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martes, junio 24, 2014

Fin de ciclo


Se acabó el Mundial para España. Bastante antes de lo previsto, porque sólo como fracaso cabe definir su actuación en un torneo al que acudían como defensores del título. Se puede matizar que el sorteo fue duro, con dos rivales de mucho nivel en primera ronda (la vigente subcampeona Holanda y la muchas veces injustamente minusvalorada Chile), poniendo en evidencia el incomprensible criterio de la FIFA para elegir cabezas de serie (¿la subcampeona Holanda no es cabeza de serie pero en cambio lo son Colombia y Bélgica? ¿WTF?), pero aun así el rendimiento no fue nada bueno y ha puesto un triste final a una generación de jugadores que han firmado un triplete inimaginable (dos Eurocopas y un Mundial) pero que, finalmente, han acabado acusando su bajón físico y la pérdida de esa voracidad ganadora que quizá ya habían saciado.

No cabe reprocharle a Del Bosque que confiara en ellos una vez más, vistos los resultados anteriores y lo bien que había respondido el bloque en la fase de clasificación, que fue bastante exigente, teniendo como rival a una Francia regenerada, joven y talentosa (de su nivel están dando muestras en el campeonato) y a la que se logró superar. Pero la dureza de la temporada ha dejado tocado al equipo, que llegó a Brasil muy falto de fondo. El bajón físico ha llegado a varios jugadores clave prácticamente al mismo tiempo. El pésimo final de temporada de Xavi, Alonso o incluso Casillas, relegado a la suplencia en la Liga, era evidente para cualquiera que les viera jugar, pero quedaba la esperanza de que todavía tuvieran fútbol suficiente como para prestarle un último servicio a la selección. Por desgracia, a su lado les faltaron jugadores que pudieran taparles los agujeros que dejaban. Se ha echado de menos la seriedad defensiva del retirado Puyol o del injustamente discutido y finalmente descartado Arbeloa. Otras piezas clave del entramado defensivo, Busquets, Alba o Piqué, acababan de salir de lesiones y no estaban al 100%, pero eran piezas clave y no se podía prescindir de ellos. Tampoco el delantero centro Costa estaba bien, pero después de lo que había costado nacionalizarlo había que ponerlo sí o sí. Además, en su caso, se lo había ganado con una temporada memorable; es muy fácil decir a posteriori que no ha funcionado, pero ¿quién no quería tenerlo en el equipo hace un mes?

El relevo generacional es necesario ahora, incluso en el banquillo, donde se ha visto que al gran Vicente del Bosque le han temblado las manos a la hora de hacer cambios en el equipo. No se puede poner en duda al hombre que ha llevado a este grupo de jugadores a los mayores éxitos, pero las derrotas minan la unidad del grupo y hay jugadores que, ante los malos resultados, pueden haber empezado a cuestionar la autoridad del entrenador al considerar que ya no están jugando los mejores. Y es que se ha infrautilizado a mucho jugador de talento. Cesc (injustamente expulsado del Barça a silbidos) ha pasado al ostracismo. Javi Martínez, Juanfran, Koke o Mata merecían más minutos. Por no hablar de alguno que se ha quedado fuera como Isco, Llorente o un Gabi que resulta increíble no ya que no haya ido, sino que ni siquiera haya tenido una oportunidad en un amistoso.

Mención aparte lo de Villa, un jugador honesto y luchador, que incluso cuando no está en su mejor momento sale a comerse el campo cada partido. Es verdad que su temporada no ha sido muy buena, a la sombra de un enorme Costa, pero también es verdad que su despliegue físico al final de temporada demuestra que seguía siendo un jugador aprovechable. Siempre me quedaré con la sensación de que al Guaje no le han tratado justamente, que siempre ha tenido que luchar mucho más por su puesto de lo que, por ejemplo, el sobrevalorado Torres (que, sin menospreciar sus virtudes, a veces daba la sensación de que tenía que ser el delantero por decreto, incluso a costa de llevar al Guaje a jugar caído a banda), aún así es el máximo goleador de la historia de la selección y ha acabado la temporada marcando goles tanto en amistosos como en los minutos que ha tenido de Mundial aunque sea en un partido ya intrascendente... y ¿cual es su premio? ¡quitarlo del campo en el primer cambio! Qué diferencia con la confianza en cambio que le dan en Alemania a Klose, otro goleador al que dicen pasado y que siempre suma. El Guaje merecía un final mejor.

En cualquier caso, independientemente de quién siga y quién se quede, una época ha terminado. La España del tiki-taka ya es un mito, no sólo por sus títulos, sino porque se ha ganado un sitio entre los mejores equipos de la historia, algo que no siempre va de la mano. Algo muy difícil de repetir.

miércoles, julio 04, 2012

Son leyenda: el inevitable post conmemorativo del éxito en la Eurocopa 2012 (featuring Paul Newman)


Como si fuera uno de esos timadores de las salas de billar de las películas. Es el campeón. El maestro. El mejor. Y todos lo saben. Los demás jugadores le admiran, le respetan y, cuando han de enfrentarse a él, le temen. Pero últimamente no es él mismo. Está cansado. Su juego, que una vez fue brillante e imaginativo, ahora apenas produce admiración. De vez en cuando tiene algún estallido de genio, pero parece jugar con una cierta desgana, haciendo apenas lo mínimo necesario para seguir adelante. Pasa apuros, sufre, pero, de alguna manera, llega de nuevo a la final del torneo. Y entonces, cuando ya todos han visto que no está fresco y parece incapaz de desarrollar su mejor juego, y empiezan a subir las apuestas por el rival, un viejo campeón que ya puso en apuros al maestro en un enfrentamiento anterior... entonces, en la hora decisiva, el campeón empieza a jugar como sabe. Con tranquilidad, con el pulso firme, sin perdón. Con ese talento descomunal que nunca ha perdido. El rival, que lo había hecho todo muy bien hasta ahora, y al que por un momento el público había hecho creer que podía recuperar su vieja corona, comienza plantando cara, pero pronto nota cómo un sudor frío recorre su espalda y se va desmoronando, a medida que el maestro, cada vez más seguro de sí mismo, se regala esa partida perfecta que sus críticos siempre le reprochaban que no era capaz de jugar y va metiendo en sus agujeros todas las bolas, una tras otra, sin darle a su rival la oportunidad de utilizar su palo. Y con todo el mundo todavía en estado de shock por la exhibición que acaba de presenciar, el maestro sale del local muy satisfecho, nuevamente campeón, agrandada su leyenda y con el dinero de las apuestas.

Quién lo iba a decir en 2006, cuando tras otro fracaso en el Mundial España iniciaba su lucha por la Euro 2008 con una vergonzosa derrota en Irlanda del Norte. Año y pico después, España impresionaba al Mundo con su tiki-taka y levantaba por fín un título 44 años después. Todos sabíamos que era un momento histórico; pero ahora, un Mundial y otra Eurocopa después, sabemos que fue algo más: el comienzo de una leyenda. Este domingo la selección española completó un trébol sensacional con la consecución de tres grandes campeonatos de selecciones consecutivos. Pero todas las leyendas deben tener su momento perfecto. Como la goleada de la gran Hungría de Puskas en Wembley, o la inolvidable exhibición del Brasil de Pelé en la final de 1970 ante Italia. España, esta vez, no fue sólo la merecida campeona. También consiguió un resultado de leyenda para que su entrada en la Historia fuera por la puerta grande.

En los últimos cuatro años España no sólo ha logrado por fín sacudirse de encima la etiqueta de eterna perdedora, sino que además ha seguido ganando títulos con una voracidad sin precedentes, como si tuviera que aprovechar el momento para compensar todos los años en que el destino les ha sido esquivo y situar al fútbol español en el lugar que por historia, calidad, trascendencia y resultados (hasta ahora sólo a nivel de club, obviamente) merecían. España es hoy referente mundial y modelo de juego, y lo ha sido incluso en un campeonato como el recién terminado, en que las críticas a su juego han sido constantes. Han creado su propio estilo, hasta el punto de que su influencia gravitacional ha arrastrado a equipos de un estilo tan consolidado y exitoso a lo largo del tiempo como Alemania o Italia (¡Alemania e Italia!) a intentar también tocar el balón y controlar el ritmo del juego.

Dentro de unos años habrá toda una generación que no sabrá lo que significaba la maldición de cuartos, y a la que no sabremos explicar cómo es posible que nuestra selección de fútbol fuese durante años el chiste recurrente de los grandes campeonatos, hasta el punto de que incluso los ingleses, ese otro gran chiste recurrente del fútbol de selecciones, podían permitirse mirarnos con una sonrisa. Todo eso ha quedado ya atrás. Ahora esta selección es leyenda. Y se ha erigido como tal con un golpe maestro que hace unos años tan sólo se podía soñar.

jueves, mayo 03, 2012

Zaragoza no se rinde

martes, julio 13, 2010

Los momentos más delirantes de la historia de los mundiales

Con esto de la euforia del triunfo, retomo una idea que tenía para hacer durante el Mundial pero que no he tenido tiempo de desarrollar hasta una vez acabado. ¡Espero que lo disfrutéis!

10. A LEÓNIDAS SE LE ROMPE UNA BOTA
Brasil-Polonia, Francia 1938
El primer gran delantero brasileño de la historia, inventor de la bicicleta y el primero en realizar una chilena en Europa, demostró su clase en el Mundial de 1938 proclamándose máximo goleador. En el primer partido de aquel campeonato ya deslumbró marcando tres goles y llevando a su equipo a una trabajadísima victoria 6-5 sobre Polonia, sobre un campo embarradísimo. En dicho partido se le rompió una bota y, en vez de esperar junto al banquillo mientras se la cosían, decidió quitarse la otra bota y, aprovechando que el barro cubría las piernas de los jugadores e impedía percatarse de ello, jugar descalzo. Algo de lo que el árbitro no se percató hasta después de que el delantero hubiera anotado un gol. Fue obligado a calzarse de nuevo, pero el tanto subió al marcador.

9. LA SELECCIÓN RUMANA SE CORTA EL PELO
Rumanía-Colombia, Francia 1998


No sabemos a quién se le ocurrió la idea, pero la imagen de los seleccionados rumanos con sus cabellos perfectamente conjuntados fue un shock. Si ya en su debut impactaron debiendo jugar con su segunda equipación roja ante Colombia, cuando tuvieron que jugar con su habitual equipación amarilla directamente hacían daño a la vista.

8. EL LOCO QUIROGA COMETE UNA FALTA
Polonia-Perú, Argentina 1978


¿Higuita? ¡Un aficionado! Si ha habido un portero que mereciera el honor de ser considerado el rey de las salidas ése es el peruano Quiroga. Probablemente el único portero del mundo amonestado por salir a cometer una falta... hasta la mitad del campo contrario.

7. A CAMACHO LE ABANDONA EL DESODORANTE
Corea del Sur-España, Corea 2002
Seleccionadores españoles. Siempre marcando tendencias estéticas.

6. EL PÚBLICO ES ESTAFADO
Alemania-Austria, España 1982


Argelia se había erigido en una de las revelaciones del Mundial con su victoria en el primer partido ante Alemania, pero después había caído ante Austria. En el último partido del grupo, Alemania necesitaba ganar, pero un empate la dejaba fuera. Austria, por su parte, quedaba eliminada por diferencia de goles si caía derrotada por dos tantos. Una victoria alemana por un gol era el único resultado que clasificaba a ambos eliminando a Argelia. ¿Adivináis cuál fue el resultado? Bueno, pues al público no le gustó nada aquel amaño. Aquellos cánticos de "que se besen, que se besen" han pasado al imaginario popular.

5. DEMARCUS BEASLEY HACE AGUAS
EEUU-Mexico, Corea 2002


Suponemos que Beasley había bebido demasiado. Suponemos que no se quería perder nada del partido. Suponemos que no se le ocurrió que en campeonatos del más alto nivel internacional como son los Mundiales siempre hay cámaras enfocando.

4. JOSIP SIMUNIC ES EXPULSADO
Australia-Croacia, Alemania 2006


Graham Poll estaba considerado el mejor árbitro del mundo en ese momento, y se daba por hecho que, salvo que Inglaterra sorprendiese y se colara en ella, arbitraría la final. Pero se le cruzaron los cables. En el minuto 90 de este igualado partido de la primera fase mostraba al croata Josip Simunic su segunda tarjeta amarilla pero se olvidaba de mostrarle la roja y expulsarle, algo de lo que no se daría cuenta hasta tres minutos después, cuando tuvo que mostrar al mismo jugador su tercera tarjeta. Un apoteósico "tierra trágame" que le llevó a abandonar el arbitraje internacional.

3. EL ÁRBITRO PITA EL FINAL DEL PARTIDO
Brasil-Suecia, Argentina 1978


Todos los árbitros señalan en algún momento el final del partido, de otro modo los encuentros serían eternos. Y aunque lo habitual es añadir algunos minutos para compensar el tiempo perdido cuando está el juego parado, hay árbitros que deciden no hacerlo. Incluso hay árbitros que se atreven a señalar el final interrumpiendo una ocasión manifiesta de gol. Pero es difícil de superar al árbitro galés Clive Thomas, que decide anular un gol a Brasil porque lo había marcado ocho segundos después del minuto 45.

2. MWEPU ILUNGA SACA UNA FALTA
Brasil-Zaire, Alemania 1974


Una de las jugadas más divertidas de la historia del fútbol. Hasta el propio Ilunga se ha reído de sí mismo. En realidad, tenía una cierta explicación. Una vez en Alemania, los jugadores zaireños descubrieron que no iban a ser pagados por su federación. Además, tras perder el partido anterior por 9-0 ante Yugoslavia el dictador Mobutu había mandado a sus hombres al hotel amenazando a los jugadores de que no volverían a casa si perdían por más de tres en el último partido ante Brasil, y en ese momento ya iban 3-0. Frustrado, Ilunga trató de provocar su expulsión a modo de protesta, pero el árbitro sólo le mostró tarjeta amarilla. Al final ya no se movió el marcador y pudieron volver a casa, aunque el regreso no debió ser muy plácido: el fútbol zaireño pasó de dominar el fútbol africano a sumirse en una crisis de la que todavía no se han recuperado.

1. EL EMIR DE KUWAIT ANULA UN GOL
Francia-Kuwait, España 1982


Bueno, en realidad era el hermano del emir de Kuwait, pero, en cualquier caso, ¡a ver qué guardia civil o qué árbitro se atrevía a provocar un incidente diplomático con un dirigente extranjero de tan alto rango! Sin duda el momento más delirante de la historia de los mundiales.

lunes, julio 12, 2010

Como en las películas

¡¡CAMPEONES, CAMPEONES, OÉ OÉ OÉ!! ¡¡ESTO ES LO MÁS GRANDE!! ¡¡Con el Football Manager lo había conseguido varias veces, pero no terminaba de imaginar que lo iba a ver de verdad!! ¡¡Y vaya final!! ¡¡Casi nos da un infarto!! Ha sido como en las películas.

Todo empieza con una profecía que anuncia que un grupo de elegidos van a alcanzar la gloria...

...luego los malos empiezan a abusar de los buenos...

...pero después de mucho sufrimiento los buenos acaban ganando...

...¡y al final el capitán de los buenos se queda con la chica!

lunes, mayo 10, 2010

Qué sucedió el 10 de mayo de 1995

¿Quince años han pasado ya? Qué viejo me siento de repente...

Hace quince años estaba en mi primer año de universidad. Con cuatro horas de clase por la mañana... y una por la tarde. Esto no habría sido demasiado fastidioso de no ser porque tenía que utilizar la línea 42 (de sinuoso recorrido) y cada viaje entre mi casa y la facultad suponía tres cuartos de hora de autobús (que se redujeron a casi la mitad cuando tres años después inauguraron la línea 20). Esta clase era de filosofía y, a causa de su horario, se convirtió en la asignatura con mayor absentismo estudiantil a la que asistí en toda la carrera. Debían cursarla unos cien alumnos y la mayoría de los días apenas acudía una decena (y yo era de los que iban). Un día, de hecho, el profesor suspendió la clase porque sólo habíamos aparecido tres personas. Pero el record lo tiene el día del que hoy se cumplen quince años; un día en que ni yo aparecí. Al parecer el profesor sólo sonrió y comentó a la única alumna que había aparecido: "vencido por el fútbol..."
Hoy hace quince años salí de casa demasiado nervioso como para ir a clase a escuchar lecciones de filosofía, así que decidí saltarme la clase y tranquilizarme a base de una buena sesión de cine. Y me fui al cine Fleta (hoy cerrado) a ver una película de la que había oído hablar bastante bien: La última sedución. Un neo-noir de John Dahl con Linda Fiorentino bordando una de las mejores femmes fatales de siempre, y que recomiendo fervientemente.

Y a la salida, me reuní con unos cuantos amigos para ir a ver el gran acontecimiento. El partido.
Porque hace quince años el Real Zaragoza jugaba la final de la Recopa. La primera final europea que jugaba desde 1966, que es como decir que era la primera vez que lo hacía para dos generaciones de seguidores. Y contra el Arsenal, vigente campeón, nada menos.
Y qué gran equipo tenía el Zaragoza entonces. Tenía una plantila un poco corta, lo que probablemente le impidió aspirar a mayores metas, pero su equipo titular era capaz de superar a cualquier equipo grande, y si no que le pregunten al Barcelona, al que le sacaron los colores en varias ocasiones en pleno apogeo del Dream Team. Había ganado la Copa el año anterior (sufriendo en la final ante un encerrado Celta), había rozado la Supercopa (no le bastó meterle cinco al Dream Team en el Camp Nou) y había aguantado en la lucha por la Liga hasta febrero, fecha a partir de la cual centraron sus esfuerzos en Europa.
La delantera rebosaba calidad con los desequilibrantes Pardeza e Higuera (éste jugó tocado toda la temporada, lo que le impidió rendir al deslumbrante nivel del año anterior) junto a un joven delantero centro de inmensa calidad, Esnáider, a quien se llevaría el Real Madrid al año siguiente para no alinearlo y a quien su mala cabeza probablemente impidió convertirse en la estrella que tenía condiciones para ser. Su centro del campo era hábil y con llegada, con el segundo mejor organizador de la liga en aquellos momentos (después de Guardiola), Aragón (a quien a día de hoy sigue el equipo buscando un sustituto) y un media punta llegador de tanta calidad como pundonor, Poyet, a los que acompañaba un tercer jugador que en principio era el actual entrenador Gay, pero que, tras la grave lesión de éste que prácticamente acabó con su carrera (similar caso al de Franco, excelente medio centro que fue la figura del equipo hasta su lesión dos años antes y que aún estaba en plantilla, pero ya sin la chispa de antaño), acabaron turnándose el canterano García Sanjuán, medio prometedor que acabó como comodín y jugador número doce, y el muy técnico Nayim, actual segundo entrenador, que en unas horas iba a convertirse en un mito. Su defensa tenía gran proyección ofensiva, con el lateral derecho que mejor subía al ataque de España, Belsué (estaba tan en forma que dejó en el banquillo al mismísimo Cafú), con el siempre seguro Solana a la izquierda, y con una de las parejas de centrales con mejor salida de balón de la historia de la liga, Aguado y Cáceres. Quizá lo menos estelar fuese la portería, donde se alternaban el veterano Cedrún y el joven Juanmi, buenos porteros ambos aunque un poco irregulares, éste último (que años después llegó a internacional) se había hecho con el puesto de titular en los últimos meses pero en el último momento no pudo jugar (oficialmente se lesionó poco antes de empezar el partido, pero luego corrieron rumores de que había sufrido un ataque de ansiedad en el vestuario). Era un equipo de juego espectacular, alegre y ofensivo (quizá a veces incluso demasiado, si hubieran cuidado un poco más su defensa habrían ganado más títulos). El año anterior, por ejemplo, habían establecido el record de goles a favor de toda la historia del club.

Pues nos fuimos a verlo. El primer tiempo, bastante malo por cierto y con el Zaragoza jugando nervioso y sin la frescura habitual, lo vimos en un bar. Hasta que a uno de los presentes le entró hambre y, entre que no llevaba dinero, que su casa estaba en la calle de al lado y que además el personaje en cuestión cuando tenía hambre era capaz de vaciar una nevera (sus desayunos consistían en un bocadillo hecho con una barra de pan entera), acabamos en su casa.
Y probablemente fuera casualidad, pero tras el descanso el partido fue mucho mejor. El Zaragoza empezó a jugar a su nivel. Esnáider marcó un golazo, los ingleses empataron, hubo un penalti a Pardeza no pitado en el minuto 89 y a la prórroga. En la prórroga, como en la segunda parte, dominio del Zaragoza. Un remate de Aguado que sacan entre Seaman y el poste. Pero no hay goles.
Y en estas que llega el minuto 119 y todo apunta a los penaltis. El guardameta del Arsenal, Seaman, es un especialista, dice alguien con pesimismo. Yo respondo que Cedrún también, a fin de cuentas paró el decisivo el año anterior en la final de Copa. Varios amigos aprovechan para ir al baño antes de que empiecen los penaltis. Otros van a la cocina a por algo de beber. Total que aguantamos ante la tele tres personas, sin mucha confianza en que pase nada.
Porque cuando faltan veinte segundos, en fútbol, no puede pasar nada. ¿No?

Saque de puerta. Un balón rebotado. Le cae a Nayim.
¡Pásala, pásala!
Baaaah. Tenía que haber pasado al hueco, hombre. ¿A dónde va desde ahí?
Coño, pues no va mal.
Coño, que va.
¡¡COÑO, QUE VAAAA!!
¡¡¡¡JODER, QUE LA HA METIDO!!!!
¡¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLLLLLLL!!!!
Saltos, jolgorio, gritos. La locura. Los que estaban en el baño y la cocina que vienen preguntando qué pasa. Aunque ya saben qué pasa. Como para no enterarse. Gritamos por la ventana. Acaba el partido. Salimos a la calle. Vamos a la Plaza España. Vamos de bares. Zaragoza entera es una fiesta. Hasta los no futboleros lo celebran. Un título así siempre es para celebrarlo, pero si viene de un modo imposible en el último minuto y para una ciudad poco acostumbrada a estas celebraciones, es una catarsis.
Y así, aquel día hoy hace quince años quedó para la historia.


¡Y hasta los ingleses lo han utilizado para hacer chistes! Básicamente a costa del Arsenal y de Seaman y para beneficio, sobre todo, de los aficionados de uno de sus grandes rivales londinenses, el Tottenham, club en el que jugó Nayim durante varios años antes de volver a España para jugar en el Zaragoza.

¡Qué grande fue aquello! Pena que ahora mismo no esté el equipo dándonos tantas alegrías... Ya bastante que este año no bajan.

(Y como siempre... a los que veáis esto vía Facebook, meteos a la entrada original para ver los vídeos)

martes, octubre 27, 2009

La leyenda de Brian Clough


Brian Clough es uno de los personajes míticos de la historia del fútbol británico. Talentoso, ambicioso y carismático, también era arrogante, conflictivo y polémico. Le encantaba estar en el centro de atención y sus declaraciones a los medios son ya parte del imaginario popular británico. Frases como "Roma no se hizo en un día, claro que yo no estaba encargándome de aquel trabajo", "No diría que soy el mejor entrenador, pero definitivamente estoy en el top-1" o "No, yo no me creo el hijo de Dios; es mi hijo el que lo es" han pasado a la historia y permiten hacerse una idea del carácter y del particular sentido del humor de Clough.
Como jugador fue un delantero centro de gran olfato, un auténtico depredador del área, que destacó en las filas del Middlesborough y del Sunderland, marcando nada menos que 267 goles en 296 partidos y alcanzando la internacionalidad a pesar de haber realizado toda su carrera en Segunda División. Por desgracia una lesión truncó su trayectoria y, aunque volvería a jugar tras dos años en blanco, su reaparición sólo duró tres partidos (sus únicos encuentros en Primera, categoría a la que su club acababa de regresar, y en los que aún le dio tiempo a marcar un gol) antes de que decidiera retirarse a los 29 años. Pero esto fue tan sólo el comienzo de su leyenda, porque sería como entrenador como conseguiría ganarse un lugar en la historia.

Tras la retirada Clough comenzaría a entrenar en las categorías inferiores del Sunderland y, tras comprobar que no se le daba mal del todo, se sacó el carnet de entrenador y firmó como manager del modesto Hartlepool, de Cuarta División. Allí se encontraría con Peter Taylor, con quien ya había coincidido como jugador en el Middlesborough, y que se convertiría en su ayudante. Ambicioso y gran motivador, Clough comenzó a obtener buenos resultados, pero también comenzó su serie de enfrentamientos con los directivos, lo que desembocaría en su salida del equipo y su marcha junto a Taylor al Derby County, de Segunda División, donde comenzaría a forjar su leyenda. En unos pocos años consiguió ascender al equipo a Primera, ganar la Liga y codearse con los grandes tanto en Inglaterra como en Europa. Pero sus enfrentamientos con el presidente (tenía la mala costumbre de fichar jugadores a alto coste sin consultar a la directiva), sus polémicas declaraciones, sus enfrentamientos con otros managers o directivos de la Federación y sus apariciones estelares (y a menudo irritantes, porque Clough no se cortaba a la hora de criticar a nadie) en prensa y TV desembocaron en su salida de Derby, tras presentar su dimisión como medida de presión para doblegar a la directiva; pese a las protestas de los hinchas que pedían la marcha del presidente, la dimisión fue aceptada. Y Clough, junto con Taylor y casi la totalidad de su equipo técnico, tuvo que buscar acomodo en el modesto Brighton, de Tercera División.

Justo por esas fechas el fracaso de la selección inglesa, incapaz de clasificarse para el Mundial, hizo que la Federación buscara un nuevo seleccionador y le ofreciera el cargo a Don Revie, manager del Leeds United, al que había convertido en el gran dominador del fútbol inglés en aquellos años, y con el que Clough tenía una manifiesta enemistad, ya que acusaba a su equipo de hacer un juego feo y duro. Para sustituirle, la directiva del Leeds decidió contratar, para sorpresa general, a Clough. Sin embargo Taylor prefirió quedarse en Brighton y cumplir su compromiso con el club que los había acogido cuando estaban sin trabajo. Con Clough falto de cierta mano izquierda, la ausencia de su asistente, que era el único capaz de moderar sus impulsos, fue clave para su fracaso. Su primer día en el cargo Clough entró en el vestuario del equipo y les dijo: "Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganásteis todas haciendo trampas". No era la mejor manera de hacerse con un equipo campeón y una plantilla que aún era fiel al anterior entrenador. Además, lesiones y sanciones lastraron al equipo, que tuvo un comienzo de temporada horrible, de modo que Clough fue despedido tras sólo 44 días en el cargo. Y en su despedida dejó una de sus más célebres "perlas": "Hoy es un día muy triste... para el Leeds United".
Precisamente en esos 44 días se basa una novela escrita por David Pierce que fue un best seller en Inglaterra, una ficción basada en los hechos reales y que ha sido adaptada recientemente en una estupenda película: The Damned United. Por cierto que tanto el libro como la película han sido rechazados por la familia de Clough, que piensa que ofrece de él una imagen excesivamente negativa, como alguien egomaníaco, irreflexivo y alcohólico, que se ajusta mucho menos a la verdad que a la imagen que de él se tenía por sus apariciones en los medios.

De todas formas la película merece la pena. Con una ambientación y una recreación de época excelentes, y un guión bien trenzado por Peter Morgan (The Queen, Frost/Nixon), el film se sostiene gracias a la estupenda interpretación del emergente Michael Sheen. Después de haber interpretado a personajes históricos como Blair y Frost (en las dos películas citadas escritas también por Morgan), Sheen vuelve a dar vida a un personaje histórico, manteniendo el equilibrio justo entre el personaje encantador y carismático y el personaje engreído hasta los límites de la autodestrucción; y no era nada fácil interpretar a Clough, la prueba es que mientras los críticos de cine sin conocimientos de fútbol consideraban que su interpretación era quizá demasiado histriónica, los aficionados británicos al fútbol consideraban, por el contrario, que se había mostrado demasiado contenido. De forma inteligente la película comienza presentando la llegada de Clough a su nuevo club, sus insultos y acusaciones hacia su manera de jugar y su antiguo entrenador, y vemos las maneras duras y poco deportivas de los jugadores de Leeds, y no podemos evitar tomar partido por el protagonista; pero, a medida que la historia avanza, vemos que nuestro "héroe" no es tal, que él mismo construye su propia desgracia y que se hunde sin remedio víctima de su propia arrogancia. Todo esto intercalado con flashbacks en los que se nos cuenta la trayectoria anterior de Clough, sus éxitos en Derby, sus enfrentamientos con la directiva y su marcha a Brighton, y, sobre todo, y como eje de la película, los altibajos de su amistad con Peter Taylor, un siempre estupendo Timothy Spall, eterno secundario de lujo, desde su imprescindible ayuda para forjar un Derby campeón hasta su enfrentamiento y separación de caminos... hasta que al final Clough, derrotado y con una buena cura de humildad, vuelve a abrazar al viejo amigo.
Total, que es una buena película para los que les guste el fútbol, y podría fácilmente situarse entre las mejores dedicadas a este deporte porque, la verdad, pocas se han hecho de verdadero nivel. Y también agradará a los que no les guste, porque en realidad es una película sobre personas y pocas escenas de juego hay, casi siempre centradas en las reacciones del público y de los personajes mientras ven el partido.

Pero la historia de Brian Clough, por supuesto, siguió después de su fracaso en Leeds; de hecho, todavía le quedaba por forjar lo mejor de su leyenda. Porque tras su despido Clough marcharía a entrenar a otro modesto equipo de Segunda División: el Nottingham Forest. Tras año y medio forjando el equipo, consiguió convencer a Taylor para que abandonara el Brighton, que aún seguía entrenando, y volviera a reunirse con él en Nottingham. Los siguientes años fueron una película: en 1977 ascendía a Primera; en 1978 ganaba la Liga y la Copa de la Liga; en 1979 ganaba la Copa de Europa y en 1980 revalidaba el título.
El tándem, sin embargo, comenzó a fracturarse cuando Taylor publicó su autobiografía en otoño de 1980, sin haberle dicho a Clough que la estaba escribiendo, algo que no gustó a éste. Taylor siguió en su puesto hasta 1982, en que anunció su retirada. Pero sólo un año después Taylor aceptaba una oferta del ahora arruinado Derby County para salvar a su antiguo equipo del descenso a Tercera División. Taylor estaría en el cargo tan sólo dos años, pero le dio tiempo a ganarse las iras de Clough al fichar a uno de sus jugadores. Desde entonces Clough y Taylor no se hablaban. Sin embargo, a la muerte de Taylor en 1990, es sabido que Clough lloró amargamente y acudió al entierro, que le dedicó a Taylor su autobiografía, y que, en los homenajes recibidos en Nottingham tras su retirada como manager, reivindicó su figura.

Clough mantuvo al Forest en la élite durante los años 80, pero ya en decadencia, con problemas económicos y los problemas de Clough con la bebida agudizados. En 1993, tras consumarse el descenso de categoría, Clough anunciaba su retirada. Una grada del estadio del Forest fue bautizada con su nombre (aunque él pidió que llevara el de Taylor además del suyo) y estatuas suyas fueron erigidas en Nottingham y en su Middlesborough natal (hay planes para erigir otra en Derby). Tras su retirada, se esforzó en dejar el alcohol y superó un trasplante de hígado, y siguió colaborando en la prensa deportiva inglesa hasta su muerte en 2004.

jueves, mayo 07, 2009

Stanford Bridge

Ayer me bajé al bar a ver el fútbol. Es diferente hacerlo en un pueblo que en una ciudad. En las ciudades hay más fanatismo, más tensión. En un pueblo como Calanda, en cambio, las rivalidades futbolísticas se llevan con más tranquilidad. Ayer, en un bar repleto a partes iguales de barcelonistas y madridistas (ayer animando al Chelsea), hubo celebraciones, gritos, insultos al árbitro y, sobre todo, intensidad y diversión, sin que en ningún momento hubiera más que un ligero pasear por los morros del rival el triunfo y una sonrisa resignada en la derrota, pero satisfecha de habérselo pasado bien; y encima, por esas cosas del fútbol, al final los gestos se intercambiaron de bando. Vamos, lo que debería ser siempre el fútbol: una fiesta.
¿Y el partido? Pues entretenidillo, más emocionante que bueno pero mejor que el insulso partido de ida. El Barça ha hecho méritos durante toda la temporada para estar en la final, pero creo que no los hizo para superar al Chelsea, y de hecho ayer jugó tal vez su peor partido de la temporada, al menos de lo que les he visto yo. Los londinenses, por su parte, lo tuvieron en su mano, gracias a un golazo de Essien, pero no supieron rematar el partido con las ocasiones clarísimas de que dispuso. Y el árbitro se comió varios penaltis a favor del Chelsea, pero también expulsó injustamente a Abidal.
Por cierto, ahí fue cuando lo supe: el Barça iba a pasar. Era una cuestión de equilibrio kármico. Me pareció el eco de la expulsión, también injusta, que el día anterior había sufrido el United en la otra semifinal. Tenía que ser así. Por ello, cuando sucedió esto, la verdad es que no me sorprendió:

Eso sí, como el Barça juegue así en la final, el United le va a dar un repaso. Porque los de Ferguson tienen la misma intensidad defensiva que el Chelsea, pero hacen contraataques de verdad, y tienen delanteros que no perdonan.

ACTUALIZACIÓN: Pues luego llegó la final y el Barça se merendó al Manchester, mostrando una solidez mucho mayor que en la semifinal y llevándose el triplete... Pues nada, me alegro, enhorabuena... Pero mi corazón sigue siendo zaragocista, que conste...

lunes, junio 30, 2008

Idea para una película

A ver, alguien de Hollywood, que tome notas:

Un entrenador viejo, al borde de la jubilación, de larga trayectoria pero escasos resultados, y traumatizado por haber perdido en el último minuto un título que podía haber sido su mayor logro como jugador, acaba de fracasar nuevamente con su equipo, un conjunto plagado de buenos jugadores pero que lleva más de cuarenta años sin ganar un título y más de veinte sin alcanzar unas semifinales. Discutido por la afición, que le lama pasado, alcohólico y ludópata, está tan desmoralizado que, a pesar de que quiere al equipo con toda el alma y que su gran ilusión de siempre fue legar a entrenarlo, quiere dimitir. Pero el dueño del equipo le convence para que siga. Comienza una nueva competición con resultados desastrosos y vuelve a presentar la dimisión. Nuevamente, el dueño del equipo se opone. Pero el viejo entrenador descubre que no lo hace porque tenga plena confianza en él, sino porque no quiere pagarle lo que le correspondería si se fuera.
A partir de ahí el veterano y decepcionado entrenador, dolido y picado en su amor propio, decide despreocuparse de lo que le digan, no hacer caso a la gente ni a la prensa y ser fiel únicamente a sus ideas. Para empezar prescinde de los veteranos y vacas sagradas del equipo, especialmente de una estrella de gran calidad que, aunque ya en decadencia, sigue marcando diferencias, pero que es muy egoísta y desestabiliza el vestuario. En cambio, mantiene en el equipo a un par de defensores a los que todo el mundo califica de "blanditos" y de escaso nivel. La prensa se le echa encima. La afición se le echa encima. A él le da igual. Está a punto de retirarse, sabe que no le van a echar, se siente más libre que nunca para jugársela al todo o nada. Apuesta por los jóvenes valores que había ido introduciendo en el equipo los años anteriores, les da confianza, les da responsabilidad. Poco a poco van llegando los buenos resultados, aunque el juego sigue dejando que desear. El equipo supera la primera fase y luchará por el campeonato, pero, pese a la indudable calidad de varios de sus jugadores, la mayoría de sus seguidores no apuesta por su victoria. La prensa y la afición siguen atacando al veterano entrenador y tratando de convencerle para que recupere a la vieja estrella. Pero el entrenador, que ya está de vuelta de todo, no cede. A fin de cuentas, todos están en su contra. Puestos a caer, lo hará a su manera.

Se suceden las desgracias. El médico del equipo muere. Se filtra a la prensa que el equipo ya ha contratado a un nuevo entrenador para la temporada siguiente. Todo el mundo discute la idoneidad de la composición del equipo: que si falta la estrella, que si hay jugadores que no tienen nivel, que si habría sido mejor contratar a mejores defensores, que si el equipo está descompensado... Varios jugadores, por su parte, tienen sus propias subtramas: el joven prometedor que ya es una figura pero sigue sintiéndose discutido; el defensor contundente que llega al momento clave bajo de forma; un pequeño genio básico en el equipo que enferma poco antes de empezar la fase final; y (esta subtrama es la mejor) un atacante sin nombre que, con cierta fama de indisciplinado y poco trabajador, tras años de curtirse en las ligas menores espera pacientemente su oportunidad en el banquillo mientras todos dicen que no tiene categoría para este equipo y que en su lugar debería estar la vieja estrella descartada, y que, además, le ha prometido a su novia, una ex-modelo erótica que le ha hecho sentar la cabeza, que si ganan el título se casará con ella...
El equipo juega un par de amistosos para preparar los partidos de verdad. Y son un desastre. Hay preocupantes agujeros defensivos y se ataca mal. Sus seguidores no apuestan por ellos.
Y empieza la fase final.
Y de repente, todo funciona. En la desgracia, el equipo se ha unido y forma una piña. La defensa es infranqueable. El ataque es incisivo y capaz. El espectáculo que brindan es bonito y preciosista. Se confirma la valía de varios jugadores.
Y llegan a la ronda maldita. Donde el equipo cae siempre. Y además la tienen que jugar ante los rivales que les eliminan siempre. Que, además, son vigentes campeones. Juegan mejor, pero el encuentro es muy igualado. Y se produce un final agónico, similar al que se ha producido las últimas tres veces que les eliminaron.
Pero esta vez pasan. Gracias al capitán del equipo, que se muestra firme, y con el jugador más joven de la plantilla anotando el tanto decisivo. Y de repente, la afición se lo empieza a creer. La prensa se lo empieza a creer. Todos se lo empiezan a creer. Ya nadie se acuerda de la vieja estrella.

Llegan las semifinales. Se arrasa. El equipo está que se sale. Juega bien, disfruta y hace disfrutar. El pequeño genio enfermo parece recuperado. El defensa contundente ha recuperado la forma. Los defensores blanditos no dejan pasar a uno. Llegan a la final, la primera en más de veinte años.
El veterano entrenador, de repente, empieza a ser reivindicado, aplaudido y respaldado. Pero él no se inmuta. Tiene entre ceja y ceja la final. El rival le es dolorosamente familiar. Son los mismos que le arrebataron en el último minuto aquel triunfo cuando era jugador, hace casi 40 años. Esta vez no será así. Necesita que no sea así.
Más problemas. La nueva estrella del equipo se lesiona. La responsabilidad ofensiva pasa a la joven figura discutida, de cuya calidad nadie duda pero que está haciendo un campeonato flojo. Es su momento. Y no falla. El equipo es muy superior, manda en el marcador pero, algo nervoso, no sentencia. Los rivales presionan e intentan remontar a la desesperada. Hay conatos de pelea. El delantero sin nombre recibe su premio y juega unos minutos.
Y acaba el partido. El equipo consigue su primer título en más de cuarenta años. Hay alegrías, abrazos, dedicatorias emotivas a amigos ausentes y recuerdos a ídolos. Pero no de todos. El veterano entrenador, con su expresión austera de siempre y el alivio de haber arreglado cuentas con la historia, se va tranquilamente, pensando en la alegría que le habrá dado a sus nietos. En ese momento recibe una llamada. Ahora el dueño del equipo quiere renovarle el contrato, para que siga en el equipo que siempre ha adorado. El entrenador no se molesta en responder y cuelga. Ya ha firmado un contrato con un equipo que le paga el triple. La ironía es tan amarga que sigue sin sonreír. Mientras todos los aficionados, jugadores y periodistas celebran el título él desaparece por un pasillo en sombras.
Fundido a negro.
Fin.

A mí es que me gustan estas películas de deportes en que todo acaba bien. ¡Ojalá pasaran estas cosas en la vida real!

Oé oé oé oé

La última vez que escribí en este blog, la selección española de fútbol todavía era la eterna perdedora con la que todos hemos crecido. La que siempre decía aspirar a todo y nunca ganaba nada. La que no pasaba de cuartos. La que siempre fracasaba. Iba a empezar la Eurocopa (a la que había llegado tras algunas actuaciones calamitosas) y la selección era silbada por su pésimo juego en su último amistoso de preparación.
Muchas cosas han cambiado en este mes.


No me lo puedo creer. España campeona de Europa. Los Red Sox del fútbol internacional también han roto su maldición. Y además con todo merecimiento.
Ahora a ver si no esperan otros 44 años para ganar otra.

lunes, mayo 19, 2008

domingo, mayo 04, 2008

El grito colectivo

Fenómeno extraño: Unos minutos antes de la medianoche medio millón de zaragozanos (la mayoría situados frente a algún televisor) estallan simultáneamente en un grito de júbilo.

El Zaragoza juega el mejor partido de la temporada, tira treinta veces a puerta y encierra al rival en su área; por desgracia la pelota no quería entrar. Pero al final la Virgen del Pilar se impuso sobre las meigas. Un milagroso gol de Ayala en el minuto 94 nos saca del descenso. Aún quedan tres jornadas, pero jugando como hoy nos salvamos seguro. Eso sí, no sufría tanto con un partido de fútbol en mi vida.
Yo creo que se nos ha oído hasta en Plutón. Han gritado hasta los que no les gusta el fútbol.

BONUS: Bernal lo veía así.

ACTUALIZACIÓN 12-5: Una semana y dos partidos después, la cosa está muy malita. Aunque los caprichos del calendario hacen que dependamos de nosotros mismos, en la última jornada hay que ganar o ganar, todo o nada, en el campo de un Mallorca muy en forma. Qué mal pinta esto...

ACTUALIZACIÓN 19-5: Aquel gol agónico no sirvió de nada, básicamente porque no se ganó ninguno de los tres partidos que quedaban. Nos vamos a Segunda como se van todos: mereciéndolo. Qué penica...

lunes, marzo 19, 2007

75

Ayer cumplió 75 años el Real Zaragoza, el más importante y laureado club deportivo de Aragón. Poca cosa, si se compara con los 100 años de los demás equipos de fútbol que en este país puedan presumir de parecido prestigio y palmarés. Pero en estos 75 años el Zaragoza se ha convertido en uno de los grandes equipos de la historia del fútbol en España. Un equipo modesto, casi siempre con problemas de dinero, y con una afición exigente, acostumbrada al fútbol bonito, ofensivo y muy técnico, que se ha construído un dignísimo palmarés con seis Copas, una Supercopa, una Copa de Ferias y una Recopa de Europa. Aunque nunca ha ganado la Liga, puede presumir de ser el sexto equipo con más títulos del fútbol español. Que no es poco.

Y para celebrarlo, aquí unos videos. Que, no sé, será que me tiran los colores, pero me emocionan.

Y cuando estoy deprimido, me pongo esto y se me ponen los pelos como escarpias.

jueves, septiembre 07, 2006

Oé oé oé oé (reprise)

La selección española de fútbol, cumpliendo de nuevo con su función social
Las comparaciones son odiosas.

miércoles, junio 28, 2006

Crónica del perpetuo fracaso

A por eeellos, oééé!
Que nadie se llame a engaño. Puede que el árbitro estuviera fatal y puede que la FIFA se frotara las manos al pensar en tener en cuartos la revancha de la final de hace ocho años. Pero la selección española fracasó sola, que para eso no necesita ayudas.
España tradicionalmente siempre se acojona a la hora de la verdad. Siempre perdona, siempre falla los penaltis decisivos, siempre se caga cuando está a punto de marcar un gol decisivo, siempre se echa atrás cuando se enfrenta a un rival capaz, siempre se esconden las teóricas vacas sagradas cuando hay una tanda de penaltis... en suma, tiene miedo a ganar. El sobrenombre de "la furia", obtenido en los años 20 cuando la selección superaba por físico y garra a sus rivales, ha terminado definiendo a una selección que nunca sabe gestionar sus ventajas, que siempre deja todo para el final, que siempre debe apelar a la heróica y lanzarse a la desesperada cuando ya todo está perdido. Cierto es que esto ha dado origen a alguna histórica gesta, pero no olvidemos que lo que más ha producido han sido fracasos. La furia española es la desesperación de los mediocres.
¿SABÍA USTED QUE...? España, pese a sus quejas de los arbitrajes, es la selección a la que más penaltis a favor han señalado en toda la historia de los mundiales. Este mismo mundial, tres en cuatro partidos. Y no todos eran.
El fracaso de la selección en los Mundiales es ya casi un icono pop, y ayer se volvió a conseguir. Hagamos un repaso:

1930: España era una potencia mundial de primer orden, pero el Mundial se celebra en Uruguay en una época en que el viaje de Europa a América duraba un mes en barco. Pocos equipos europeos viajaron. España no estuvo entre ellos.
1934: España estaba considerada el mejor equipo del mundo y era la gran favorita. Eliminó a Brasil en octavos. En cuartos, cruce con Italia, el anfitrión. Empate a uno y, en el deempate, derrota por 1-0 y a casa, eliminados por los que luego serían campeones. SE ACHACÓ LA DERROTA A: El árbitro. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Sí, esta vez sí, al árbitro. Mussolini quería un triunfo deportivo del que jactarse, y no podía perder contra la República Española. Aquello dio origen al robo más clamoroso de la historia de los mundiales. Juego duro, un gol legal anulado a Lafuente (el primer jugador de la historia que coge el balón en el medio, avanza, se regatea a cuatro jugadores y marca y resulta que está en fuera de juego) y cuatro penaltis no pitados a favor de España, y el gol de Italia que fue en principio anulado por falta al portero (Schiavo había metido a Zamora en la portería de un puñetazo)... pero finalmente el árbitro lo concedió después de ser rodeado y zarandeado por todo el equipo italiano. Y aun así empataron. Eso sí que era una selección campeona, qué leches. En el partido de desempate, una renqueante España con seis bajas y cuatro jugadores que jugaban tocados encajó un gol de Meazza con falta clara al portero (Nogués, sustituto del mítico Zamora al que habían lesionado en el anterior encuentro) y vio como le anulaban dos goles legales. Algún jugador español acabó K.O., algunos acabaron sangrando abundantemente, y varios jugadores de ambos equipos se liaron a puñetazos. El arbitraje fue tan bochornoso que las propias federaciones de los árbitros les sancionaron a perpetuidad. Pese a caer en cuartos de final, cinco jugadores españoles fueron elegidos en el once ideal del campeonato. Probablemente fue la única vez que España demostró casta de campeón de verdad en un Mundial.
1938: España, inmersa en la Guerra Civil, no participó.
¡Hemos vencido a la Pérfida Albión!
1950: Tras superar en la primera fase a Inglaterra con el famoso gol de Zarra (aunque el verdadero héroe fue el portero Ramallets, que se lo paró todo), se plantaron en la liguilla final, y, pese a arrancar un empate ante Uruguay, a la postre campeona, acabaron cuartos. SE ACHACÓ LA DERROTA A: El agotamiento físico con que se llegó a la liguilla. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Probablemente fuera por eso. El esfuerzo físico para superar a Inglaterra y empatar con Uruguay fue tal que el equipo quedó en cuadro, físicamente mermado y con varios lesionados (entre ellos Zarra) para jugar contra Brasil, anfitriona y gran favorita. La goleada recibida fue un palo moral que aún les hundió más y les impidió levantar cabeza ante Suecia, que consiguió el tercer puesto. De todas formas, nadie lo consideró un fracaso.
1954: Primer gran fracaso. La selección, por entonces liderada por Kubala, caía en Turquía y empataba con los turcos en el desempate jugado en Italia. El sorteo daba a los turcos su única clasificación para una fase final en todo el siglo XX. SE ACHACÓ LA DERROTA A: Una extraña historia sobre un telegrama recibido por los españoles y que supuestamente venía de la FIFA y que prohibía la alineación de Kubala por irregularidades (la FIFA estaba algo mosqueada con Kubala después de que éste hubiera defendido los colores de Hungría, Checoslovaquia, de nuevo Hungría y finalmente España) hizo que no jugara el partido decisivo. Posteriormente la FIFA negó haberlo enviado. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Los españoles habían mostrado tal superioridad en el primer partido en España que se pensaron que iban a ganar sin bajar del autobús... y la cagaron. En un campo de tierra, los turcos se hicieron fuertes y batieron a los españoles. Luego, en el desempate, con los turcos crecidos ante la gran oportunidad de su historia, fueron incapaces de arreglarlo.
1958: Segundo gran fracaso. La selección liderada por Di Stefano y con la base de aquel Real Madrid que arrasaba en Europa es eliminada en la previa. Un empate en casa ante una débil Suiza regalaba a Escocia la clasificación. SE ACHACÓ LA DERROTA A: La mala suerte, especialmente en el primer partido en que se empató en casa ante Suiza, cuyo portero estuvo inspiradísimo. También se dijo que la FIFA puso pegas a la alineación de un Di Stefano que ya había defendido los colores de Argentina y Colombia. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: España la pifió en sus primeros partidos, empate en casa ante Suiza y derrota en Escocia, y ya no pudo arreglarlo. Suizos y escoceses eran a priori inferiores, pero no se les supo jugar.
1962: Al menos esta vez sí llegaron a Chile, tras eliminar a Gales. Pero la derrota inicial contra Checoslovaquia en un duelo dominado por España hizo que se lo tuvieran que jugar todo a una carta contra Brasil. Y claro, perdieron. Aun con Pelé lesionado, los Garrincha, Didí, Vavá, etc, fueron demasiado para ellos. España jugó mejor pero, como siempre, le faltó efectividad. Curiosamente brasileños y checos acabarían disputando la final... SE ACHACÓ LA DERROTA A: La mala suerte en el sorteo (emparejados con Brasil, el gran favorito, lo que prefiguraba un gran duelo Di Stefano-Pelé que al final, con ambos lesionados, no pudo ser), la lesión de Di Stefano y el juego durísimo de los checos que los árbitros permitieron (y del que Pelé fue también víctima). PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Checos y brasileños fueron mejores. Punto. De hecho acabarían jugando la final...
1966: España era campeona de Europa y sus clubes dominaban las competiciones europeas, por lo que, pese a clasificarse con apuros y en el desempate ante Irlanda, eran una de las favoritas... pero en el Mundial no rindieron a su nivel. Argentina y Alemania las eliminaron. SE ACHACÓ LA DERROTA A: Una vez más, la mala suerte. Un grupo muy fuerte, la derrota inicial ante Argentina y la incapacidad de mantener la ventaja en el marcador ante los alemanes en el último partido. El seleccionador fue muy criticado por algunas decisiones extrañas. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Algo no fue bien desde el principio en la concentración de la selección. Varios jugadores debieron ver algo extraño y alguno, como Juan Manuel Villa, uno de los delanteros más en forma del momento y clave en el título de Copa que acababa de llevarse el Zaragoza, incluso abandonó la concentración autodescartándose antes de tiempo de la lista definitiva. Luego el seleccionador alineó a las vacas sagradas, estrellas ya veteranas y en decadencia (Del Sol, Peiró, Suárez, Gento), en vez de a los jóvenes que estaban más en forma, aun cuando alguno de ellos (Marcelino, Lapetra) ya habían sido clave en la conquista de la Eurocopa dos años antes. Tiempo después se supo que el seleccionador tuvo que ceder a las presiones de sus superiores a la hora de confeccionar el equipo. Resultado: derrota ante una Argentina que entonces no era la potencia que es hoy y una victoria in extremis ante Suiza. Sí jugaron los jóvenes en el definitivo, cuando había que jugárselo todo a un partido ante la potentísima Alemania, pero aunque llegaron a adelantarse en el marcador fue imposible: Alemania, ya liderada por el joven Beckenbauer, empezaba a tener el equipazo que dominaría los 70, y de hecho no ganó aquel Mundial por los pelos (y por un gol fantasma que no fue y que el árbitro concedió a los ingleses en la final).
1970: La época dorada del fútbol español había ya pasado... España no se clasificó. Un empate en casa ante Bélgica y una sorprendente derrota en Finlandia le dio a los belgas la clasificación. SE ACHACÓ LA DERROTA A: La selección estaba en plena renovación y el fútbol español buscaba nuevo esquema y nuevas figuras. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Además del mal juego y del comienzo de la mítica época (¡once años de fracasos!) con Kubala como seleccionador (con quien España era "campeona del mundo de amistosos", porque los amistosos los ganaba siempre, pero fracasaba estrepitosamente en los partidos oficiales), los avances tácticos y de entrenamientos del fútbol europeo no se implantaron en España, que quedó muy retrasada del nivel de juego de las grandes potencias: incluso a nivel de clubes los 70 son una década negra en la que desaparecen los éxitos internacionales.
1974: Nuevo fracaso. En la clasificación empataron a todo con Yugoslavia, pero cayeron en el desempate en Frankfurt. SE ACHACÓ LA DERROTA A: El nivel del fútbol español había bajado mucho estos años. Kubala decía aquello de "no hay más cera que la que arde". PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Básicamente valen las mismas razones dadas para el anterior mundial, aunque también es verdad que las filias y fobias de Kubala respecto a jugadores y esquema afectaron para mal a la selección. Por ejemplo, esa mítica defensa de cuatro hombres en la que siempre jugaban tres centrales...
El mayor éxito de la selección en los 70... el gol de Rubén Cano.

1978: Tras clasificarse para el Mundial con el famoso gol de Rubén Cano en Belgrado (ese remate de espinilla en semifallo, probablemente el peor remate a puerta de la historia de la selección, tan malo tan malo que despistó al portero y entró), horrible estreno cayendo ante Austria que obligaba a España a ganar a Brasil para pasar a segunda ronda. Contra pronóstico, España aguantó bien y casi gana, pero Cardeñosa, con el portero batido y toda la portería para él, acertó con el único defensa que había bajo palos. Empate a cero y a casa, de nada sirvió el triunfo final ante Suecia... SE ACHACÓ LA DERROTA A: El fallo de Cardeñosa, que ya nunca volvió a la selección. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: España, una vez más, se confió. Creyó que vencería fácil a Austria en el primer partido y luego resultó que los austriacos fueron una de las revelaciones del mundial, liderados por el goleador Hansi Krankl, a quien inmediatamente fichó el Barça. Luego los resultados no fueron malos, pero sí insuficientes.
1982: Nunca ha habido en la historia de los Mundiales un fracaso mayor que el de España en 1982. Con una de las peores selecciones de su historia, sólo un penalti evitó que el estreno fuera una catástrofe: empate a uno ante Honduras, y gracias. Una victoria con ayuda arbitral ante Yugoslavia (con aquel mítico penalti inexistente que se falló y que el árbitro mandó repetir) no impidió que la debacle se consumara con una histórica derrota ante Irlanda del Norte que envió a España a una segunda fase imposible ante Alemania e Inglaterra, a los que tampoco pudo superar. España obtuvo el peor resultado histórico de un equipo anfitrión en los Mundiales. Apoteósico. SE ACHACÓ EL FRACASO A: Lo único bueno de hacer el ridículo más espantoso es que no hay lugar para las excusas. El seleccionador, José Emilio Santamaría, desapareció del mapa para siempre, y muchos de los jugadores ya nunca más volvieron a la selección. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: País de gran tradición futbolística, España pensó que iba a ganar en casa como Alemania y Argentina en los mundiales precedentes, aunque las figuras de España en aquel momento no eran del nivel de las de los países citados, algunos jugadores que rendían a un altísimo nivel en sus clubes no funcionaban en la selección y dos titulares fijos como Camacho y Víctor Muñoz se íban a perder el Mundial por lesión. Mitad porque les pudo la presión, mitad porque celebraron el triunfo sin bajar del autobús y luego hondureños y norirlandeses les sacaron los colores a base de lucha y entrega, el caso es que fracasaron estrepitosamente.
1986: España, de la mano de Miguel Muñoz, recuperada anímicamente de su fracaso gracias a su buena Eurocopa (previa gesta de Malta), era ya otra. Tras una buena primera fase en que sólo se cayó con Brasil (con el famoso gol de Míchel que el árbitro no dio), superó claramente a Dinamarca (revelación de la primera fase) con cuatro goles de Butragueño, y llegó a cuartos. El público estaba con España. Parecía que por fin iba a ser "nuestro" Mundial... Pero se cruzó Bélgica. Teóricamente inferior, el equipo belga marcó la primera (y única) vez que llegó al área española. Y su portero, el mítico Pfaff, considerado entonces (y, por lo visto en este partido, con razón) el mejor portero del mundo, se lo paraba todo. Aunque Señor logró empatar, se fue a los penaltis... y Pfaff paró el de Eloy. Eliminados. Quedaba establecida la mítica barrera psicológica de los cuartos de final... SE ACHACÓ LA DERROTA A: La mala suerte, la gran actuación de Pfaff... y, sobre todo, al fallo de Eloy, que ya no pudo quitarse de encima aquella sombra. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Miguel Muñoz llevó un equipo descompensado, con muy pocos defensas, y además incluyó a Antonio Maceda, que estaba lesionado, confiando en que se recuperaría. Y no sólo no lo hizo sino que al forzar para recuperarse a tiempo su lesión se agravó y tuvo que dejar el fútbol. Así que jugó con un solo central nato, Goicoechea, que por sanción se perdió el partido de cuartos, en el que España, sin centrales (Chendo, el lateral del Real Madrid, jugó de central), encajó un gol, cómo no, de cabeza. A esto debe sumarse que muchos pesos pesados del equipo se acojonaron y no quisieron tirar los penaltis, obligando a lanzar a jugadores quizá más valientes pero ni mucho menos especialistas, mientras que los belgas, un equipo veterano y curtido en mil batallas, todavía con la base de la selección que había sido subcampeona de Europa en 1980, afrontaron sin temor la tanda de penaltis. Así nos fue.
1990: Tras una clasificación excelente, España llegó al Mundial en bajísima forma. Pese a ello, aún acabaron campeones de grupo, aunque con un juego ramplón, para luego caer en octavos ante una Yugoslavia más fresca y con más fútbol. SE ACHACÓ LA DERROTA A: La mala suerte, y haberse tropezado con una buena selección yugoslava. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: España llegó floja y jugó con un total desbarajuste táctico, sin organizador en el centro y con camarillas en el vestuario. Los de la Quinta del Buitre jugaban entre ellos y para ellos, se creían intocables y, gracias a la prensa de Madrid, lo eran. Suárez no supo llevarlos en cuanto empezaron los partidos de verdad, y la debacle se completaría en el año y medio siguiente, con una desastrosa fase de clasificación para la Eurocopa.
Por culpa de Salinas... nos fuimos del Mundial
1994: El mundial mítico donde se acuña la idea de la "maldición de los cuartos de final". Tras empezar empatando (y gracias a un Cañizares inmenso que se paró lo que no está escrito) con Corea, un sorprendente empate con Alemania y la victoria ante Bolivia permiten pasar a la segunda fase. Allí empieza España a jugar bien ante Suiza, pero en cuartos, ante Italia, llegó el infortunio de todos conocido: el gol de Baggio desde cuarenta metros, el fallo de Salinas, el codazo de Tassotti a Luis Enrique que vieron todos menos el árbitro, Luis Enrique desesperado con la nariz sangrando... SE ACHACÓ LA DERROTA A: El fallo de Salinas que tiró al muñeco sólo ante el portero. Y por supuesto, el árbitro. La FIFA deseaba una final Brasil-Italia para promocionar el fútbol en Estados Unidos... y como premio, el árbitro que echó a España pitó también la final. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Italia, pese a su juego feo y sucio, tenía mejor equipo. Baresi y Maldini eran mejores defensas que cualquiera de los de España. En lo creativo no había color si comparabas entre Roberto Baggio y Julio Salinas como delanteros (o entre Hierro y Albertini como cerebros). Y en Italia sí que jugaba algún centrocampista. Además tenían esa gran experiencia de saber jugar encuentros decisivos que le faltaba a España. Y los clubes italianos estaban en su momento de mayor éxito internacional. Por más que nos joda por lo feo que juegan, ganó el mejor, y ya está.
1998: El gran fracaso de la era Clemente. Después de seis años en el cargo por fín quedó en evidencia la utilización de un sistema con cinco centrales. La pifia de Zubizarreta ante Nigeria y la falta de ideas ante Paraguay hicieron que la victoria final ante Bulgaria no sirviera para nada. A la calle en la primera fase. SE ACHACÓ LA DERROTA A: El fallo del discutido Zubizarreta ante Nigeria, la mala suerte ante Paraguay, y el "arreglo" de nigerianos y paraguayos en el último encuentro, con los africanos ya clasificados. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: La falta de creatividad en el inexistente centro del campo español, sin Guardiola y con Hierro de organizador, que hizo imposible controlar el balón ante Nigeria y superar la sólida defensa paraguaya.
2002: Tras una impecable primera fase se logró superar, de milagro y por penaltis, a una sólida selección de Irlanda en octavos. Corea parecía fácil, pero se acabó empate a cero... y a casita en los penaltis. SE ACHACÓ LA DERROTA A: El árbitro, que anuló dos goles legales a España en el mayor robo de los mundiales desde 1934. También se achacó a la mala suerte (un remate al poste de Morientes, éste inanulable, que podría haber sido el gol de la victoria), a la lesión de Raúl en octavos que restó capacidad ofensiva al ataque español, y al fallo de Joaquín en la tanda decisiva. PERO EN REALIDAD SE DEBIÓ A: Vale, el árbitro fue clave, esta vez sí. Pero España salió acojonada por la responsabilidad de superar la barrera de los cuartos de final y jugó fatal contra un rival que, aun ayudado por el arbitraje, era asequible. El acojone fue ya total en la tanda de penaltis, no había más que ver la expresión de pánico de Casillas y compararla con la de seguridad que ofrecía en la tanda de octavos. Y encima Camacho puso a tirar a Joaquín, un chaval de 20 años que había terminado el partido lesionado y que no suele tirar penaltis. Una vez más España tuvo miedo a ganar. Y claro, no ganó.
Hacia Francia, como una flecha, avanza corriendo nuestro camión...
2006: Tras clasificarse en la repesca, poco se esperaba de España en el Mundial, pero una buena primera fase hizo concebir esperanzas. Pero esta vez tampoco. SE ACHACA LA DERROTA A: El árbitro, que permitió el juego bronco de los franceses. PERO EN REALIDAD SE DEBE A: Tras el buen arranque, el seleccionador se acojonó ante la revuelta de la "vieja guardia" que se veía abocada a la suplencia. Luis Aragonés dejó que la prensa le hiciera la selección y planteó mal el partido. El intocable Raúl volvió a ser titular justo cuando menos necesitaba España jugar con uno menos. Luis prescindió del medio defensivo y Zidane hizo lo que quiso, y menos mal que ya no está para hacer mucho porque cada vez que entraba en juego a la zaga española se le caía la gota de sudor. Xavi fue despreciado poniéndole al lado a otro organizador para obligarle a trabajar recién salido de una lesión. David Villa nunca jugará un partido completo y mientras esté en el campo deberá irse a las bandas para no eclipsar al protegido Torres, un delantero sobreprotegido, sobrepromocionado y sobrevalorado (sí es bueno, pero no es un crack). En suma, en el peor momento posible España mostró su verdadero nivel, el mostrado en la fase de clasificación: el de un equipo hecho por la prensa, dividido en el vestuario, inofensivo en ataque, flojo en defensa, sin ideas en los momentos clave y con un seleccionador influenciable que toma decisiones incomprensibles.
CONCLUSIÓN: Vale ya de victimismo. España tiene lo que se merece. Además, en este país el fracaso gusta. La Federación Española, a diferencia de otras federaciones que (ellas de verdad) aspiran a algo, no destituye a los que fracasan, véase el caso de Kubala o el de Clemente como indicadores claros. Camacho y Sáez tuvieron que irse ellos. Ahora mismo Villar ya quiere renovar a Luis... y luego nos quejamos de que la selección siempre hace lo mismo.

martes, junio 20, 2006

Días de fútbol

Después de encontrar esto, me asalta la duda... ¿¿Eric Castel era francés o era belga??
Los diablos rojos del 82, que no eran nada malos... venían de ser subcampeones de Europa en 1980...
Eric Castel, quince álbums publicados entre 1979 y 1992, desarrolló la mayor parte de su carrera en el Barcelona (con un breve paso por el Paris St. Germain), al que había llegado procedente del Inter. Yo estaba convencido de que era francés, pero después de ver esa portada de 1982, no sé...
Raymond Reding, el autor, francés de nacimiento pero criado en Bélgica, era un especialista en cómics de temática deportiva (no sólo fútbol: también creó a tenistas o atletas), de hecho estuvo una temporada publicando sus cómics en la revista de fútbol Footy, y ya antes de Eric Castel había creado en los 60 a Vincent Larcher, que jugaba en el Milan.
Hay que decir que en aquellos años Bélgica tenía un gran equipo: los Pfaff, Gerets, Van der Elst o Ceulemans venían de ser subcampeones de Europa en 1980; en 1982 superaron a Argentina (vigente campeona) pero cayeron en la segunda fase ante la potente Polonia de Lato y Boniek; en la Eurocopa del 84 cayeron ante la Francia de Platini (anfitriona y luego campeona) y la emergente Dinamarca; y, finalmente, con las figuras ya muy veteranas pero reforzados con el joven y talentoso Scifo (entonces con 20 años), tocaron techo en el Mundial 86 alcanzando el cuarto puesto.
¡Fútbol en acción!

jueves, febrero 09, 2006

Oé oé oé oé

El Príncipe y el Crack

Permitidme que lo celebre. No todos los días el Zaragoza le mete seis al Madrid. De hecho, la última vez yo aún no había nacido...

P.D.: ¡¡¡CANI SELECCIÓN YA!!!

miércoles, diciembre 21, 2005

El día que nos sentimos campeones del mundo

Hoy hace 22 años del gran éxito mítico del deporte español. Sí, no lo busquéis en un palmarés ni en una vitrina de trofeos: no son los cinco Tours de Induráin, los doce más uno de Nieto, el mundial de Fórmula 1 de Fernando Alonso ni los mundiales de waterpolo, fútbol sala o balonmano; ni siquiera el triunfo en la Eurocopa del 64 con aquel famoso gol de Marcelino, único título del paupérrimo palmarés de nuestra selección absoluta de fútbol. No, si se hace una encuesta veremos que el más celebrado y recordado de los éxitos fue clasificarse para una Eurocopa goleando a un equipo de mierda. Sí, estoy hablando del célebre 12-1 a Malta, partido que ha pasado a los anales de la Historia de España, no sólo como triunfo deportivo, sino como icono pop cañí, referencia ya clásica de series y cortometrajes. Vamos a recordar cómo fue aquello.
Obsérvese que a los cuatro segundos España ya tenía el balón. Habían centrado los malteses.
EMPIEZA EL PARTIDO
España jugaba con Buyo; Goicoechea, Maceda, Camacho; Señor, Víctor, Gordillo; Rincón, Sarabia, Santillana y Carrasco. Para clasificarse debía ganar por once goles, en caso contrario se clasificaría Holanda que tenía mucho mejor coeficiente de goles. Delante, la selección de Malta. Una panda de tuercebotas, pero por malos que fueran meterles once parecía una barbaridad. Además, en Malta, España sólo había podido ganar por uno... y gracias.
Por quererlo colocar...
SEÑOR FALLA UN PENALTY (3´)
Para hacerlo más fácil, el árbitro nos regala un penalty que no era nada más empezar. Como las gestas con ayuda son menos gestas, Juan Señor, un experto en el arte del penalty (en Zaragoza aún se recuerda el día que llegó a marcarle cuatro a la Roma en una noche), lo tira al palo.
Aún estaban afinando el punto de mira
OTRO TIRO AL PALO (8´)
El resultado final lo camufla todo, pero España jugó, como casi siempre que se juega algo, mal. Durante todo el primer tiempo intentó entrar por el centro y meter en la portería el balón y a los once malteses. Pero la "furia española" no era "Shaolin Soccer". Los tiros se le iban al poste, como este de Víctor.
Santillana remataba muy bien de cabeza...
1-0 SANTILLANA (15´)
Claro, tanto atacar, y frente a un equipo tan flojo, alguno tenía que caer, aun jugando mal.
¡La hemos hecho buena!
1-1 DEGIORGIO (24´)
Total, que tan mal iban las cosas que para una vez que tiran a puerta los malteses, la meten. Ni siquiera era un buen tiro, pero rebotó en un defensa y despistó al portero. Ahora había que meter uno más.
La furia española que no entiende de imposibles
2-1 SANTILLANA (26´)
El golpe habría sido decisivo si no fuera porque en la jugada siguiente, aprovechando que los defensas malteses aún estaban celebrando en sus mentes el gol, Santillana se queda solo y marca el segundo. Esto dio un poco de vida...
Otro de cabeza, por si no te había gustado el primero
3-1 SANTILLANA (29´)
...y el tercero vino al momento, en una de las pocas entradas efectivas por la banda de la primera parte. Así se llegaba al descanso, faltaban nueve goles y 45 minutos... y viendo cómo había ido la primera parte...
Rincón se desata
4-1 RINCÓN (47´)
Para empezar a creer en el milagro hacía falta un gol nada más salir... Rincón, poco acertado en el primer tiempo, se fue de dos defensas y cruzó al palo contrario. Un gran gol. Era curioso lo de Rincón, un gran delantero del Betis que jugaba en casa aquel partido, porque era supersticioso y afirmaba que esta portería era la que le daba suerte, que era donde metía casi todos sus goles, y no la otra. Pues en vista del resultado... debía tener razón.
Gracias por el regalo
5-1 RINCÓN (56´)
Para mí este es el momento clave del partido. Un defensa la pifia y regala el quinto. Creo que es el momento en el que los malteses se desconcentran y dejan de tener una defensa ordenada. A partir de ahí su método va a ser el de "todos en nuestro área y patadón al balón lo más lejos posible". Faltaban aún muchos goles, pero España jugaba mejor, entraba más por las bandas y los malteses, recordemos que eran todos ellos jugadores aficionados, ya estaban con la lengua fuera, incapaces de aguantar el ritmo de los bien preparados deportistas profesionales españoles.
Si habéis jugado al fútbol en el colegio, sabréis que cuando hay mucha diferencia entre dos equipos, el malo aguanta un tiempo hasta que, a medida que aumenta el marcador en su contra, se desmoraliza y de repente le clavan tres o cuatro seguidos hasta que se recompone un poco y trata de slavar el honor aguantando hasta el final con dignidad.
Bueno, pues aquí viene el momento en que se hundió Malta.
Hay que estar atento a los rechaces
6-1 MACEDA (62´)
¡¡¡HAWKA-A-A-A!!!
7-1 MACEDA (63´)
¡¡¡I-A-SPORTS!!!
8-1 RINCÓN (64´)
Mención especial para este gol de videojuego, sólo cuarenta segundos de auténtico cronómetro después del anterior. Los malteses cogen el balón, lo llevan despacio al centro, sacan, pierden el balón, Maceda da un pase largo, Rincón se regatea a tres defensas y marca. Lo he hecho varias veces con el FIFA, pero verlo en la realidad es increíble.
A partir de aquí los españoles ya se creían que de verdad la gesta era posible. Los malteses se encierran en su área y resisten heróicamente unos minutos más... hasta que encajan el noveno y vuelven a hundirse.
En esta ocasión el portero no estuvo muy afortunado
9-1 SANTILLANA (76´)
¡¡¡A la puta calle!!!
EXPULSIÓN DE DEGIORGIO (77´)
El árbitro, un amigo, echa al mejor jugador de Malta por perder tiempo. Lo que faltaba para desquiciar a los malteses.
A placer, saltan a rematar dos delanteros sin ningún defensa
10-1 RINCÓN (78´)
Sarabia era un delantero del Athlétic muy poco vasco... era técnico, fino, y hasta guapo, vamos, el reverso de Julio Salinas. Pero lo echaron del Bilbao porque se peleó con Javier Clemente, entonces entrenador. Se rumoreaba que Sarabia se entendía con la mujer del mister... pero eso eran rumores que corrían. Como lo de Caminero y la sra. de Simeone.
11-1 SARABIA (80´)
En esta imagen se observa por qué Malta encajó tantos goles. Cuenten ustedes los jugadores de blanco en el área, y el portero. Hacen diez, o sea, todos en ese momento. Ahora busquen a los de rojo. ¿Cuántos están desmarcados? Exacto.
Total, que faltaban diez minutos, los malteses estaban desmoralizados, desfondados y descolocados y sólo esperando que se acabara ya todo... pero aún faltaba un gol.
Y entonces...
El primer tiro desde fuera del área con peligro de todo el partido... y fue gol
Por fín, una celebración de verdad. En los once goles anteriores había demasiada prisa como para pararse a celebrarlo.
Sí, sí, sí, España va a París
12-1 SEÑOR (84´)
Hasta aquí la leyenda... ¡Pero el partido no había acabado aún! Todavía quedaba tiempo para más...
El doce más uno...
GOL ANULADO A GORDILLO (87´)
Por un inexistente fuera de juego. El árbitro no quiso humillar aún más a los pobres malteses, que bastante tenían ya. Imaginaos lo que fue para ellos, que el portero, un tal Bonello que era clavadito al moreno de Cruz y Raya (y casi tan buen portero como él), se tuvo que retirar del fútbol e irse al campo porque le insultaban y todo por la calle...
Hoy esa bandera española tan grande quizá fuera políticamente incorrecta
EL PÚBLICO INVADE EL CAMPO (88´)
La euforia era tal que tras el gol de Gordillo el público invadió el campo, interrumpiendo el juego. Debe ser por la falta de costumbre de ganar. ¡Vamos, ni que hubieran ganado la Copa del Mundo! De hecho, un año antes habían fracasado miserablemente cuando intentaron ganarla en casa... Hubo que parar el partido hasta desalojarlos a todos.
Y, como decía Sabina, al final llegó el final...
No está trucado
WEEEE ARDECHAMPIÑONS MAIFRIEEEE EEEND
Sí, otra invasión de campo al final, esta vez masiva
En fín, otros países pueden presumir de títulos, es verdad... pero ninguno puede presumir como el nuestro de haber tenido que humillar hasta límites sonrojantes a una selección débil para pasar con apuros y recurriendo a los milagros una ronda previa. ¿Cómo que no tiene valor? Al final del partido el ya difunto Miguel Muñoz, entonces seleccionador, declaraba: "esto es lo más grande de mi carrera deportiva", lo que viniendo de un entrenador con un palmarés repleto de Ligas, Copas y Copas de Europa, parece demostrar el axioma de Faemino y Cansado de que en este país lo que se valora no es ser campeón sino quedar segundo.
¿Ganar el Mundial? ¿Para qué? ¿Es que no os dais cuenta de que si alguna vez España pasase de cuartos de final, la gente ya no iba a disfrutar de gestas como ésta?