lunes, junio 06, 2005

Los Moriartys de Poirot

¡Están atracando a Nerón!
Hercule Poirot es uno de los más grandes detectives de ficción de todos los tiempos. Creado por la genial Agatha Christie, posiblemente sea el segundo detective más popular de la historia, sólo por detrás del mítico Sherlock Holmes. Agatha Christie era brillante, mucho más que Doyle, a la hora de idear los más complejos y retorcidos crímenes. Sin embargo, Doyle era un escritor más capaz y, sobre todo, un gran creador de personajes. Sus casos tienen poco que ver, pero en el mundo creado alrededor de Poirot la sombra de Holmes es alargada, siendo su mundo un eco desdibujado del creado por Doyle.
Holmes no es perfecto, comete errores, es cocainómano y, en general, es un misántropo al que no le interesan los problemas humanos mas que como objeto de estudio. Esto lo humaniza. Poirot, en cambio, aparte de su obsesión casi patológica por el cuidado de su bigote, es casi inhumano, un detective perfecto que siempre atrapa al culpable (apenas reconoce haberse equivocado una vez, siendo joven, en Bélgica), su megalomanía y exhibicionismo le llevan a guardar sus deducciones para sí y no exponerlas nunca hasta el final, de forma teatral, para llevarse todo el mérito (algo que a Holmes no le interesa en absoluto).
Holmes tiene a Watson, médico con experiencia en el ejército, herido en varias guerras; un confidente, más que un ayudante, inteligente y capaz, un hombre de acción para cuando su amigo le necesita, que suele estar a su lado entre matrimonio y matrimonio. Poirot tiene a Hastings, capitán retirado del ejército, amigo observador pero no muy inteligente (más cercano al Watson de las películas que al de los libros), al que, en su megalomanía, utiliza como hagiógrafo, y que (como Watson a su segunda esposa) también conocerá a su mujer en uno de los casos en que intervenga.
Holmes tiene a Lestrade, Jones y otros inspectores de policía bastante ineptos que siempre creen poder ser más listos que Holmes pero que al final deben reconocer su superioridad. Poirot tiene a Japp, que conoce tan bien su capacidad que nunca duda de sus deducciones.
Holmes tiene a Mycroft, su hermano más inteligente y ligado al servicio secreto británico. Poirot tiene a Aquiles, que... bueno, vive en Bélgica. No se sabe mucho más de él.
Holmes tiene a Irene Adler, "la mujer". Poirot también tiene un objeto de deseo, Vera Rossakoff, con la que coincidirá en varias historias manteniendo una relación amor-rivalidad que no llega nunca sin embargo al encanto platónico de la creada por Doyle.
Y Holmes tiene a Moriarty. Gran personaje que, con apenas unos apuntes, se ha convertido en alguien tan icónico como Holmes. Inteligente, organizado, brillante, el genio del mal en cuya grandeza se mide la de Holmes.
Y Poirot... ¿tiene Poirot un Moriarty? Pues, en realidad, no... ¡tiene dos!
Agatha Christie creó para Poirot algunas obras memorables: El asesinato de Roger Ackroyd, El misterio de la guía de ferrocarriles, Cartas sobre la mesa, Asesinato en el Orient Express... era brillante a la hora de imaginar los asesinatos más elaborados, pero falló a la hora de crear un gran villano. Quizá porque en su fórmula de "no desvelar el asesino hasta el final" no tenga demasiado espacio para ello. Pero lo intentó. En dos ocasiones.
En Los cuatro grandes, el primer intento, Poirot se enfrenta a una organización maléfica que quiere conquistar el mundo, dirigida por un genio chino del mal cuyo brazo ejecutor es un maestro del disfraz. Ideal para una película de serie B, pero no es de las novelas más inspiradas de su autora, que plantea una especie de "Sherlock Holmes vs Fu Man-Chu". Se estructura en una serie de diversos casos que enfrentan a Poirot con la peligrosa banda. Incluye, eso sí, los mejores momentos de Hastings demostrando que podía ser algo más que un comparsa, la aparición estelar de Vara Rossakoff y Aquiles Poirot y, al modo de El problema final, la muerte y resurrección del detective protagonista. Es quizá la novela en que Agatha Christie más se acerca al estilo de las aventuras de Sherlock Holmes, con un Poirot que comete errores, que expone sus deducciones sobre la marcha y no las guarda para sí como hace habitualmente... sin embargo, la autora parece no sentirse cómoda al renunciar a su teatralidad habitual, al no tener la habilidad de Doyle para crear personajes tridimensionales con un par de rasgos. Quizá por ello, después volvería a su estilo habitual.
Su segundo (y más acertado) intento será Telón, obra plagada de decadencia y añoranza. Los personajes son viejos, Poirot yace enfermo en una silla de ruedas y Hastings, melancólico, no hace sino recrearse una y otra vez en los recuerdos de sus aventuras. Entre tanto, Poirot le comunica que en la mansión donde se han alojado se halla su reto definitivo, el asesino perfecto, alguien que ha matado a ocho personas por puro placer y que nunca ha sido ni tan siquiera sospechoso. No le dice de quién se trata, pero el caso es que al final Poirot muere, esta vez de verdad, dejando todo sin resolver, para tormento del atribulado Hastings que ya no sabe de quién sospechar. Pero en el último capítulo, el abogado de Poirot hace llegar a Hastings una carta póstuma en que el detective belga expone, una vez más, la sorprendente conclusión del caso. Novela crepuscular, en este lúgubre El último saludo Agatha Christie se mueve ya en su propio terreno, a su manera habitual. Su Moriarty, el rival definitivo de Poirot, no será ya un genio del mal que controle magistralmente una organización, sino un genio del crimen que mata por placer y nunca es cogido. En la medida en que el villano definitivo es el que da la medida del héroe, es aquí donde queda patente que Poirot, pese a su megalomanía, no es tan grande como Holmes, puesto que este psicópata no es tampoco tan grande como Moriarty; de hecho, Moriarty es tan humano como Holmes, pues también tiene sus debilidades y comete un error que lo llevará a su final, mientras que este psicópata es tan inhumanamente perfecto como Poirot... No digo más para no destripar la identidad del asesino a quien no se haya leído esta novela, que tampoco es de las mejores de su prolífica autora (mi favorita, por cierto, es Diez negritos) pero te mantiene en vilo hasta el final...
Por desgracia, siempre da la sensación de que Holmes resolvería los casos de Poirot de manera más rápida y efectiva...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

estoy de acuerdo con dicho comentario sobre que poirot es perfecto y por eso es inhumano, ese fue el detalle que no me gusto del personaje, pero la extraorodinaria manera de resolver los casoso de poirot no se comparan con las de holmes, ya se que holmes es el mejor detective de novelas policiacas, pero poirot se muestra humano, en las novelas que he leido el siempre se muestra dcente y bondadoso para poder investigar a los sopechosos, pero yo veo su actitud como muy dulce y comica algunas veces, a mi tambien me encanto diez negritos, pero yo creo ciento por ciento que la mejor autora de novelas policiacas es agatha christie y el mejor detective hercules poirot...

Anónimo dijo...

has leido el asesinato de rogelio ackroyd? que te pareció el final? cautivador, sorprendente. inesperado?