martes, septiembre 30, 2008

Increíble pero mentira: una historia de los falsos documentales (parte 4)

Mucho tiempo ha pasado desde que comenzara esta sección, pero es que cuanto más avanzo más complicado resulta ser exhaustivo. A cada paso descubro nuevas piezas que añadir a la colección o incluso que pudieran incluírse en los capítulos ya realizados, y, por si esto fuera poco, los límites establecidos quedan un poco borrosos. Por ejemplo, ¿no se puede considerar que las narraciones de algunos dibujos animados de Disney adoptan la forma de los documentales educativos de la época? ¿No es la fórmula del Correcaminos, con sus carteles descriptivos iniciales, similar a la de los documentales del Discovery Channel? ¿No es la minuciosa descripción de los hechos que realiza el narrador de Amelie casi un seguimiento en forma de documental de las aventuras de la protagonista y de los personajes con que se cruza? ¿Dónde situar el límite entre la utilización de ciertas formas del documental y la adopción de su formato como medio de ficción? Complicada tarea.

Por ejemplo, y siguiendo con el curso de nuestra historia, que habíamos dejado con el cierre de la década de los 70, nos encontramos, ya de entrada, con una película que no sabemos dónde ubicar: The great rock'n'roll swindle (1980), el experimento fílmico de los Sex Pistols; un capricho de su manager Malcolm McLaren que tan sólo vio la luz cuando el grupo ya no existía. ¿Se puede considerar falso documental a una película que cuenta la historia de un grupo real con imágenes históricas reales? En principio no. Sin embargo, la versión que se ofrece de la historia ha sido puesta en entredicho desde entonces y, además, se utiliza la estructura documental para vertebrar una supuesta trama de ficción, y escenas de ficción para contar la historia del grupo. De modo que la incluiré en este repaso.
Rodada durante años, mezclaba material auténtico de la banda con fragmentos de ficción e incluso de animación, y tuvo tantos cambios de dirección que finalmente el director Julian Temple, cuya carrera entonces apenas estaba comenzando, tuvo que improvisar un montaje que se alejaba bastante de la idea inicial, y en el que, bajo la estructura de un supuesto manual sobre cómo sacarle dinero a la industria musical, se exponía la versión mclareniana sobre la historia del grupo, cosa bastante lógica si se tiene en cuenta que el controvertido manager era el único que quedaba respaldando el proyecto cuando éste se montó. La película, de todas formas, queda muy por debajo del documental (éste sí en serio) The filth and the fury que el propio Temple montaría veinte años después con la base del mismo material y declaraciones de unos Pistols ya maduros, en la que eran éstos quienes daban su versión, opuesta a la de McLaren.

Por otro lado, los 80 van a traer tres de las películas más importantes de la historia del género, cuya influencia va a ser fundamental en la posterior explosión de títulos que se produciría desde la segunda mitad de los 90.
La primera de ellas sería Holocausto caníbal (1980), de Ruggiero Deodato, una de las referencias inexcusables del subgénero "grabaciones de gente atrapada con una cámara en medio del horror" que tanto han proliferado en los últimos años. La cinta de Deodato se erige en una de las cimas del cine de imágenes explícitas e incluso hizo correr la voz sobre la veracidad de las imágenes proyectadas; lo cierto es que no hay verdaderas atrocidades sobre seres humanos en la película, aunque sí varias escenas de violencia sobre animales no aptas para estómagos sensibles. Pero lejos de ser una película basada únicamente en imágenes efectistas, Holocausto caníbal es una película inteligente y con mensaje, basada en un interesante juego de espejos a varios niveles. Por un lado tenemos al antropólogo que viaja al Amazonas en busca de cuatro documentalistas desaparecidos y encuentra sus cadáveres y el material que habían grabado, al que la BBC encarga la realización de un documental sobre dicha expedición; y, por otro lado, tenemos el documental que constituyen las grabaciones de los cuatro documentalistas, totalmente faltos de ética y dispuestos a cualquier cosa para conseguir las imágenes impactantes necesarias para falsificar un documental que les proporcione éxito y dinero. El contraste entre el comportamiento social y civilizado de los salvajes y el salvajismo de los cuatro expedicionarios supuestamente civilizados acaba con éstos pagando por sus crímenes y empujando a una reflexión sobre los cimientos de la civilización y el comportamiento humano.

La segunda obra maestra del género en este período la constituiría Zelig (1983), tercera y más inspirada aproximación de Woody Allen a los mecanismos del falso documental. Perfeccionando técnicas de inserción de su personaje en situaciones históricas reales a las que ya se había aproximado en Men of crisis, Allen desarrolla, en formato de documental e imitando la forma de las filmaciones de las épocas que recrea, la historia de Leonard Zelig, el camaleón humano; un caso tan brutal de necesidad de aceptación que le lleva a convertirse, a través de una transformación tanto física como psicológica, en aquello que son las personas que le rodean.
Zelig fue la película que le descubrió a la crítica las posibilidades del género, consiguiendo su aplauso unánime e incluso siendo escogida en el 2000 en una votación de críticos del mundo entre las cien mejores películas del siglo XX. Fue nominada a dos Globos de Oro y a dos Oscars, pero no se llevó ninguno.
La tercera obra cumbre a que nos referíamos, y acaso la más influyente, al menos a corto plazo, será This is Spinal Tap (1984), película a cuya sombra crecerá el subgénero de los falsos documentales sobre grupos musicales ficticios. Basada, según confesión del director Rob Reiner, en All you need is cash (la película de los Rutles de la que ya hablamos en su momento), This is Spinal Tap es un supuesto documental sobre la última gira por América de un histórico grupo inglés de hard rock, interpretado por Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer (que realmente tocaban sus instrumentos; de hecho, Spinal Tap llegarían a editar posteriormente discos en la vida real, una vez ya convertidos en grupo de culto), y que fue grabado como si de un auténtico documental se tratase, con diálogos en su mayor parte improvisados por todos los intérpretes, aunque finalmente el Sindicato de Guionistas sólo aceptó acreditar a Reiner y los tres protagonistas. A causa de este método de rodaje, Reiner acumuló finalmente horas y horas de entrevistas y situaciones estrambóticas que supo destilar en 82 minutos sencillamente hilarantes, pasando prácticamente por todos los tópicos posibles sobre los grupos de rock de la época.
Posiblemente una de las mejores comedias de los 80 que, sin embargo, no tuvo un gran éxito de taquilla, aunque se erigió inmediatamente en obra de culto. Prueba de su vigencia sería la extensión del término "mockumentary" como definitorio del género, después de su adopción por parte de Reiner para describir el género de la película en las entrevistas que dio para su promoción.
Christopher Guest iniciaría aquí un gusto por los falsos documentales que le ha llevado a realizar una buena cantidad de ellos, en los que le gusta utilizar el mismo método de improvisación actoral sobre una situación dada que tan buenos resultados ofreciera en Spinal Tap.
La influencia de la película sería enorme y daría pie a toda una colección de films en la misma onda, que comenzaría ya en 1985 con The last polka, telefilm sobre la carrera y último concierto de los Shmenge Brothers, el mejor dúo de polka del mundo, escrito e interpretado por John Candy y Eugene Levy (que, además de ser el padre de American Pie, posteriormente se convertiría en el principal colaborador de Christopher Guest; ¡qué pequeño es el mundo!). Los mismos Candy y Levy, de origen canadiense, protagonizarían ese mismo año otro falso docuemntal para TV, The Canadian Conspiracy, en el que se contaba el perverso plan del gobierno canadiense para subyugar los Estados Unidos a través de la infiltración de canadienses en los medios estadounidenses, gente como Lorne Greene, William Shatner, Martin Short o Leslie Nielsen, cuyo hermano Erik era en aquellos momentos primer ministro de Canadá.
También merece una mención Dead End, un Directo a Video realizado en 1985 por Emerson Bixbie. En ella, una mezcla entre el gore (se utilizó sangre de verdad en el rodaje para conseguir un mayor realismo) y la comedia (se parodian y referencian numerosas películas), se cuenta la historia de un grupo de documentalistas que, conducidos por un director enloquecido, se adentran en una ciudad infestada de zombies para grabar un reportaje. Realizada en video, en formato de grabación documental, y buscando un realismo visual lo más sucio posible, la cinta se erige en un antecedente directo de los The Blair Witch Project, (REC) y Monstruoso de hoy, aunque sin tomarse a sí misma en serio. Es otra de esas películas que con los años ha ganado cierto culto entre los pocos que la han visto; por desgracia parece ser un film muy difícil de conseguir, y del que ni siquiera el director conserva una copia.

Después de estos títulos, sin embargo, va a producirse un frenazo en el desarrollo de falsos documentales: la segunda mitad de los 80 prácticamente relega el género a la televisión y, mayoritariamente, a sketches dentro de programas de humor. Pero las semillas plantadas por las genialidades de este período van a empezar a dar frutos en los 90, hasta culminar en la explosión de títulos de la presente década. Algo que veremos en próximas entregas, esperemos que tarde menos en acabarlas.