jueves, marzo 15, 2012

Mafalda y yo


Yo aprendí a leer con Mortadelo, después me leí el resto de personajes Bruguera y acabé devorando cualquier tebeo que cayera a mi alcance: Don Mikis, Copitos, Astérix y Mafalda. La tira de Quino fue una de mis primera ventanas a las realidades del mundo y una valiosa iniciación a la respuesta mordaz como mecanismo de defensa.
Yo entonces no lo sabía, pero aquella tira había dejado de dibujarse varios años antes de que yo naciera. ¿Cómo iba a saberlo? Yo la conocí cuando aún se publicaba a diario en el Heraldo de Aragón. Mi madre recortaba y guardaba las tiras con la intención de luego pegarlas en un cuaderno para poder leerlas, cosa que finalmente no hizo porque al final acabamos comprando todos aquellos libros recopilatorios apaisados de Editorial Lumen (costó años completar la colección, pero aún la conservo, aunque un poco desencuadernada) y también porque el Heraldo sustituyó la genialidad de Quino por las insulsas aventuras de Fred Basset, que treinta años después todavía tienen su sitio en las páginas del diario sin haber hecho jamás reír a nadie pero, eso sí, manteniendo una estricta neutralidad política.
Hoy Mafalda cumple 50 años. Hoy hace 50 años que el humorista gráfico argentino Joaquín Lavado, conocido como Quino, la creó para una campaña de publicidad de una marca de electrodomésticos. La campaña no llegó a realizarse finalmente, pero Quino se guardó el personaje y dos años después la haría protagonista de una tira cómica que comenzaría a publicarse en la revista Primera plana, y que tendría gran éxito, siendo publicada posteriormente en el diario El Mundo (a partir de marzo de 1965) y, tras el cierre de éste, en el semanario Siete Días Ilustrados (a partir de junio de 1968). En junio de 1973 Quino decidió terminar la serie, para desesperación de sus muchos fans (y del mundo del cómic, en general), por considerar que ya se le habían terminado las ideas para desarrollarla, y se trasladó a Milán, donde ha continuado desarrollando su talento para el humor gráfico (lo que probablemente fue muy acertado, si uno considera que unos años después se impondría en Argentina una dictadura no demasiado condescendiente con la crítica social).
Cincuenta años después de su nacimiento y casi cuarenta de su desaparición, Mafalda sigue siendo una referencia cultural importantísima. Una lectura divertida y, al tiempo, una ventana al pensamiento sin fecha de caducidad. Porque los temas de los que habla son universales y atemporales. Porque Mafalda habla de nosotros, incluso aunque no hubiéramos nacido cuando se dibujó. Y ésa es su grandeza.

Y YA QUE ESTAMOS... Pues que se ha muerto Jean Giraud, Moebius, y no había dicho nada por aquí. Un genio. Un grande entre los grandes. Se largó hacia el cielo montado en una gaviota gigante. Atrás dejó su obra como regalo para nosotros, que nos quedamos un poco más huérfanos. Bon voyage.