
Pero el caso es que me pongo a pensar... De un tiempo a esta parte parecen haberse invertido los roles. Caen más simpáticos los villanos. Millar deja claro por qué: hacen lo que les da la gana, todo lo que siempre quisimos hacer y nunca nos atrevimos, y no tienen que rendir cuentas a nadie. En el fondo, son mucho más cercanos que los héroes, queridos por todos, salvadores de la humanidad, pero, en el fondo, unos reprimidos, tanto o más que nosotros mismos.
La cuestión es que, mientras en X-statix Milligan refleja a los superhéroes como un grupo de caprichosas y malcriadas superestrellas mediáticas, en Se busca Millar refleja a los villanos (no a todos, por supuesto) como gente preocupada, con una vida afectiva y familiar, atormentados por la culpa o por el miedo. En el mundo de hoy, los héroes son distantes, inalcanzables, pero cualquiera puede convertirse en un villano. Porque, a fin de cuentas, los villanos son más cercanos. Porque en el fondo también tenemos un lado oscuro; porque en el fondo también somos unos perdedores condenados a no conseguir nunca lo que deseamos; y, sobre todo, porque cuando el mundo se les viene encima lo hace porque ellos mismos lo han derrumbado, y en ello vemos reflejados nuestros propios fracasos. Y es que los villanos ya no son tan inalcanzables como los héroes: ¿tiene algo que ver el Lex Luthor de genialidad inhumana de hace 50 años con el alma atormentada de Smallville?
Y eso nos lleva a Empire.

P.D.: Este Salón estaban disponibles dos fanzines dedicados a los supervillanos: el manual de FLAsCinDER para convertirse en un supervillano, y el octavo número de Arruequen, titulado Plan B, especial supervillanos. ¿Veis cómo están de moda?
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