
La película es un poco lenta al principio, pero no se hace pesada ni aburrida; y, al final, acelera tanto hacia la resolución que resulta un poco confusa, dejando algunos cabos sueltos. Pero, en general, es una película bastante recomendable. Benoit Magimel, colosal en La pianista, representa a un chico trabajador y aparentemente equilibrado, pero con un enorme vacío sentimental en su vida. Por su parte, la desconocida Laura Smet da vida (y casi alma) a una chica desequilibrada hasta la psicopatía por una sucesión de carencias afectivas, desventuras vitales y actos de rebeldía, que encuentra en el protagonista un centro de gravedad al que aferrarse. Su historia de amor es desesperada, la de dos personas a las que la vida no les va mal, pero que se van hundiendo en lo personal y se necesitan el uno al otro para tratar de mantenerse a flote. La suya es la historia de dos personas que necesitan amar y ser amadas, que necesitan entregarse y que alguien se les entregue, que están más enamorados del amor que el uno del otro. Lo de menos es que la concepción extrema del romanticiso de ella incluya el asesinato como muestra de amor; lo que importa es que sea la desconfianza y la mentira lo que condena a la pareja. Al final, cuando todas las cartas están sobre la mesa, cuando ya no hay mentiras ni secretos, lo único importante es que ellos se aman. Lo demás queda en segundo plano.
GENIÓMETRO: 3/5 grouchos



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