miércoles, enero 27, 2010

La década en veinte películas

Hacer listas es siempre difícil... pero, como de algo hay que morir, he aquí una selección de películas de la década recién terminada, tratando de comprender el máximo espacio posible a nivel de género, influencia y repercusión, pero sin dejar de lado mis propias preferncias. Ahí van pues las veinte, aunque a lo largo de la lista y al final del post encontraréis unas cuantas más también claves para un buen repaso de la década.

AMELIE (J.P. Jeunet, 2001)
Resulta curioso que los mismos modernos que en su momento encumbraron esta película ahora renieguen de ella; cierto es que su historia buenrollista ha quedado un poco fuera de lugar en los sombríos años de la década del 11S y la crisis, y que sus hallazgos visuales han sido copiados hasta la saciedad por los creativos publicitarios, pero eso no resta mérito a una obra en su momento innovadora y que incluso consiguió poner de moda a Yann Tiersen, autor de una excelente banda sonora. Jeunet abandonó la ciencia-ficción para crear una historia romántica entrañable que, además, encumbró a Audrey Tautou al estrellato, y establecería un estilo propio que tendría continuidad en Largo domingo de noviazgo, su posterior trabajo, también estimable aunque bastante más oscuro.

BOWLING FOR COLUMBINE (M. Moore, 2002)
De Michael Moore se pueden decir muchas cosas; se le puede reprochar su excesivo protagonismo o el maniqueísmo (no exento de manipulación) que desprenden sus películas; pero sería injusto no reconocer que su forma de hacer documentales ha reactivado, tanto comercial como creativamente, un género que estaba bastante muerto, y que en esta década, ayudado también por la difusión de las nuevas tecnologías y el hábito de ver este tipo de imágenes en otros medios, se ha convertido en uno de los más interesantes del cine actual, y ahí están para probarlo obras como La mugre y la furia, Una verdad incómoda, Super size me o esa maravilla que es Man on wire, entre otras (realmente hay muchas y muy buenas), y eso sin hablar de la profusión de falsos documentales que se han dado en esta década, en parte también como consecuencia. Esta película, una de las primeras post-11S en mostrarse abiertamente crítica con la administración Bush, es la que lo cambió todo, además de convertir a Moore en estrella mediática; es posible que sus posteriores trabajos (Fahrenheit 9-11, Sicko, Capitalism: A Love Story) no hayan tenido el impacto de este documental que parte de un suceso traumático (la matanza que llevan a cabo en un instituto unos alumnos armados) para acabar erigiéndose en ensayo sobre la obsesión de los americanos por las armas de fuego. Una obra imprescindible y clave para entender la década.

DOGVILLE (L. Von Trier, 2003)
Polémico y antipático, Lars von Trier, el hombre que inventó el movimiento Dogma y lo abandonó a su suerte después de una sola película, es ese tipo de genio al que ningún aficionado al cine quiere parecerse y del que sin embargo no pueden evitar pensar "¡qué bueno que es el cabrón!". Inició la década con un musical (Bailar en la oscuridad) y la ha acabado con una obra enfermiza (Anticristo), pero su momento de mayor calado fue esta especie de Pasión con Nicole Kidman en el papel de Cristo y James Caan ejerciendo de Dios, realizada con tal crudeza y desnudez que los escenarios eran marcas de tiza en un plató vacío. Teóricamente, inicio de una trilogía aún inacabada, de la que ya realizó su segunda entrega (Manderlay).

DONNIE DARKO (R. Kelly, 2001)
Aunque posteriormente Richard Kelly parece haber dilapidado su prestigio con sus siguientes proyectos, siempre le quedará el haber sido el autor de la primera cult movie del siglo. Un motor de avión caído de la nada. Una anciana que mira su buzón compulsivamente, esperando una carta que nunca llega. Un conejo venido del futuro para avisar del fin del mundo. Ciencia-ficción, teen angst y una narración críptica repleta de suficientes imágenes y momentos icónicos como para provocar una profunda sensación de fatalidad. Aunque al final no sepamos muy bien qué es lo que ha pasado.

GRAN TORINO (C. Eastwood, 2008)
No podía dejar fuera a Clint Eastwood. El viejo actor especializado en papeles de duro ya había terminado el siglo convertido en director de prestigio, pero ha sido en esta década cuando se ha centrado definitivamente en esta labor, regalando unas cuantas obras de nivel: tras la menos menor de lo que parecía Space cowboys y la más convencional Deuda de sangre, ha encadenado la monumental Mystic River, la superpremiada Million dollar baby, el quizá un tanto incomprendido en su país díptico formado por Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima y la defendible El intercambio, antes de culminar su carrera como actor regalándose el protagonista de esta película, un viejo cascarrabias, gruñón y xenófobo, veterano de Corea, que no soporta a su familia y que acaba convertido en figura paterna para un joven vecino de origen oriental que intenta robarle el coche. La despedida de de Harry el Sucio de la gran pantalla no podía haber sido mejor.

HIJOS DE LOS HOMBRES (A. Cuarón, 2006)
La espectacularidad es un plano secuencia. Es un shooter en acción real del que no hay salida porque nunca llega el corte y la acción sigue y sigue hasta la desesperación. La humanidad está al borde de la extinción y aún así sigue matándose por las mismas cosas insignificantes. El futuro, si es que hay alguno, se oculta tras un banco de niebla en medio de la nada. De los "Tres Amigos" (pequeña hermandad que forma con Guillermo Del Toro y González Iñárritu), Cuarón puede ser el que menor eco mediático ha recibido, pero no el menos talentososo; aquí llevó a cabo un Blade Runner para el siglo XXI que, acaso por su crudeza y su pesimismo, no obtuvo tanto eco instantáneo como merecía, pero cuyo culto sigue en ascenso.

EL LABERINTO DEL FAUNO (G. Del Toro, 2006)
Del Toro hace la película que siempre quiso hacer Terry Gilliam y les da un par de sopapos a toda una generación de directores españoles que llevaban mucho tiempo haciendo películas sobre la Guerra Civil o su posguerra sin decir nada nuevo ni interesante (aunque también es cierto que habría qu ver si con un director sin prestigio en Hollywood los productores hubieran puesto la pasta para hacer algo así). Si es cierto que en Hollywood hace blockbusters y luego se viene a España a hacer las películas que quiere hacer, entonces todo eso que gana el cine español, cuyos profesionales encontraron en esta obra, además, un escaparate como pocos para mostrar su capacidad: ahí están sus tres Óscars y otras tres nominaciones, incluída la de Mejor Película Extranjera representando a... México.

LIFE AQUATIC (W. Anderson, 2004)
Una de las más extrañas mutaciones del cine post-Sundance es la comedia indie; o al menos así llamo yo a esa comedia sin gags, repleta de personajes excéntricos que se ven envueltos en situaciones embarazosas y resultan graciosos por puro patetismo. Son películas que siguen un esquema de comedia pero no hay verdaderos gags, son como dramas graciosos. Pese a que dicho así parece negativo, esta mutación ha dado lugar a alguna de las mejores películas de la década, desde esa maravillosa Embriagado de amor que es la obra maestra de Paul Thomas Anderson por más que también sea su obra menos ambiciosa, hasta esa anticomedia de instituto que es Napoleon Dynamite, pasando, por supuesto, por hitos indies del calibre de Entre copas, Pequeña Miss Sunshine, Gracias por fumar o Juno. Pero el más destacado autor de este subgénero es Wes Anderson, el hombre que descubrió el talento dramático de Bill Murray antes de Lost in translation, autor esta misma década de joyas como Los Tenenbaum, Viaje a Darjeeling y, entre ambas, ésta que he elegido, la odisea personal de un crepuscular y patético trasunto de Jacques Cousteau que, en sus momentos más bajos, debe iniciar una aventura en busca de un pez temible, pero, sobre todo, de sí mismo.

MALDITOS BASTARDOS (Q. Tarantino, 2009)
Hablar de la genialidad de Tarantino a estas alturas es una pérdida de tiempo; estamos hablando de un director que marcó los 90 (y más allá: el siglo se abrió con Snatch y Amores perros) con sus dos primeras películas y que ahora, en el nuevo siglo, ha seguido marcando tendencias desde obras en principio menores (al menos, de pretensiones) como las dos Kill Bill o Death Proof. Pero faltaba esa gran película con la que regresar a primera línea. Y finalmente, ha llegado. Un western a lo Leone camuflado tras la apariencia de una película bélica que convierte cada escena de diálogo en un duelo a muerte, juega con los anacronismos, homenajea al propio cine y se pasa la verosimilitud histórica por el forro porque, en realidad, es lo de menos. La ocurrencia de utilizar a actores de la nacionalidad de los personajes convierte la película, además, en un hito que probablemente marcará un antes y un después, amén de hacer obligatorio su visionado en versión original. Y si encima tiene a un glorioso Cristoph Waltz dando vida al mejor villano de la década, un Rupert de Hentzau con las capacidades deductivas de Sherlock Holmes, pues ya no se pude pedir más.

MEMENTO (C. Nolan, 2000)
A estas alturas resulta complicado recordar hasta qué punto resultaban sorprendentes películas como ésta, con su narración desordenada, en su mayor parte contada hacia atrás; pero no desordenada por capricho: la película comienza con un crimen, poco a poco vamos viendo lo fácilmente manipulable que es el protagonista, y, finalmente, descubriremos quién ha manipulado al protagonista para cometer el crimen y por qué. Convertido en un director de moda, Nolan ha terminado levantando (con acierto) la nueva franquicia de Batman, cuyas dos primeras y excelentes entregas (Batman begins y El caballero oscuro) han conseguido darle un tratamiento más sucio y realista al personaje que anteriores adaptaciones. Además, ahí queda un thriller estimable (Imsomnia) y una pequeña obra maestra cuyo culto va en aumento (El Truco Final - El Prestigio). Habrá que ver de qué es capaz en los próximos años.

MULHOLLAND DRIVE (D. Lynch, 2001)
Que el piloto fallido para una serie de TV acabe convertido, a base de algunos retoques, en una de las películas de la década no dice nada bueno de los responsables de la cadena que decidieron que aquella serie no merecía ser emitida, paradójicamente en una década dorada para la televisión. David Lynch no pudo desarrollar todas las ideas que tenía para la historia y por ello quedó como una obra aún más críptica de lo que fue concebida, aunque acaso eso permitió que ganara en magnetismo. Posteriormente Lynch se ha entregado a un experimentalismo narrativo mucho más radical (Inland Empire), favorecido por la tecnología digital que abarata costes, sin volver a calar como aquí.

NUEVE REINAS (F. Bielinski, 2000)
Ha sido una buena década para los latinos, no sólo por el éxito que latinoamericanos y españoles han tenido en Hollywood, sino también porque el cine latinoamericano ha dado una buena colección de obras de enjundia. De México vinieron Amores perros o Y tu mamá también, y de Brasil las complementarias Ciudad de Dios y Tropa de élite. Aunque en España el que ha calado, acaso porque las coproducciones han facilitado una mejor distribución, ha sido el cine argentino. Pero claro, con peliculones como El hijo de la novia o El secreto de sus ojos, ambas de Juan José Campanella, no es difícil dejarse conquistar. Aunque mi favorita es ésta, acaso porque siento debilidad por las películas de timos. No deja de haber cierta justicia poética en el hecho de que una de las mejores películas de este género que se han realizado nunca saliera de la Argentina del Corralito. Una pena que Fabián Bielinski, su guionista y director, muriera en 2006, dejando a sus espaldas tan sólo otra buena película, El aura.

OLVÍDATE DE MÍ (M. Gondry, 2004)
Parecía imposible, pero a estas alturas todavía se podía contar de una manera diferente una historia de amor. Un pequeño toque de ciencia ficción, un cierto surrealismo y una historia que se cuenta hacia atrás para desnudar que, en el amor, lo que destruye las relaciones es lo más superficial y lo primero que se olvida, pero que todo lo bueno, lo verdaderamente importante, tiene raíces mucho más profundas. Charlie Kaufman, erigido en guionista-estrella tras el éxito de la tragicomedia surrealista Cómo ser John Malkovich y el juego metalingüístico Adaptation, ambas dirigidas por Spike Jonze, alcanza su cima creativa junto a otro genio del videoclip, el francés Michel Gondry, con quien ya había trabajado en la reivindicable Human Nature. Posteriormente Kaufman ha perdido parte de su estrella al dar el salto a la dirección, mientras que Jonze (con Donde viven los monstruos) y Gondry (con La ciencia del sueño y Rebobine por favor) han conseguido salir de la sombra del guionista para hacer sus propias historias.

PLAN OCULTO (S. Lee, 2006)
Hace ya tiempo que Spike Lee no es tan "niño terrible" del cine norteamericano, y todo eso que hemos ganado, porque ahora es mucho más maduro y así, además de hacer una de sus mejores obras indies (La última noche), se ha vendido al mainstream y resulta que se le da de puta madre. Lo que podría haber sido sólo un trabajo de encargo resulta ser una extraordinaria película de robos ambientada en el multicultural y ultraparanóico New York post-11S, con una colección de actores en estado de gracia, desde los antagónicos protagonistas a que dan vida unos colosales Clive Owen y Denzel Washington hasta el último de los secundarios. Además, el guión huye del maniqueísmo: entre el bien y el mal hay muchas zonas grises. Y no hacen falta persecuciones ni tiroteos para crear la tensión necesaria. Vamos, un peliculón del que se prepara ya una segunda parte; difícil que iguale el nivel de la primera.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS (P. Jackson, 2001-2002-2003)
El encomiable esfuerzo del neozelandés Peter Jackson por adaptar una saga épica de proporciones colosales se topó con el rechazo de los puristas de los libros, pero el resultado final, dividido en tres películas, fue un éxito total tanto de crítica como de público, una extraordinaria muestra de un cine de aventuras que había caído en desuso y un espectáculo visual impresionante. La tercera entrega arrasó en los Óscar, aunque nadie duda que el premio se concedía al conjunto de la saga, cuyas dos primeras entregas ya habían coleccionado nominaciones. El éxito de la saga sin duda influyó bastante en las superproducciones de Hollywood de la década, desatando una fiebre por las trilogías (Matrix, Bourne, Piratas del Caribe, X-Men) que el desafortunado (aunque luego bien rematado) regreso de George Lucas a Star Wars no había podido despertar.

TWENTY FOUR HOURS PARTY PEOPLE (M. Winterbotton, 2002)
Puede que Tony Wilson no fuera un personaje demasiado conocido fuera del mundillo de los aficionados a la música de los 80, pero este biopic lo convirtió en un mito. Aunque tampoco es un biopic al uso. En él se refleja una época, o casi deberíamos decir que dos épocas: primero, el efervescente estallido de discográficas independientes posterior al punk; después, el auge y caída de Madchester y su cultura rave. Una generación redescubrió a Joy Division hasta el punto de que se hicieron dos biopics de Ian Curtis. Pero lo importante no era el qué, sino el cómo: un constante juego metalingüístico con explicaciones a cámara y la asunción constante de que se trata de una película. Similar juego de espejos probaría Winterbotton (también con Steve Coogan al frente) en Tristram Shandy: A Cock and Bull Story, con resultados menos brillantes pero no por ello desdeñables.

EL VIAJE DE CHIHIRO (H. Miyazaki, 2001)
La extraordinaria obra del "Disney japonés" llegó a Occidente tarde, pero no por ello dejó de impactar; de hecho, el desconocimiento de sus referentes tradicionales japoneses hizo que, cuando finalmente sus películas empezaron a estrenarse regularmente en nuestras salas, el impacto fuera todavía mayor. Lejos del maniqueísmo y de las fórmulas narrativas tradicionalmente utilizadas para el cine infantil, las películas de Miyazaki presentan imágenes poéticas, metáforas extremadamente lúcidas y personajes complejos, componiendo una obra de profunda capacidad de fascinación para pequeños y adultos. Aunque en realidad no hay desperdicio a lo largo de su obra, la larga trayectoria profesional del maestro japonés alcanzó en este viaje iniciático hacia la madurez su momento de mayor éxito y reconocimiento, incluyendo el Óscar a la mejor película de animación. Tampoco nadie habría discutido si le hubieran dado el de mejor película.

WALL-E (A. Stanton, 2008)
Si Pixar había terminado el siglo XX revolucionando con sus ordenadores el mundo de la animación (e iniciando de paso una Edad de Oro), la primera década del XXI les ha visto crecer hasta cotas que ni los más optimistas pensaban: no sólo técnicamente han seguido estando en vanguardia, sino que año tras año nos han ido regalando un puñado de obras maestras (Buscando a Nemo, Los Increíbles, Ratatouille... ninguna desentonaría en esta lista). Entre tantas maravillas, me quedaré con esta aventura de claro trasfondo ecológico protagonizada por un robot bienintencionado pero torpón, inspirado en los grandes cómicos del cine mudo, que por amor acaba entrando en un entorno cerrado, estable y aparentemente perfecto que, por supuesto, pondrá patas arriba dejando al descubierto todos sus defectos.

ZOOLANDER (B. Stiller, 2001)
La comedia estúpida ha tenido grandes momentos en esta década, con hitos como Colega ¿dónde está mi coche?, Dos colgaos muy fumaos, Supersalidos o Resacón en Las Vegas, por no hablar de la trilogía de personajes de Sacha Baron-Cohen (la más clásica Ali-G anda suelto y las innovadoras y pseudo-documentales Borat y Brüno) pero han sido los cómicos del Frat Pack (grupo de amiguetes formado por Ben Stiller, Will Ferrell, Vince Vaughn, Owen Wilson, Luke Wilson, Jack Black y Steve Carell) los que nos han proporcionado las mayores carcajadas. Entre comedias como Escuela de rock, Cuestión de pelotas, El reportero o De boda en boda, destaca esta desopilante parodia del mundo de la moda. En esta comedia hay chistes malos de caca-culo-pedo-pis, pero las genialidades son tantas (la mirada "Acero Azul", un clásico) que podría pasarme una hora citando chistes sin parar de reírme (un momento, ¡creo que ya lo he hecho!). Posteriormente Stiller dirigiría la no menos genial y divertida Tropic Thunder, confirmando su capacidad.

ZOMBIES PARTY (E. Wright, 2004)
Precisamente en una década en la que los zombies han sido el icono de terror más (y mejor) utilizado, con películas tan apreciables como 28 días después ("no son zombis, son infectaos"), Amanecer de los muertos o "nuestra" (REC), llegan Edgar Wright y Simon Pegg (junto con su inseparable Nick Frost) para hacer una comedia hilarante que, sin embargo, se adhiere con respeto al subgénero que parodia. Esta capacidad para la deconstrucción de los géneros se vería confirmada en la posterior e igualmente brillante Arma fatal, en la que es el subgénero de las buddy movies de acción el parodiado. Sólo les falta conseguir que los títulos que los distribuidores españoles les ponen a sus películas sean un poco más dignos.

NO SE VAYAN TODAVÍA, AÚN HAY MÁS: dejo fuera las cintas de acción adrenalínica (Crank), los trabajos de género negro más o menos puros (Femme fatale, Collateral, Infiltrados, Una historia de violencia, Promesas del Este, No es país para viejos o incluso la divertida Kiss kiss bang bang), el regreso de los musicales (Moulin Rouge, Chicago o, por qué no, O Brother), la violencia venida de oriente en versión épica (Tigre y dragón) o sangrienta (Battle Royale, Audition, Old Boy y la trilogía de la venganza), el terror-serie B (Hostel, la saga Saw), la ciencia-ficción (Minority report, Primer, Los Cronocrímenes), los tebeos (El protegido, American splendor, Ghost world... y por supuesto V de Vendetta o Watchmen), el western (El tren de las 3.10), el peplum (Gladiator), el cine de vampiros (Déjame entrar) y el de terror en general (The descent, The birthday), los frescos históricos (Munich, Zodiac), el drama coral (Magnolia, Traffic, Crash), el drama épico (Gangs of New York), el drama familiar (En la habitación), el drama personal (la colosal Hustle & flow), el cine enfermizo (La pianista, Irreversible, Spider), el biopic (Man on the Moon) e incluso algunas buenas muestras de animación (Shrek, la minusvalorada Zafarrancho en el rancho o todas las de Aardman Animations) y comedia (Héroes fuera de órbita, Shaolin soccer, Pagafantas) que no cabían, amén de esa película que iba a revolucionar el mundo del cine y que es dudoso que lo haga, pero que ha arrasado en taquilla, que es Avatar. ¡Y las que me dejo!
En fin, si buscáis algo más exhaustivo (organizado año por año y todo), pasad por el blog de Refo, que ha hecho un repaso en dos partes. Yo por mi parte voy a ver si preparo algunos resúmenes más de la década. A ver si hago uno de cómics...

3 comentarios:

Eduardo dijo...

Buen blog. Además te gusta Madness y eres de Zaragoza o de cerca. Te sigo y te linko

David Amorós Navarro dijo...

Es una lista muy interesante. Yo he elaborado una de 200 películas que he terminado recientemente y puedes consultar aquí:

http://losthighwayblog.blogspot.com

Tenemos basatnte en común

Queco dijo...

Gracias, David. He echado un vistazo a tu lista y tiene buena pinta, a ver si tengo tiempo y me puedo leer tus 125 elecciones (más apendices). Aunque, vaya, ni Wong Kar Wai ni Iñárritu, que has colocado en tus dos primeros puestos, son de mis directores favoritos. ¡Empezamos bien! :)