lunes, febrero 05, 2007

Flashback

Como llame a mi primo, te vas a enterar
Cuando yo iba al colegio no se sabía aún lo que era el bullying que ahora sacan en todos los telediarios, pero haberlo había, porque de siempre en todas partes hay abusones. Yo, que era algo así como el empollón de la clase, el clásico chaval listo, torpón, miope y poco social, que encima se desarrolló tarde, habría sido víctima propiciatoria si no hubiera tenido la suerte de tener cerca a unos cuantos más desgraciados que yo, entre los que se encontraban, por supuesto, el feo, el tonto y el gordo que hay siempre en cada clase.
En general, solía librarme. Supongo que no era el empollón normal. Para empezar, yo no estudiaba un pimiento, en realidad solía pasar las clases dibujando tebeos, escribiendo las crónicas del partido del recreo o incluso redactando un periódico satírico en el que me reía de mis compañeros (su respuesta fue hacer uno en el que se metían conmigo copiando las secciones que yo usaba, pero creo que les desilusionó darse cuenta de que me había hecho gracia). Por otro lado, yo respondía. Si me daban, daba. Flojo y mal y poco, que yo nunca he sabido pelear, pero no me resignaba. Y yo si podía les mordía y les metía el dedo al ojo, que luego me decían que eso no valía, que eso era como peleaban las niñas, y yo pensaba que sí, que por los cojones, que si peleaba limpio me zurraban el doble. Alguna vez incluso daba primero, que quien da primero da dos veces. Y quieras que no, eso da respeto. Y, bueno, además era un buenazo, y sabían que se me podían pedir favores (como dejarles copiarse los ejercicios de matemáticas, por ejemplo).
Pero si con los abusones de mi clase la cosa transcurría, con altibajos, dentro de los límites de lo soportable, la cosa cambiaba con el Hijo de Puta. El Hijo de Puta era el abusón de la clase de al lado, un cabrón repetidor cuyo juego favorito era mandar a su hermano pequeño a tocarte los cojones hasta que te enfadabas y le gritabas o le empujabas o lo que fuera para él venir y poder pegarte con la excusa de defenderlo. A veces el hermano te acusaba sin que fuera verdad. A veces no le hacía falta el hermano.
El Hijo de Puta me tenía atravesado desde una vez que le pegué a su hermano (sin saber quién era) defendiendo a un amigo. Como era de otra clase, no coincidíamos casi nunca, y eso que vivía en los mismos bloques de casas que yo. La verdad es que tuve suerte, recibí más burlas y amenazas que golpes, que siempre es más llevadero. Cuando dejé el colegio y empecé a ir al instituto me libré de él y de otros abusones y pude vivir más tranquilo, aunque aún me crucé con él por la calle una vez y tuve que pegarme a la pared para que no me embistiera.
Años después, siendo ya universitario, lo ví un día, de lejos, esperando el autobús. Yo ya había pegado el estirón y era otro, más grande, más maduro, más mayor. El Hijo de Puta se había quedado pequeño, no había crecido más de lo que en aquellos días de colegio parecía enorme. El Hijo de Puta se había convertido en una Mierda de Tío. Aquel cabrón chulesco que me aterrorizaba no tenía ni media hostia. Y ahí estaba, con un chaquetón mugriento, probablemente camino de una mierda de curro temporal duro y mal pagado. La verdad es que en ese momento me habría encantado saltarle encima y darle de hostias al grito de "¿te acuerdas de mí, Hijo de Puta?", pero no valía la pena.
Hace un par de años, alguien del barrio me dijo que el Hijo de Puta estaba en el hospital. Que una banda de gitanos le había dado una paliza que casi lo matan. Parece ser que se metió con quien no debía. No pude evitar sonreir.

miércoles, enero 31, 2007

Gorilada #5

Bueno, por hoy termino ya. Me voy con el traje de gorila a otra parte. Pasaos por Bizácoras para saber qué más ha dado de sí esta festividad, y no os olvidéis de pasar por aquí también para leer la historieta de Don Martin que dio origen a todo esto (y alguna más). Yo, a modo de cierre, os dejo con una pequeña perla pop de Elvis Costello, repleta de estética retro, tipos de letra hannahbarberianos, chicas en bikini y (por supuesto) trajes de gorila. A disfrutar.

Y recuerda, la fiesta acaba y no vuelve hasta el año que viene, pero tú puedes seguir usando el traje de gorila el resto del año.

Gorilada #4


¿Es que tú no habrías escogido igual?

Gorilada #3

A ver quién supera esto: striptease con gorila.

Gorilada #2

¿Por qué llevar trajes de gorila? Está claro: son cálidos, son cómodos, son elegantes... ah, y por supuesto, ¡te puedes echar unas risas con ellos!

Gorilada #1

El año pasado empecé la fiesta con música. ¡Este año no podía ser menos!

¡Feliz Día del Traje de Gorila!

¡Unga!

Un año más, patrocinada por Bizácoras, vuelve la celebración más esperada: el Día Mundial del Traje de Gorila, celebración creada en homenaje al gran dibujante Don Martin, habitual de la revista Mad y creador de algunas de las más celebradas muestras de humor absurdo de la historia, entre ellas la historieta que da nombre a la celebración.
¡Corred a por vuestro traje de gorila y uníos a la fiesta!