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martes, septiembre 30, 2008

Increíble pero mentira: una historia de los falsos documentales (parte 4)

Mucho tiempo ha pasado desde que comenzara esta sección, pero es que cuanto más avanzo más complicado resulta ser exhaustivo. A cada paso descubro nuevas piezas que añadir a la colección o incluso que pudieran incluírse en los capítulos ya realizados, y, por si esto fuera poco, los límites establecidos quedan un poco borrosos. Por ejemplo, ¿no se puede considerar que las narraciones de algunos dibujos animados de Disney adoptan la forma de los documentales educativos de la época? ¿No es la fórmula del Correcaminos, con sus carteles descriptivos iniciales, similar a la de los documentales del Discovery Channel? ¿No es la minuciosa descripción de los hechos que realiza el narrador de Amelie casi un seguimiento en forma de documental de las aventuras de la protagonista y de los personajes con que se cruza? ¿Dónde situar el límite entre la utilización de ciertas formas del documental y la adopción de su formato como medio de ficción? Complicada tarea.

Por ejemplo, y siguiendo con el curso de nuestra historia, que habíamos dejado con el cierre de la década de los 70, nos encontramos, ya de entrada, con una película que no sabemos dónde ubicar: The great rock'n'roll swindle (1980), el experimento fílmico de los Sex Pistols; un capricho de su manager Malcolm McLaren que tan sólo vio la luz cuando el grupo ya no existía. ¿Se puede considerar falso documental a una película que cuenta la historia de un grupo real con imágenes históricas reales? En principio no. Sin embargo, la versión que se ofrece de la historia ha sido puesta en entredicho desde entonces y, además, se utiliza la estructura documental para vertebrar una supuesta trama de ficción, y escenas de ficción para contar la historia del grupo. De modo que la incluiré en este repaso.
Rodada durante años, mezclaba material auténtico de la banda con fragmentos de ficción e incluso de animación, y tuvo tantos cambios de dirección que finalmente el director Julian Temple, cuya carrera entonces apenas estaba comenzando, tuvo que improvisar un montaje que se alejaba bastante de la idea inicial, y en el que, bajo la estructura de un supuesto manual sobre cómo sacarle dinero a la industria musical, se exponía la versión mclareniana sobre la historia del grupo, cosa bastante lógica si se tiene en cuenta que el controvertido manager era el único que quedaba respaldando el proyecto cuando éste se montó. La película, de todas formas, queda muy por debajo del documental (éste sí en serio) The filth and the fury que el propio Temple montaría veinte años después con la base del mismo material y declaraciones de unos Pistols ya maduros, en la que eran éstos quienes daban su versión, opuesta a la de McLaren.

Por otro lado, los 80 van a traer tres de las películas más importantes de la historia del género, cuya influencia va a ser fundamental en la posterior explosión de títulos que se produciría desde la segunda mitad de los 90.
La primera de ellas sería Holocausto caníbal (1980), de Ruggiero Deodato, una de las referencias inexcusables del subgénero "grabaciones de gente atrapada con una cámara en medio del horror" que tanto han proliferado en los últimos años. La cinta de Deodato se erige en una de las cimas del cine de imágenes explícitas e incluso hizo correr la voz sobre la veracidad de las imágenes proyectadas; lo cierto es que no hay verdaderas atrocidades sobre seres humanos en la película, aunque sí varias escenas de violencia sobre animales no aptas para estómagos sensibles. Pero lejos de ser una película basada únicamente en imágenes efectistas, Holocausto caníbal es una película inteligente y con mensaje, basada en un interesante juego de espejos a varios niveles. Por un lado tenemos al antropólogo que viaja al Amazonas en busca de cuatro documentalistas desaparecidos y encuentra sus cadáveres y el material que habían grabado, al que la BBC encarga la realización de un documental sobre dicha expedición; y, por otro lado, tenemos el documental que constituyen las grabaciones de los cuatro documentalistas, totalmente faltos de ética y dispuestos a cualquier cosa para conseguir las imágenes impactantes necesarias para falsificar un documental que les proporcione éxito y dinero. El contraste entre el comportamiento social y civilizado de los salvajes y el salvajismo de los cuatro expedicionarios supuestamente civilizados acaba con éstos pagando por sus crímenes y empujando a una reflexión sobre los cimientos de la civilización y el comportamiento humano.

La segunda obra maestra del género en este período la constituiría Zelig (1983), tercera y más inspirada aproximación de Woody Allen a los mecanismos del falso documental. Perfeccionando técnicas de inserción de su personaje en situaciones históricas reales a las que ya se había aproximado en Men of crisis, Allen desarrolla, en formato de documental e imitando la forma de las filmaciones de las épocas que recrea, la historia de Leonard Zelig, el camaleón humano; un caso tan brutal de necesidad de aceptación que le lleva a convertirse, a través de una transformación tanto física como psicológica, en aquello que son las personas que le rodean.
Zelig fue la película que le descubrió a la crítica las posibilidades del género, consiguiendo su aplauso unánime e incluso siendo escogida en el 2000 en una votación de críticos del mundo entre las cien mejores películas del siglo XX. Fue nominada a dos Globos de Oro y a dos Oscars, pero no se llevó ninguno.
La tercera obra cumbre a que nos referíamos, y acaso la más influyente, al menos a corto plazo, será This is Spinal Tap (1984), película a cuya sombra crecerá el subgénero de los falsos documentales sobre grupos musicales ficticios. Basada, según confesión del director Rob Reiner, en All you need is cash (la película de los Rutles de la que ya hablamos en su momento), This is Spinal Tap es un supuesto documental sobre la última gira por América de un histórico grupo inglés de hard rock, interpretado por Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer (que realmente tocaban sus instrumentos; de hecho, Spinal Tap llegarían a editar posteriormente discos en la vida real, una vez ya convertidos en grupo de culto), y que fue grabado como si de un auténtico documental se tratase, con diálogos en su mayor parte improvisados por todos los intérpretes, aunque finalmente el Sindicato de Guionistas sólo aceptó acreditar a Reiner y los tres protagonistas. A causa de este método de rodaje, Reiner acumuló finalmente horas y horas de entrevistas y situaciones estrambóticas que supo destilar en 82 minutos sencillamente hilarantes, pasando prácticamente por todos los tópicos posibles sobre los grupos de rock de la época.
Posiblemente una de las mejores comedias de los 80 que, sin embargo, no tuvo un gran éxito de taquilla, aunque se erigió inmediatamente en obra de culto. Prueba de su vigencia sería la extensión del término "mockumentary" como definitorio del género, después de su adopción por parte de Reiner para describir el género de la película en las entrevistas que dio para su promoción.
Christopher Guest iniciaría aquí un gusto por los falsos documentales que le ha llevado a realizar una buena cantidad de ellos, en los que le gusta utilizar el mismo método de improvisación actoral sobre una situación dada que tan buenos resultados ofreciera en Spinal Tap.
La influencia de la película sería enorme y daría pie a toda una colección de films en la misma onda, que comenzaría ya en 1985 con The last polka, telefilm sobre la carrera y último concierto de los Shmenge Brothers, el mejor dúo de polka del mundo, escrito e interpretado por John Candy y Eugene Levy (que, además de ser el padre de American Pie, posteriormente se convertiría en el principal colaborador de Christopher Guest; ¡qué pequeño es el mundo!). Los mismos Candy y Levy, de origen canadiense, protagonizarían ese mismo año otro falso docuemntal para TV, The Canadian Conspiracy, en el que se contaba el perverso plan del gobierno canadiense para subyugar los Estados Unidos a través de la infiltración de canadienses en los medios estadounidenses, gente como Lorne Greene, William Shatner, Martin Short o Leslie Nielsen, cuyo hermano Erik era en aquellos momentos primer ministro de Canadá.
También merece una mención Dead End, un Directo a Video realizado en 1985 por Emerson Bixbie. En ella, una mezcla entre el gore (se utilizó sangre de verdad en el rodaje para conseguir un mayor realismo) y la comedia (se parodian y referencian numerosas películas), se cuenta la historia de un grupo de documentalistas que, conducidos por un director enloquecido, se adentran en una ciudad infestada de zombies para grabar un reportaje. Realizada en video, en formato de grabación documental, y buscando un realismo visual lo más sucio posible, la cinta se erige en un antecedente directo de los The Blair Witch Project, (REC) y Monstruoso de hoy, aunque sin tomarse a sí misma en serio. Es otra de esas películas que con los años ha ganado cierto culto entre los pocos que la han visto; por desgracia parece ser un film muy difícil de conseguir, y del que ni siquiera el director conserva una copia.

Después de estos títulos, sin embargo, va a producirse un frenazo en el desarrollo de falsos documentales: la segunda mitad de los 80 prácticamente relega el género a la televisión y, mayoritariamente, a sketches dentro de programas de humor. Pero las semillas plantadas por las genialidades de este período van a empezar a dar frutos en los 90, hasta culminar en la explosión de títulos de la presente década. Algo que veremos en próximas entregas, esperemos que tarde menos en acabarlas.

miércoles, marzo 26, 2008

Increíble pero mentira: una historia de los falsos documentales (parte 3)

Uno de los grandes fenómenos sociales de la segunda mitad del siglo XX fue la revolución sexual. No voy a entrar en análisis, pero sus efectos en las producciones cinematográficas serían evidentes, con una notable proliferación de películas eróticas y pornográficas que, si bien no eran necesariamente una novedad, sí llegaban a las masas por vez primera, al empezar a legalizarse las salas de cine X. Por supuesto, también el género del que tratamos se vería afectado. Desde finales de los 60 los falsos documentales se convierten en uno de los formatos esenciales para las películas eróticas, con la excusa del estudio antropológico. Una excusa perfecta para el softcore. También será utilizado por el hardcore, pero en bastante menor medida; al menos hasta que John Stagliano invente el gonzo en 1989 y se abra la veda para falsas grabaciones caseras, falsos castings y falsos actores amateurs que, por su bajo coste de producción, constituyen hoy una gran parte de la producción internacional de cine porno. Pero esa es otra historia, y muy posterior.
En lo que a nosotros respecta, lo interesante es que las reacciones de la sociedad ante estos cambios van a tener su eco también en el cine no erótico, aunque ello le obligue a bordear las calificaciones más restrictivas. En esta época van a comenzar a realizarse bastantes documentales (verdaderos) en torno al sexo, puesto que está dejando de ser un tema tabú y es bastante interesante y, por qué no reconocerlo, comercial. Y, como medio de reírse de las convenciones sociales que observan con escándalo este despertar sexual, el tema se convierte también en uno de los favoritos de la comedia de la época. Ambas tendencias van a converger en un par de falsos documentales.

En 1970 un formato mixto de comedia y documental dará lugar a uno de los films más importantes de la historia del cine australiano: The Naked Bunyip, de John B. Murray. La película fue realizada sin apenas dinero, en un momento en el que apenas había producción porque los distribuidores no exhibían las películas de autores locales, en la creencia de que no interesaban a nadie. La mayor parte de la película son testimonios reales que constituyen un verdadero documental; sin embargo, el hilo conductor es un protagonista creado de propio para buscar un efecto cómico, un joven y tímido técnico en marketing que es enviado por sus jefes para realizar una investigación de mercado en torno al sexo (aunque él hubiera preferido investigar sobre agricultura), sin saber nada sobre el tema; un personaje silencioso que apenas habla (aunque la película sí recoge sus pensamientos) y que tiene algunos momentos de comedia física. La película fue un éxito en su país y fue decisiva para que el cine australiano saliera de un bache que lo había arrastrado casi hasta la desaparición, al recuperar para la industria local la confianza de los distribuidores.
En América, por su parte, las posibilidades del tema no escapan a los ojos de provocadores profesionales como Alan Abel. Conocido por sus bromas y engaños, este escritor, músico, director y artista conceptual de la sátira merecería un post por sí sólo. Y, como buen farsante, encontró en el falso documental una vía excelente para sus sátiras: sus dos películas se adscribirían a este género. Con el sexo como tema central dirigiría, formando equipo con su esposa Jeanne, Is there Sex after Death?, comedia rodada en 1971 que mezcla sketches cómicos estructurados en la forma de un documental (al estilo de How to irriate people) junto con verdaderas respuestas de gente de la calle a las maliciosas preguntas de Abel. Sin embargo, la proliferación de desnudos (un sketch incluso estaba rodado en una colonia nudista) hizo que la película fuera calificada X, lo que condenó su carrera comercial.

Poco a poco, la utilización del formato de falso documental para la comedia se iría convirtiendo en algo más que sketches encadenados. Algunos autores se darán cuenta de las posibilidades satíricas del género si era utilizado como falsificación. Woody Allen sería, una vez más, el pionero a la hora de profundizar en estas posibilidades. No del todo satisfecho con lo conseguido en Toma el dinero y corre, en 1971 volvía a aproximarse al género con Men of crisis, un cortometraje para televisión en el que el propio Allen daba vida a uno de los asesores del presidente Nixon, mezclando grabaciones reales del presidente con sus propias imágenes, para las que contó con la complicidad de Richard M. Dixon, un conocido doble del entonces presidente. Sin embargo, la cadena, temiendo la reacción del gobierno, decidió no emitirlo, y Woody Allen abandonó echando pestes el medio televisivo. Años después todavía volvería al género, como veremos más adelante.
Similar al corto de Allen sería la segunda (y última) película de los Abel, The faking of the president, realizada en 1976, ya tras el escándalo del Watergate y la dimisión de Nixon. En ella los Abel realizaron el mismo juego, mezclaron grabaciones reales del presidente Nixon con otras protagonizadas por su doble, con un propósito satírico. Entre otras perlas, la película incluía una escena en la que Nixon robaba flores de la tumba del perro de Roosevelt para ponerlas en la de su propio perro. Un estilo de humor menos sutil y más caústico que se correspondía con las nuevas tendencias de la comedia americana del momento, que estaban en aquellos momentos dando origen al hoy mítico Saturday Night Live.
Precisamente al Saturday Night Live se deberá la realización de uno de los films más importantes del género. El Python Eric Idle y el músico Neil Innes (ex-miembro de Bonzo Dog Doo-dah Band, cómplice habitual suyo desde antes incluso de crear los Python y luego colaborador de éstos) habían formado The Rutles, una parodia de los Beatles, para The Rutland Weekend Television, un programa de humor que Idle había creado tras el cierre del Flying Circus, y que duró dos temporadas. Después de aquello Idle se instaló en América, y un sketch que simulaba un documental sobre la carrera de los Rutles fue realizado para SNL. Tuvo bastante éxito, y los productores del programa decidieron pagarle a Idle la realización de un largometraje. Así, en 1978 se realizaría All you need is cash, con la paradójica circunstancia de ser una película concebida, escrita, producida y protagonizada por ingleses... pero con capital americano, hecho para la televisión americana.
All you need is cash funciona como parodia a muchos niveles: no sólo parodia el fenómeno de la beatlemanía y el devenir de la carrera musical y vida personal de sus componentes, sino que también se ríe de las convenciones del formato documental y satiriza una serie de documentales sobre los Beatles que había realizado la BBC unos años antes. La cuidadosa falsificación/parodia que Neil Innes lleva a cabo de los estilos de los Beatles en el apartado musical incluso llevó a algunos de los más conspiranóicos fans de los Beatles a pensar que alguna de las canciones era, de hecho, un descarte real de los de Liverpool. Y la recreación rutlesiana de algunos momentos fílmicos de los Beatles alcanza cotas antológicas (la parte que parodia Yellow submarine es una pequeña obra maestra). Los propios Beatles apreciaban la película -de hecho George Harrison incluso realiza un pequeño cameo.
Curiosamente, su estreno televisivo en América resultó un fracaso en términos de audiencia, aunque con el tiempo se convertiría en una película de culto. Y le cabría el honor de inaugurar el subgénero de los falsos documentales centrados en ficticios grupos musicales, inspirando a Rob Reiner (segun confesión de éste) su colosal This is Spinal Tap, de la que hablaremos en la próxima entrega.

De esa misma cantera del SNL saldrían dos películas más que adoptarían la forma de falsos documentales. Albert Brooks, uno de los primeros presentadores y directores de sketches del programa, dirigiría en 1979 Real life, una parodia de un (en su momento, experimental y pionero) reality-show llamado An american family, en la que un narcisista director trata de convivir con una familia disfuncional de clase media para tratar de documentar su vida durante un año. Una visión ácida y cruel sobre las interioridades de la industria que se adelanta a la época dorada de los reality, y que, pese a no haber en su momento una gran carrera comercial, se ha convertido posteriormente en objeto de culto.
Menor fortuna tendría Michael O'Donnoghue, fundador de National Lampoon y primer jefe de guionistas del SNL, cuando en 1979 realizó un especial televisivo llamado Mr. Mike's Mondo Video, una sucesión de sketches estructurada en torno a una parodia de Mondo Cane, pero a causa de su contenido excesivamente crudo la NBC decidió no emitirlo. En respuesta, O'Donnoghue dejó de trabajar para ellos, aunque volvería brevemente al SNL en 1981. El film fue entonces estrenado comercialmente en cines, pero no tuvo demasiado éxito comercial y O'Donnoghue no volvió a dirigir.

Mientras tanto, en Canadá se mezclaba el sentido del humor que caracterizaba los falsos documentales americanos con la inventiva y verosimilitud de los falsos documentales europeos en L'Affaire Bronswik, un cortometraje realizado para televisión por Robert Awad y André Leduc en 1978, y en el que cuentan la historia de una gama de televisores my económicos puesta en el mercado en los años 60 que resultan ser el invento de un científico loco para empujar a los televidentes hacia un desbordado consumismo. El film tuvo gran éxito, ganando numerosos premios en gran cantidad de festivales internacionales, e incluso estuvo nominado para ganar la Palma de Oro en Cannes.
En fin, que, en los 70, mientras en Europa se exploraban las posibilidades dramáticas del falso documental, en América predominaría una utilización cómica del género. En parte por la influencia de la contracultura americana de los 60 y en parte por la diferente receptividad del público, la sátira se impone a la denuncia y la caricatura al realismo. La única excepción que he encontrado sería el cortometraje No lies, realizado por Mitchell Block en 1974, en un tono intimista similar al de David Holzman's Diary. Pero este subgénero de "grabaciones caseras" no tenía mucho sentido en una época en que nadie tenía una cámara en casa (ambos films parten del presupuesto de que el autor es estudiante de cine); tardará todavía varias décadas en hacerse habitual, hasta llegar a la explosión definitiva de youtubes y videoblogs. Pero de eso ya nos ocuparemos en su momento.

Continuará.

miércoles, febrero 27, 2008

Increíble pero mentira: una historia de los falsos documentales (parte 2)

Hasta ahora los primeros pasos del falso documental se producen en Inglaterra y los Estados Unidos, cosa en cierto modo lógica: son los países con una tradición televisiva más antigua (y el formato es de origen televisivo), y los que tienen una mayor inversión en producción de películas para televisión (donde más utilizado es el formato). Con la llegada de los años 70 el género se extiende a otros países y otros estilos.
En Europa la estética del falso documental o reportaje se utilizaría en el tono más dramático inaugurado por Watkins. Éste ya había utilizado el género para acercarse a la ciencia ficción, pero ahora se van a producir una serie de películas en las que la aproximación va a ir un paso más lejos en cuanto a la falsificación de la realidad: los falsos documentales sobre acontecimientos sucedidos en una realidad alternativa dejan paso a los falsos documentales sobre acontecimientos supuestamente ocurridos en nuestra realidad, y que llegan a pasar por reales para muchos espectadores. Una vertiente del género que se sigue cultivando y que incluso en época reciente consigue engañar a muchos.
Así, en 1970 se realizaría en Alemania La delegación, película para TV escrita y dirigida por Rainer Erler, que se adelanta dos décadas a Expediente X y se erige en antecedente directo de falsificaciones tan convincentes de la historia de las conspiraciones como Operación Luna, pero también de Holocausto caníbal, The Blair Witch Project y similares, por cuanto se supone que es un documental confeccionado a partir de grabaciones encontradas en el coche del protagonista después de su muerte. La película sigue la investigación de Will Roczinski, reportero de un canal de televisión alemán que es enviado a cubrir la celebración de un congreso de ufología, y allí se encuentra con una mujer canadiense que le dice que sospecha que fue abducida. Roczinski se decide a comprobar su historia, y la película es la grabación de su cada vez más obsesiva investigación. Tras ser emitido, el canal de televisión recibió varias cartas de aterrados telespectadores que se habían creído la historia. Tuvo tanto éxito que Erler lo publicaría en forma de libro en 1973.

También alemana (y también para TV) sería Das millionenspiel, realizada por Tom Toelle en 1970, y que se adelanta casi tres décadas a los actuales reality shows. Basada en un relato del escritor de ciencia ficción Robert Sheckley, cuenta la historia de un hombre que participa en un concurso de televisión en el que ganará un premio millonario si consigue evitar que tres asesinos le den muerte en una semana. La premisa preconizaba el auge de los reality shows y sería utilizada posteriormente por Stephen King en su novela El fugitivo (que sería adaptada al cine con Schwarzenegger como protagonista). Pero lo interesante del asunto es que la película simulaba ser la retransmisión del programa (cortes publicitarios incluídos), como si fuera real, imitando todo el estilo de los programas y concursos televisivos de la Alemania de la época, con el presentador hablando con el público, con un ballet y finalmente con la introducción del concursante de la semana siguiente. A pesar de la fantástica premisa, la falsificación fue tan convincente que muchos televidentes creyeron que era real: la cadena recibió cartas contra el programa, solicitudes para participar e incluso una solicitud para ser uno de los cazadores (las cartas serían posteriormente utilizadas para un estudio psicológico por la Universidad de Colonia). Por algún problema de derechos, sin embargo, la película fue archivada durante treinta años, no volviéndose a emitir hasta 2002.

Esta corriente falsificadora tendría su culminación con uno de los grandes hitos del subgénero: Alternative 3. Falso documental de una hora realizado en 1977 por Christopher Miles para Anglia Television (un canal local inglés con sede en Norwich), fue emitido como si fuera un capítulo más de una serie de documentales científicos que emitía dicho canal en aquella época. Se suponía que iba a ser emitido como broma coincidiendo con el April's Fool, pero por cuestiones de producción la emisión se retrasó hasta junio. En él unos documentalistas que investigan sobre la fuga de cerebros británicos a otros países acaban destapando un programa secreto conjunto de americanos y rusos en el que, en previsión de una inevitable catástrofe medioambiental que va a producirse (debido a la superpoblación y el calentamiento global, el planeta va a caer en una nueva glaciación), ambos bandos colaboran para buscar varias alternativas, siendo la tercera la colonización de Marte, desde una base secreta instalada en la Luna.
A pesar de que el programa acreditaba a todos los actores que habían participado, dejando claro que todo era ficción, gran parte del público se creyó la historia, desatando un fenómeno parecido al de la Guerra de los Mundos de Welles, con el añadido de que los ecos todavía no se han disipado. En vista de la controversia que el programa había provocado, Anglia Television emitió tres días después un comunicado indicando que el documental era falso; pero los conspiranóicos interpretaron este hecho como fruto de las presiones del gobierno británico para ocultar la verdad. El documental no volvería a ser emitido en televisión ni sería editado en video, de modo que no pudo verse de nuevo hasta su edición en DVD más de veinte años más tarde; el hecho de que fuera inencontrable también fue interpretado como una maniobra para taparlo todo. El éxito del programa daría lugar a que en 1978 se publicase una novelización ampliada de la historia a cargo de un escritor lamado Leslie Watkins (nada que ver con Peter Watkins, aparte de la nacionalidad); no ayudó a calmar los ánimos el hecho de que éste posteriormente sostuviera que, si bien el programa era ficción, más tarde había encontrado indicios de que accidentalmente se había acercado muchísimo a la verdad. Incluso hay por la red gente que recopila pruebas de que Alternative 3 no era un falso documental, sino un documental de verdad. En suma, todo un fenómeno social.
También bebieron de Peter Watkins los italianos Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi, si bien su propuesta no se orientó hacia la ciencia ficción. Los realizadores de Mondo Cane se acercaron en 1971 a la recreación de una ficción histórica (algo parecido a lo que ya había hecho Watkins en Culloden) con Adiós tío Tom, en la que los dos documentalistas italianos son trasladados en el tiempo a la América del siglo XVIII para realizar un documental sobre la esclavitud. Con imágenes extremadamente crudas y realistas, sin concesiones, presentan un retrato en absoluto suavizado de lo que fue la época, con una cuidada atención puesta en la recreación de la época y con imágenes de cientos de esclavos negros tratados (literalmente) como animales, padeciendo extrema violencia (palizas, torturas, violaciones y asesinatos incluídas en el lote), siendo progresivamente deshumanizados y no recibiendo la más mínima clase de compasión. El documental incluye una parte moderna en la que se trata de comparar la situación contemporánea (de finales de los 60) de los negros en América a la de la época de la esclavitud, y no es que la edad contemporánea salga tampoco muy bien parada.

El falso documental, como puede verse, crecía artísticamente, y varios autores de prestigio se atreverán a acercarse al género. En 1974 será nada menos que el genio Orson Welles el que se aproxime al género con Fraude. Realizada en Francia con escaso presupuesto, la película comienza como un verdadero documental que reflexiona sobre la naturaleza del arte a través de la vida de dos conocidos embaucadores, el pintor Elmyr de Hory (falsificador de cuadros) y su biógrafo Clifford Irving (famoso por haber fingido ser el biógrafo oficial de Howard Hugues), a los que se une el propio Welles, que también se utiliza a sí mismo como ejemplo; pero finalmente la película culmina con Welles engañando al espectador y finalmente revelando el truco, ilustrando con su propio ejemplo la belleza de una buena falsificación.
También Federico Fellini realizaría en 1978 un falso documental para la televisión italiana, Prova d'orchestra, en el que una orquesta llega a una vieja capilla para preparar un concierto, mientras son grabados y entrevistados por un equipo de la televisión que ha venido a cubrir el concierto, y se desata un conflicto entre los músicos y el director de orquesta. Supuso, además, la última colaboración de Fellini con el compositor Nino Rota, que moriría al año siguiente.

El británico Peter Greenaway será uno de los autores que más partido saquen al género, utilizándolo para hilar sus ejercicios de cine experimental. Tras un par de acercamientos en sus cortometrajes de los 70, en 1978 dirige el mediometraje Vertical features remake, en el que un grupo de estudiosos con diferentes puntos de vista intenta reconstruir un film incompleto compuesto de imágenes de objetos verticales atribuido a Tulse Luper (personaje que Greenaway ha utilizado en varias películas). A pesar de partir de unos presupuestos comunes, cada estudioso realiza una reconstrucción totalmente diferente.
No sería la última vez que Greenaway utilizara el formato. En 1980 realizará The Falls, su primer largometraje (después de más de 15 años haciendo cortometrajes y mediometrajes), un falso documental de más de tres horas. En él, la humanidad ha sido afectada por un misterioso acontecimiento conocido como Suceso Desconocido Violento (Violent Unknown Event, VUE), que ha matado a muchas persoans, pero que ha afectado a algunos supervivientes dándoles la inmortalidad pero también provocándoles una serie de desórdenes físicos o psíquicos, generalmente relacionados con los pájaros. Para estudiar el fenómeno, se ha realizado un listado de todas las personas del mundo que se encuentran en esa situación, y el documental se limita a seguir tan sólo un pequeño extracto de ese listado, en concreto cuenta la vida de las 92 personas de la lista cuyos apellidos comienzan por las letras FALL; de ahí el título de la película.

Y aquí nos detenemos por hoy. En la próxima entrega nos centraremos en cómo se desarrolló en este mismo período el falso documental en América y Australia, donde predominará una utilización cómica del género.

Continuará...

martes, febrero 19, 2008

Increíble pero mentira: una historia de los falsos documentales (parte 1)

Ahora que el formato está en su apogeo, con obras que van desde la falsificación contrafactual de C.S.A. hasta la provocación con cámara oculta de Borat, pasando por la sitcom de The Office y el testimonio en video de The Blair Witch Project y seguidoras, REC y Cloverfield incluídas, no cabe duda de que el género del falso documental ha sido uno de los grandes hallazgos de la narración audiovisual de los últimos años. Favorecido por una estética que permite presupuestos bajos (y que progresivamente se ha hecho más popular gracias a la era del Youtube) y, de rebote, por el auge en popularidad conseguido por los documentales desde el boom mediático de la serie Cops y de Michael Moore y su Bowling for Columbine, el género vive una Edad de Oro que está dando algunos frutos realmente brillantes.
Si bien la famosa retransmisión radiofónica de La Guerra de los Mundos de Welles en 1938 supone ya un antecedente por su similar utilización de un formato popularmente asociado a la no ficción, el origen del género se debe no tanto a una influencia directa como a la habituación del público (y de los realizadores) al lenguaje visual, primero, de los documentales, y, posteriormente, de los reporteros televisivos de noticias, que finalmente (como en su momento hizo Welles con los noticieros radiofónicos) serían utilizados para obras de ficción.
Por ello, no es de extrañar que el origen del género fuera televisivo. Parece ser que el primer falso documental (o, al menos, el primero en tener cieto eco) se produjo en 1957, curiosamente no en un programa de humor sino en un conocido y popular programa de documentales de la BBC. Fue allí donde, a modo de celebración del April's Fool (el equivalente por aquellos pagos de nuestro Día de los Inocentes, solo que ellos lo celebran el 1 de Abril), y a propuesta del cámara Charles de Jaeger, se produjo una pequeña pieza de tres minutos en la que se hablaba de los cultivos de árboles de spaghettis en Suiza. Tras la emisión, la BBC recibió cientos de consultas sobre la autenticidad del reportaje o sobre el modo en que se podían cultivar aquellos árboles.

A partir de ahí, la falsificación de la realidad comenzaría a ser cultivada regularmente, algo a lo que no sería ajeno el bajo coste de una producción de este tipo, algo nada desdeñable cuando comenzaban a notarse los primeros síntomas de un estancamiento económico global (que se convertiría oficialmente en crisis con la subida del precio del barril de petróleo en 1973), y coincidiendo además con el auge del cine independiente, que precisamente no tenía demasiado dinero para invertir.
El inglés Peter Watkins sería el pionero en aprovechar las posibilidades dramáticas del género para realizar un cine de alta carga política. Tras utilizar la técnica en varios cortometrajes, en 1964 Watkins grabaría para la BBC su primer largometraje, un documental sobre la batalla de Culloden (en 1746) como si fuera un reportaje de guerra, con el cámara en medio de la acción, imitando (con toda intención) las imágenes que en aquellos momentos se retransmitían de la Guerra de Vietnam. Al año siguiente Watkins iría mucho más lejos con The war game, en el que a modo de documental histórico se muestran las consecuencias de un conflicto nuclear para la población de una pequeña localidad inglesa en las que cae un misil nuclear soviético. Este documental iba a ser emitido en 1966 coincidiendo con el aniversario de la bomba de Hiroshima, pero la crudeza de su descripción de los efectos de un ataque nuclear sobre Inglaterra hicieron que la BBC lo archivara y no sería emitido hasta 1985, aunque para entonces ya era una pieza de culto, había podido verse en cineclubs y había sido editado en video, e incluso había ganado el Oscar al Mejor Documental en 1966.
Posteriormente, y ya al margen de la BBC, Watkins continuaría utilizando el formato de reportaje al estilo televisivo para ilustrar comprometidas distopías futuristas. Sin embargo, el fracaso comercial de Privilege (1967), posteriormente convertida en película de culto, unido al descontento por la decisión de la BBC de no emitir The war game, llevaría a Watkins a abandonar Inglaterra y a realizar sus siguientes películas en diferentes lugares del mundo (ha vivido en Suecia, Canadá y Francia), con trabajos como The gladiators (1969, realizada ya en Suecia) o su película más conocida, Punishment Park (1970), la única que realizó en Estados Unidos, en la que, en un futuro alternativo en el que Nixon ha declarado el estado de excepción ante las protestas populares por su decisión de bombardear Vietnam, militantes por los derechos civiles son condenados a tratar de cruzar un desierto sin agua ni comida mientras son perseguidos por soldados como parte de su entrenamiento. La película se cuenta desde el punto de vista de unos documentalistas ingleses y alemanes que cubren tanto la caza en el desierto como el juicio al siguiente grupo de acusados que serán enviados al desierto.

Mientras tanto, en América, Jim McBride experimentaba con el concepto en David Holzman's Diary (1967), en el que se cuenta la historia de un joven aspirante a cineasta cuya vida se desmorona y que decide grabarse a sí mismo para hacer un documental sobre su propia vida. Un falso ejercicio de cinema verité probablemente influído por el cine experimental de la escena neoyorquina del momento (en concreto pensaba en los diarios de Jonas Mekas), que quizá fuera el primer ejemplo de película que simula partir de una grabación casera y personal, en una época en la que tener una cámara no era tan habitual como ahora.
La utilización del formato de falso documental con propósitos cómicos no tardaría demasiado en aparecer, aunque en sus primeras intentonas estarían todavía muy lejos de la verosimilitud de los trabajos de Watkins. En América el primero en intentarlo será Woody Allen, si bien Toma el dinero y corre (1969) es más una sucesión de escenas estructuradas por un hilo narrativo que simula un documental (testimonios incluídos) que un verdadero intento de simular un documental sobre hechos que hubieran ocurrido. La película, de todas formas, es muy divertida y lanzó la carrera como director de Allen, que posteriormente revisitaría el género, como se verá más adelante.
Mientras tanto, en Inglaterra el primer intento es una película para televisión llamada How to irritate people (1968), en realidad una simple sucesión de sketches engarzados con una estructura de falso documental sobre, ejem, las maneras de irritar a la gente. John Cleese, Graham Chapman y Michael Palin están presentes y algunos gags preludian a los Monty Python, pero todavía no alcanzan el nivel de subversión de sus posteriores (y míticos) trabajos. Sin embargo, sólo un año después los tres mencionados junto con Terry Jones, Eric Idle y Terry Gilliam crearían el archiconocido Monty Python's Flying Circus en el que, precisamente, pondrían patas arriba, entre otras cosas, los programas culturales clásicos; los Python harían falsos reportajes, falsas entrevistas, incluso falsos documentales (ya desde su primera entrega: mítico el sketch sobre la utilización bélica del chiste más divertido del mundo) y, en fín, cambiarían para siempre el modo de ver el serio mundo de la cultura. No será casual que después de los Monty Python la mayoría de los falsos documentales hayan optado por la comedia. Tampoco lo será que a uno de los Python corresponda el honor de inaugurar el subgénero de mayor éxito dentro de este género. Pero todo eso lo veremos en las próximas entregas.

Continuará...