miércoles, febrero 10, 2010

La década en veinte cómics

La publicación en forma periódica de la mayor parte de los cómics hace que sea muy complicado determinar hasta qué punto pertenecen o no a un período temporal determinado. Las series dilatan su publicación durante años, a veces incluso cambian radicalmente de rumbo por el camino, algunas que parecían grandes se estropean y otras que no parecían gran cosa desarrollan un potencial que no parecían tener. La cosa se complica cuando algunos autores tienen un universo personal tan desarrollado que, aunque su obra sea nueva, resulta casi imposible desligarla de trabajos anteriores (como el genial Joe Matt). De manera que, por poner algún criterio, he decidido prescindir en esta lista de títulos que ya habían comenzado su andadura antes del inicio de la década, por más que hayan continuado o culminado su andadura en ésta y por tanto en rigor podrían ser seleccionados en ella: quedan fuera, pues, ACME Novelty Library (C. Ware, desde 1993), Agujero negro (C. Burns, 1995-2005), La ascensión del gran mal (David B., 1997-2003), Astro City (K. Busiek y B. Anderson, desde 1995), Balas perdidas (D. Lapham, desde 1995), Bone (J. Smith, 1991-2004), Detective Conan (G. Aoyama, desde 1994), Inu-Yasha (R. Takahashi, 1996-2008), La mazmorra (J. Sfar, L. Trondheim y otros, desde 1998), el superventas Naruto (M. Kishimoto, desde 1997), One Piece (E. Oda, desde 1997), La Parejita (M. Fontdevila, desde 1995), Planetary (W. Ellis y J. Cassiday, 1998-2009), Transmetropolitan (W. Ellis y D. Robertson, 1997-2002), Usagi Yojimbo (S. Sakai, desde 1987) y las nuevas entregas de las sagas de los hermanos Hernández o de Carlos Giménez; todos ellos imprescindibles. Pero prefiero centrarme en títulos que hayan nacido en esta década; bueno, vale, incluyo también algunos que nacieron en 1999 pero cuyo potencial fue desarrollado en esta década. Y, en fín, puede que no sean los veinte mejores cómics de la década, pero he tratando de seleccionar todo tipo de géneros, orígenes y formatos, y éste ha sido el resultado:

LAS AVENTURAS DEL CAPITÁN TORREZNO (S. Valenzuela, desde 2002)
Es una pena que la utilización de un imaginario pop tan extremadamente castizo y español dificulte la exportación de esta obra, cuando es uno de los mejores trabajos que el cómic nacional ha llevado a cabo en los últimos años; claro que resulta imposible desarrollar la serie de otra manera cuando el protagonista es un personaje tan castizo y español como un torrija de bar atrapado en un mundo que no es el suyo y convertido en héroe más por inercia que por verdadera vocación. De momento Santiago Valenzuela ha publicado seis entregas, o cinco más una (el sexto tomo es casi una recopilación de historietas previas a la saga en las que se configuran ya el personaje y parte de su universo), antes de tomarse una pausa (esperemos que no definitiva) que nos deja con los dientes largos a la espera de nuevas aventuras, más teniendo en cuenta que quedan muchas, muchísimas cosas que explicar. Lectura imprescindible.

BLACKSAD (J. Díaz Canales y J.J. Guarnido, 2000-2005, al menos de momento)
Hace diez años, cuando la industria (?) del cómic nacional estaba en una encrucijada, con el formato grapa languideciendo lentamente y sin que los editores apostaran aún de forma decidida por el tomo como formato para productos de producción propia, el cómic español recibió un chute de autoestima con la aparición en Francia de este trabajo de dos autores españoles que resultaba no digno sino magistral. Género negro clásico en un mundo poblado por animales antropomórficos, con un gato negro detective privado como protagonista, un nivel gráfico acojonante y un guión que era mejor a cada entrega. Una epifanía que abrió muchos ojos y quitó muchos complejos. Y, sobre todo, una lectura extremadamente disfrutable.

BLANKETS (C. Thompson, 2003)
La adolescencia. La madurez. El primer amor. La familia. El cristianismo. La primera vez que duermes con alguien. Todo está aquí, en las más de 500 páginas que forman este libro en el que Craig Thompson confirmaba y expandía las cualidades que ya había mostrado en Adiós, Chunky Rice, no sólo a nivel creativo y gráfico, sino incluso a la hora de encontrar nuevas soluciones narrativas. Una historia autobiográfica en que el autor narra su primer amor y que llega directamente al corazón.

CARLITOS FAX (A. Monteys, 2004-2006)
Lastrado por la obligación de ceñirse a un restrictivo formato de una página, a pesar de resolverlo con brillantez (Tato o Para tí que eres joven, ésta en colaboración con el también grandísimo Manel Fontdevila), Monteys ha tenido pocas oportunidades de brillar a la altura de su legendario número 237 de Calavera Lunar, básicamente porque se ha dedicado a hacer (muy buenos) chistes en vez de hacer cómics largos en que poder desarrollar un poco más su capacidad para el humor absurdo. Una de esas pocas ocasiones en que ha podido hacerlo fue con la creación de la revista infantil Mister K, donde consiguió que le dejaran tres páginas para cada historieta. Puede parecer poco, pero cuando hay talento es suficiente. Esta serie sobre un robot del siglo XXX que quiere ser periodista se convirtió en un carrusel de ideas a cuál más brillante, jugando con los conceptos de la ciencia ficción y erigiéndose en una cima hilarante que podría haber marcado época. Por desgracia la serie decayó cuando se redujo a dos páginas por entrega y desapareció con el cierre de la revista, después de haber dejado, eso sí, algunos de los mejores y más divertidos momentos del cómic reciente.

100 BALAS (B. Azzarello y E. Risso, 1999-2009)
Aunque al final la conclusión fue un tanto precipitada y, por ello, no todo lo satisfactoria que a los lectores nos habría gustado, resulta imposible abstraerse de la calidad de esta serie. Del punto inicial de partida, un misterioso personaje (el Agente Graves) que entrega a ciertas personas maletines con una pistola, balas irrastreables y un dossier con pruebas de quién les ha arruinado la vida, para que hagan con ello lo que crean oportuno, poco quedaría a medida que se iba descubriendo una trama de conspiraciones y poderes en la sombra, pero sus grandes momentos pertenecen principalmente a las pequeñas historias de gente corriente enfrentada a situaciones límite que tan bien supo desarrollar Azzarello. Una serie icónica e influyente.

DEATH NOTE (T. Oba y T. Obata, 2003-2006)
Uno de los grandes fenómenos del manga en esta última década. El punto de partida, un joven que encuentra un cuaderno que provoca la muerte de aquellos cuyo nombre se escribe en él, pronto desemboca en una partida de ajedrez a muerte entre dos mentes brillantes con un debate filosófico de fondo: quien mata monstruos, ¿acaso no se convierte también en un monstruo? La obra es algo irregular pero está bien cerrada, lo que desde luego es de agradecer. Fue adaptada a la animación con gran éxito y posteriormente llevada al cine. Algo lento en ocasiones (¡hay páginas y páginas con los protagonistas planeando sus movimientos!), pese a todo te engancha desde el principio y ya no te suelta.

LA LIGA DE LOS CABALLEROS EXTRAORDINARIOS (A. Moore y K. O'Neill, desde 1999)
Una de las mejores noticias que nos dejó 1999 es que Alan Moore regresaba, y lo hacía a lo grande, creando nada menos que cinco nuevas cabeceras en su sello America's Best Comics. Aunque a la larga semejante estajanovismo creativo se vino lógicamente abajo y hoy poco queda de aquel estallido, hay que reconocer que el nivel creativo fue muy alto y que cualquiera de las cabeceras tendría sus méritos para estar en esta lista. Sí, incluso la denostada Tomorrow Stories: una colección que presenta al genio inventor Jack B. Quick desarrollando la teoría de que si los gatos siempre caen de pie y la tostada siempre cae del lado de la mantequilla, entonces si pones mantequilla en el lomo de un gato éste debería quedarse indefinidamente flotando en el aire (mejor chiste de la década) no puede caer en saco roto. Tampoco la reivindicación de la aventura pulp de estilo clásico de Tom Strong (aunque cuando Moore cedió las riendas a otros autores se convirtió en irregular, aún tuvo grandísimos momentos), ni ese personalísimo tratado de magia en que se convirtió Promethea, ni esa estupenda serie de policías en una ciudad en la que todo el mundo tiene superpoderes que es Top Ten. Pero he escogido esta serie porque, además de unir la pasión de Moore por la noción de aventura fantástica de épocas pasadas y su minuciosa atención al detalle (recreando pasajes de novela fantástica de época e integrándola en la acción, pero también prestando una atención exquisita a los complementos), tiene algunos de los momentos que más me han emocionado del cómic reciente. Y ese descubrimiento del villano en el primer volumen. Y ese Mister Hyde que se hace el amo de la función en el segundo... Una pena que luego su adaptación cinematográfica fuera tan lamentable.

LOUIS RIEL (C. Brown, 1999-2003)
No deja de ser curiosa la evolución de Chester Brown, un autor que empezó su carrera con delirantes humoradas underground (la genial Ed the Happy Clown), luego se erigió en uno de los referentes del cómic autobiográfico y finalmente creó esta biografía centrada en la figura histórica de un conocido independentista canadiense. Una obra de ritmo lento, contemplativa, reflexiva, que, como queda claro en su apéndice, a veces altera los acontecimientos históricos en busca de una mayor coherencia narrativa, sacrificando incluso cualquier opción de espectacularidad que la lucha del personaje pudiera generar. Una manera diferente de abordar el cómic histórico.

MACANUDO (Liniers, desde 2002)
Y cuando piensas que ya lo has visto todo, aparece alguien y te abre una nueva puerta en una pared en la que nunca habías reparado y te presenta todo un universo trenzado de imaginación, un mundo personal, mágico y repleto de personajes extraños y situaciones fantásticas que, al mismo tiempo, son esos pequeños momentos preciosos de nuestra vida en que no reparamos hasta que alguien nos los resalta; y después de ver todo esto no puedes evitar quedarte con una sonrisa de oreja a oreja. Y básicamente eso ha supuesto esta tira que Liniers dibuja diariamente para el periódico "La Nación", quizá lo más fresco que se ha visto en la prensa desde Calvin y Hobbes. Y que dure.

LOS MUERTOS VIVIENTES (R. Kirkman, T. Moore y C. Adlard, desde 2003)
Como ya dije en el post del cine, ésta ha sido la década de los zombies. Y los cómics no podían abstraerse de esta moda. A Robert Kirkman, guionista también de la superheróica Invencible, le cabe el honor de haber escrito la serie definitiva de este subgénero. Partiendo de una premisa bastante típica y no muy alejada de la de películas como 28 días después (el protagonista despierta de un coma y se encuentra con un mundo infestado de zombies), es su cautivador desarrollo posterior, centrado más en las relaciones entre los supervivientes que en la lucha contra los zombies, el que hace de esta serie una lectura excepcional. Kirkman también se encargaría de desarrollar la idea de Mark Millar de convertir en muertos vivientes a los superhéroes de Marvel en Marvel zombies, igualmente con gran éxito.

PERSÉPOLIS (M. Satrapi, 2000-2003)
Y el caso es que a mí Marjane Satrapi gráficamente me tira para atrás cosa mala, la propia autora reconoce que dibujaba muy mal (su carrera estaba dando sus primeros pasos), y personalmente creo que intenta copiar torpemente a David B (no en vano fue su mentor). Sin embargo resulta difícil no fascinarse ante esta autobiografía que permite observar el régimen islamista de Irán desde dentro, y además nada menos que desde los ojos de una adolescente rebelde (¡y mujer!). Y encima funcionó mucho mejor de lo esperado. Se puso de moda, se convirtió en best-seller, hablaron de la autora en los suplementos dominicales y en los espacios culturales de los telediarios y se adaptó a un film de animación que tuvo éxito, ganó el Premio del Jurado en Cannes y fue nominado al Óscar a la mejor película de animación. ¡Casi nada!

PÍLDORAS AZULES (F. Peeters, 2001)
El suizo Frederik Peeters ha sido uno de los grandes descubrimientos del cómic europeo en esta década, realizando unas cuantas obras excelentes en las que ha sabido imponer un estilo personal independientemente del género de la historia. Aunque ya había firmado un par de obras anteriormente, la mayor parte del público descubrió a Peeters con esta obra, una impresionante narración autobiográfica en la que se cuenta su historia de amor con Cati, una seropositiva, y cómo la pareja convive con la enfermedad. Una obra maestra que le valió el reconocimiento de crítica y público y a la que seguirían Constellation, Lupus, Koma, RG o Paquidermo. Todas enormes y muy recomendables también.

POWERS (B.M. Bendis y M.A. Oeming, desde 2000)
Brian Michael Bendis se ha convertido, gracias a su decompressive storytelling, sus diálogos reiterativos ("¿Reiterativos? Sí, reiterativos. Reiterativos, vale.") y su manía de sostener éstos con viñetas repetidas, en una broma recurrente de ADLO! (y de cualquier aficionado), al tiempo que su (mucho) trabajo para el mainstream perdía frescura y caía en lo repetitivo. Pero conviene recordar que Bendis se convirtió en guionista estrella por una serie de obras bastante inspiradas (ahí estaba Alias, por ejemplo), y que todavía sigue adelante con una de ellas, esta historia de una división de policías que se dedica a investigar casos en los que hay superpoderes implicados, centrada en una pareja de detectives formada por un ex-superhéroe que perdió sus poderes y una policía pequeña pero impulsiva y violenta. Aunque a nivel personal diré que no soy muy fan de Oeming y que el estilo narrativo de Bendis es el mismo y que, aunque aquí funciona mejor, también en ciertos pasajes puede hacerse pesado... Pero es que aquí Bendis se ve libre para hacer cosas y tratar temas que no podría desarrollar en Marvel, y la historia lo nota, para mucho mejor. Total, una lectura amena y recomendable.

PYONGYANG (G. Delisle, 2003)
Extraordinario retrato desde dentro de uno de los regímenes autoritarios más cerrados del planeta, este cómic narra la estancia de Guy Delisle, su autor, durante varios meses en Corea del Norte como supervisor de un equipo de animadores. Mitad porque narrativamente está más inspirado, mitad porque el entorno que observa es, por más cerrado, más fascinante, resulta superior a los otros dos libros que ha publicado partiendo de premisa similar (su estancia temporal en un país exótico), el anterior Shenzen y el posterior Crónicas birmanas, que de todas formas son también lecturas muy recomendables.

SCOTT PILGRIM (B.L. O'Malley, desde 2004)
Uno de los grandes fenómenos del cómic indie reciente. El cruce (¿definitivo?) entre el slice-of-life y la cultura del videojuego no parece tener un argumento demasiado prometedor: a grandes rasgos es la historia de Scott, un joven sin oficio ni beneficio que se enamora de una chica y que para estar con ella debe vencer a sus siete ex-novios malvados. Sin embargo tiene mucho más calado del que parece, chistes y ocurrencias geniales y una galería de personajes impagable. Por ahora van cinco tomos, de los que dos han sido publicados en España, y este año, además del sexto y último, deben aparecer la película (¡¡dirigida por Edgar Wright!! ¡¡con Michael Cera y Mary Elizabeth Winstead!!) y el videojuego.

SLEEPER (E. Brubaker y S. Phillips, 2003-2005)
Después de humanizar a superhéroes y villanos (Astro City), hermanar a los superhéroes con el género policiaco (Alias) y crear series sobre superhéroes policías (Top Ten), sobre policías que investigan a superhéroes (Powers) o directamente sobre villanos (Empire o Wanted), ¿por qué no adaptar al mundo superheróico la clásica trama del policía infiltrado? Surgida como secuela de la miniserie Point Blank, en la que por vez primera se presentaba al personaje, esta serie sobre un superhéroe infiltrado en una peligrosa organización de supervillanos que queda atrapado en ella porque han disparado al único que lo sabía aprovecha a la perfección la buena mano de Brubaker para el género negro (ya había escrito La escena del crimen, estaba escribiendo Gotham Central y posteriormente crearía Criminal) para desarrollar personajes tridimensionales y centrar la atención en las tramas y no en las batallas. Además todo queda perfectamente integrado en el universo Wildstorm y se cruza con personajes e historias ya planteadas en otras series. Pero además tienen el acierto de no alargar demasiado la historia; dos temporadas de doce números cada una (y un número entre medio en el crossover Coup d'Etat) es todo lo que hace falta para cerrarlo todo de manera satisfactoria y convertirla en una serie redonda y una lectura muy recomendable.

20TH CENTURY BOYS (N. Urasawa, 1999-2007)
¿Qué decir de una saga que nos ha hecho contener el aliento a sus lectores durante varios años, a la espera de ver con qué nuevo giro iba a sorprendernos el autor? La historia de Kenji, un dependiente de supermercado que descubre una conspiración organizada por una secta que utiliza un símbolo que el propio Kenji y sus amigos crearon cuando eran niños (y hasta aquí puedo decir por no destripar nada de nada) se convierte en una de las tramas más envolventes y fascinantes del cómic de la década, aunque a la postre a Urasawa se le fuera un poco de las manos, la trama se alargara en exceso y desembocara en una conclusión no totalmente satisfactoria. Por cierto, la historia terminaba en 21st Century Boys, no una secuela sino una continuación directa bajo diferente título.

LA VIDA SECRETA DE LOS JÓVENES (R. Sattouf, desde 2004)
Aunque es su serie Pascal Brutal la que le ha reportado mayores aprecios, a mí es esta recopilación de las historietas publicadas en el semanario satírico francés Charlie Hebdo la que me cautivó por completo. Pequeñas historias de una página presenciadas y recogidas por el autor en sus paseos, sus salidas de fiesta o sus viajes en tren, metro o taxi, que van desde el éxtasis de un bebé que descubre el sabor de sus mocos hasta los diálogos de amigas sobre delirantes encuentros sexuales, pasando por discusiones de novios, bromas estúpidas, pequeños dramas y debates teológicos. El resultado es un divertidísimo retrato de la humanidad en general, con sus genialidades, sus rarezas y sus patetismos, en el que resulta imposible no verse retratado en algún momento. Una joya que está teniendo menor eco del que merece.

W.I.T.C.H. (E. Gnome, A. Barbucci, B. Canepa y otros, desde 2001)
El éxito de Harry Potter sirvió de aviso: si se les daba un producto de calidad, los jóvenes sí estaban dispuestos a leer. Hace diez años, salvo por algunas franquicias clásicas muy asentadas, el mercado del cómic infantil-juvenil estaba casi abandonado al manga. Y de repente los editores volvieron a interesarse por ese público, volvieron a aparecer revistas (en España con gran éxito la veterana Dibus, con menor suerte otras como DibuCómics o Mister K). Y volvieron a aparecer grandes obras. En Italia crearon esta historia sobre un grupo de cinco chicas elegidas como Guardianes de Kandrakar y que son dotadas con poderes mágicos basados en los elementos. Y se convirtió en un fenómeno: superventas, merchandising, serie de animación... algo a lo que no es ajeno el impresionante nivel de sus responsables gráficos (Barbucci y Canepa, también cocreadores de Monster Allergy y autores de la más adulta Sky Doll). Una serie que ya es un clásico.

YOUNG LIARS (D. Lapham, 2008-2009)
Salvo por el hecho de que nos dejaba sin nuevas entregas de Balas perdidas nada había que reprocharle a David Lapham cuando decidió aparcar temporalmente su pequeña editorial y comenzar a trabajar para una grande, más teniendo en cuenta que DC estaba dispuesta a hacer sitio a sus propuestas en la línea Vertigo. Pero Lapham, quizá el autor más dotado para el género negro de la actualidad (además de su serie enseña había publicado la excelente Mátame), decidió que se estaba cansando de las limitaciones que este encasillamiento le imponía y que bien podía experimentar un poco. Así, en Silverfish ya vemos un acercamiento hacia un cierto surrealismo ya presente en las historias de Amy Racecar, pero será en ésta, su obra posterior, donde se desataría definitivamente. Lo que al principio parece una historia de género, con un grupo de personajes liderados por una chica con una bala alojada en la cabeza que suprime todas sus inhibiciones y a la que persiguen unos detectives enviados por su millonario padre para hacerla volver a casa, tiende progresivamente al surrealismo a medida que Lapham se siente más libre para experimentar con nuevos giros argumentales, hasta convertirse en una especie de Mulholland Drive que, por desgracia, terminó con la cancelación de la serie cuando ésta estaba en su mejor momento. En cualquier caso, merece la pena sumergirse en este cómic y descubrir a dónde nos lleva.

Y, para terminar, no podemos olvidar algunas obras que pudieron haber entrado también en la lista, pero que finalmente se quedaron fuera. Grandes autores como Christophe Blain (Isaac el Pirata), Daniel Clowes (Ice Haven o The Death Ray), Dylan Horrocks (Atlas), Jason (Yo maté a Adolf Hitler, El último mosquetero), Roger Langridge (Fred the Clown), Manu Larceret (Los combates cotidianos), Alex Robinson (Box Office Poison, Estafados), Seth (George Sprott) o Adrian Tomine (Shortcomings). Cómics mainstream de acción, de superhéroes como Empire (M. Waid y B. Kitson, 2000-2004), Ex Machina (B.K. Vaughan y T. Harris, desde 2004), The Ultimates (M. Millar y B. Hitch, desde 2002), Wanted (M. Millar y J.G. Jones, 2003-2004) o X-Statix (P. Milligan y M. Allred, 2002-2004); o sin superhéroes como Los Perdedores (A. Diggle y Jock, 2003-2006), Queen & Country (G. Rucka y otros, 2001-2007), Y: el último hombre (B.K. Vaughan y P. Guerra, 2002-2008). Mangas como Bleach (T. Kubo, desde 2001), Gantz (H. Oku, desde 2000) o Full Metal Alchemist (H. Arakawa, desde 2001). Y, por supuesto, producto nacional. Porque ésta ha sido una buena década para los autores españoles: por el respeto que poco a poco parece ir ganándose el sector (creación del Premio nacional de Cómic incluída, y pese a los Molina Foix de turno), por la consolidación de un mercado para el cómic de autor (aún pequeño pero con unas bases más estables que hace diez años), por la gran cantidad de autores que trabajan para el extranjero (de encargo o incluso en proyectos personales) y porque la calidad se ha situado en niveles elevadísimos; ahí están, además de los ya citados, autores como José Luis Ágreda (es necesaria una reedición de Cosecha rosa), Miguel Brieva, Luis Bustos, Luis Durán, Álex Fito (también otra de sus Raspa Kids), Miguel Ángel Martín, Max, Paco Roca, Fermín Solís y tantos otros buenísimos dibujantes, a unos cuantos de los cuales conozco personalmente y a los que, para no alargarme mucho más, he tenido la desfachatez de no mencionar (verdaderamente la confianza da asco). ¡Espero que no se molesten por eso! (Suponiendo que hayan llegado a leer hasta aquí).
Pues hala. Con esto acaba mi recorrido por los cómics de la década. Proximemente, más resumen. Algo musical. Ya veremos.