas de juego hay, casi siempre centradas en las reacciones del público y de los personajes mientras ven el partido.

Pero la historia de Brian Clough, por supuesto, siguió después de su fracaso en Leeds; de hecho, todavía le quedaba por forjar lo mejor de su leyenda. Porque tras su despido Clough marcharía a entrenar a otro modesto equipo de Segunda División: el Nottingham Forest. Tras año y medio forjando el equipo, consiguió convencer a Taylor para que abandonara el Brighton, que aún seguía entrenando, y volviera a reunirse con él en Nottingham. Los siguientes años fueron una película: en 1977 ascendía a Primera; en 1978 ganaba la Liga y la Copa de la Liga; en 1979 ganaba la Copa de Europa y en 1980 revalidaba el título.
El tándem, sin embargo, comenzó a fracturarse cuando Taylor publicó su autobiografía en otoño de 1980, sin haberle dicho a Clough que la estaba escribiendo, algo que no gustó a éste. Taylor siguió en su puesto hasta 1982, en que anunció su retirada. Pero sólo un año después Taylor aceptaba una oferta del ahora arruinado Derby County para salvar a su antiguo equipo del descenso a Tercera División. Taylor estaría en el cargo tan sólo dos años, pero le dio tiempo a ganarse las iras de Clough al fichar a uno de sus jugadores. Desde entonces Clough y Taylor no se hablaban. Sin embargo, a la muerte de Taylor en 1990, es sabido que Clough lloró amargamente y acudió al entierro, que le dedicó a Taylor su autobiografía, y que, en los homenajes recibidos en Nottingham tras su retirada como manager, reivindicó su figura.

Clough mantuvo al Forest en la élite durante los años 80, pero ya en decadencia, con problemas económicos y los problemas de Clough con la bebida agudizados. En 1993, tras consumarse el descenso de categoría, Clough anunciaba su retirada. Una grada del estadio del Forest fue bautizada con su nombre (aunque él pidió que llevara el de Taylor además del suyo) y estatuas suyas fueron erigidas en Nottingham y en su Middlesborough natal (hay planes para erigir otra en Derby). Tras su retirada, se esforzó en dejar el alcohol y superó un trasplante de hígado, y siguió colaborando en la prensa deportiva inglesa hasta su muerte en 2004.