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martes, julio 26, 2011

Aquellos discos míticos: ¡Fuera!

Hasta ahora en esta sección me había dedicado a comentar discos que en su día fueron éxitos; esos discos que al verlos se nos ponía la sonrisita culpable de decirnos "es verdad, yo escuché esto", con algo de vergüenza pero sin poder evitar recordarlo con aperecio. Pero hoy no va a ser así. Hoy voy a hablar de un disco que pasó sin pena ni gloria de las radiofórmulas a la caja de cassettes de saldo del Pryca, que fue donde yo lo conseguí (¡por cien pesetas!) un par de años después de que apareciera. Hoy el disco mítico va a ser mucho menos generacional que en otras ocasiones, pero puedo asegurar que las sensaciones que provoca en mí son las mismas. A ver a cuántos os suena.

Nadie recuerda a Los Moluscos.
Apenas hay información sobre ellos en Internet. De lo poco que he encontrado es que eran un grupo de finales de los 80 formado por Javier Viroomal (voz), Ramón Temes (teclados), Carlos Pérez-Marsa (guitarra), Ignacio Oliva-Vélez (bajo) y Adrián Martínez (batería), aunque tal vez hubiera un cambio de batería en algún momento.
Hacían punk-rock para adolescentes, como unos Nikis con el volumen más alto pero mucho más inofensivos. Pese a ello (o gracias a ello) consiguieron un contrato con CBS. La multinacional les editó su único disco, ¡Fuera! (1990), producido por Paco Trinidad que era el tío que lo producía todo en España en esos momentos, pero las ventas no acompañaron, y ya no tuvieron una segunda oportunidad. El grupo, al parecer, desapareció después de esta experiencia.
Y es una pena, porque, vaya, su único disco no está tan mal. Eran enérgicos, eran divertidos y las escasas melodías que sabían tocar eran lo suficientemente pegadizas para que no se te hiciera pesado escucharlas en todas las canciones, remedos ramonianos de entre dos y tres minutos. Por desgracia resultaron ser demasiado blandos para el público punk-rock y demasiado duros para las niñas de la época pre-grunge. Además, sus pintas de jevis pijos (no sé si lo eran realmente o fue la imagen que les puso la discográfica para tratar de venderles) y la nada inspirada portada del LP (digna de un combo de rumba gitana) tampoco ayudaron. Grupos mucho menos disfrutables han corrido mejor suerte.
De lo poco que ha quedado de ellos es este video. Un video que tiene su historia, puesto que para promocionarlos la discográfica convocó un concurso para elegir a los dos protagonistas del video (chico y chica) y un guión. Si el resultado parece bastante malo hay que tener en cuenta que el video acabó siendo dirigido por el guionista ganador del concurso. Muy probablemente cuando se escogió a los ganadores la discográfica ya sabía que no estaban vendiendo una mierda y decidió no meter demasiado dinero en el producto final, así que recortaron tanto como pudieron, director incluído. Y esto fue lo que les salió.

Y ahora, analicemos las canciones:
Por favor: El disco se abre con fuerza, con una historia en primera persona sobre una relación obsesiva, ultracontroladora y con la sombra de la violencia de género planeando sobre la canción. Contiene letras que hoy serían totalmente inaceptables: si me entero que te vas con otro, te vas a arrepentir, si te veo pasar a mi lado, te querría violar, quiero verte siempre conmigo, si prefieres vivir. En el contexto, el estribillo por favor, sigue amor, por favor, sigue amor es bastante perturbador.
Doctor: En una de algún modo lógica progresión, la siguiente canción nos presenta al protagonista en la consulta de un psiquiatra, afirmando que su vida va mucho mejor por haber encontrado el amor: He conocido a una chica, la chica más divina, se llama Josefina. Sin embargo, no tarda mucho en resurgir el trastorno bipolar y la confesión de que está con ella sólo porque necesita estar con alguien: La chica es gilipollas, es fea, un poco gorda, siempre huele a cebolla.
Martínez: Martínez se ha escapado, Martínez ya se ha ido, nadie sabe como ha sido, su jefe se ha enfadado porque era un buen esclavo, pero Martínez se ha ido. Abandonando la primera persona, aparece una de las pocas canciones en la que trascienden un poco el humor adolescente para intentar contar algo (sólo) un poco más memorable. La historia de un tipo normal que un día lo abandona todo y desaparece.
Estás muerto: Si te acercas a ella, si sonríes más de la cuenta, si le miras las piernas, estás muerto, ¡muerto! El tema más conocido del disco retoma la primera persona y la temática de amor posesivo y psicopatía. Una combinación perfecta para adolescentes acelerados. No tengo miedo, no tengo nada, yo sólo quiero romperte la cara, darte en los ojos y en los oídos, ahora ya sabes con quién te has metido.
¡Fuera!: Ya te has perdido, por fín te vas, estoy muy bien, déjame en paz. La relación se tambalea y llega a un punto de ruptura. Lo único que quiere el protagonista es estar solo y tranquilo. Posiblemente es significativo que sea ésta la canción que da título al disco.
No tengo tiempo: Hoy tengo prisa, tengo calor, no tengo tiempo para el amor. La excusa del dolor de cabeza convertida en canción, para el tema más flojo del disco, que afortunadamente también es el más corto. Está claro que la relación ha dejado atrás sus mejores momentos y no tiene ya ningún futuro.
Tú qué te crees: Pequeña pausa en forma de medio tiempo que recuerda a Tennessee no sólo en ritmo sino incluso en el estilo de algunos versos, para hacer una colección de reproches que culminan esta trilogía de la ruptura y cierra la primera cara del disco. El estribillo tiene alguna perla: Quieres tener un imbécil que te haga caso, que te diga tonterías y te haga reir, yo no seré ese tipo al que tú buscas, yo te quiero pero no intentes que te haga feliz, yo no seré para tí. No parece que el protagonista haya aprendido mucho sobre en qué consisten las relaciones desde la primera canción, aunque al menos parece que ahora es más pacífico.
Analfabeto sexual: Soy un analfabeto, analfabeto sexual; cuando estoy en la cama, siempre lo hago todo mal. La cara B se abre con un tema de temática ideal para adolescentes de hormonas desatadas, porque además, ¿quién no ha sido analfabeto en esos temas alguna vez? Tras la ruptura, el protagonista decide buscar en otras mujeres la experiencia necesaria para no volver a fracasar: hoy me he espabilado, me he comprado un manual, donde me han enseñado, a no hacerlo todo mal, por fín lo conseguí, al fín voy a ligar, ya sé lo que hay que hacer. Sin embargo, pese a su éxito con las mujeres, no consigue superar su vacío interior, y acaba rehuyéndolas y, de nuevo, buscando la soledad, ripio final incluído: saludo, sonrío y me voy, así no puedo vivir, ya no me llamo Luis.
Alberto Corrupio: Alberto Corrupio era un niño corriente, Alberto Corrupio era un niño sin dientes, le dan en las piernas, le dan en los brazos, le dan en los ojos, le dan en las manos. Regreso a la tercera persona para contar la historia de un niño maltratado que finalmente acaba matando a toda su familia. Un tema bastante serio, lo que pasa es que resulta difícil ver el dramatismo de la historia con este estribillo: un día Alberto tropezó, caca caca caca caca caca culó, de repente todo ha cambiado, y a su padre no le ha gustado, ¿qué le ha pasado a nuestro Albertito?, ya no es el mismo, ya no es el mismo, ha cambiado por completo, es obsoleto, es obsoleto. Por cierto, la melodía más desvergonzadamente ramoniana del disco; imposible escucharla sin esperar que en cualquier momento gritaran "hey, ho, let's go".
Caraculo: Por si no había suficiente con el "caca caca caca culo" de la canción anterior, aquí tenemos un tema que explicita su humor caca culo pedo pis desde el mismo título. Como "Txus" de La Polla Records, es la historia de un tipo que se emborracha y busca pelea en los bares, pero con menos gracia: su cara de culo se ha vuelto a rebotar, la espuma de su boca ya no le deja hablar, no atiende a sus amigos, no atiende a la razón, su cara de culo ya no puede parar.
Acné: Y para que no se nos olvide que este disco tiene un tono adolescente la siguiente canción es una divertida y acelerada sucesión de viñetas sobre el acné y el cuidado de la piel. No sé si es una versión, pero es la única canción que no firma ninguno de los miembros del grupo. Es también de lo mejor del disco, con versos tan irresistibles como éstos: grano verde en la barbilla, y otro seco en la frente, aunque es la misma espinilla, cada grano es diferente.
Puedes: Puedes no estar viejo, sólo un poco tieso... Se acerca el final del disco y las canciones ya están de bajón. Ésta está dedicada a un amigo (¿podría tratarse del protagonista de las primeras canciones?) que ya no sale de juerga con el grupo sino que se queda recluído en casa. Algo que ellos achacan a que se está haciendo viejo, aunque también creen que no es excusa suficiente para no seguir saliendo con los amigos de vez en cuando. Aunque hay que reconocer que para dar ánimos de esta manera casi mejor que lo hubieran dejado correr: tus ojillos no brillarán como antes, es lo normal, tu pellejo se arrugará, no te asustes, es natural.
No más alcohol: Y finalmente, tras la juerga nocturna con los amigos y ahogar las penas en alcohol, llega la mañana siguiente a ajustar cuentas y cerrar el disco, nuevamente en forma de medio tiempo. Hoy tengo resaca, tengo dolor de cabeza, el ruido me machaca, hoy ya no más copas, tengo la lengua gigante, no cabe en mi boca. El colofón lógico a tantos excesos.
FRIKÓMETRO: 3/5 averías

lunes, noviembre 29, 2010

Aquellos discos míticos: 30 hombres solos

Grandes momentos en la historia de la periodicidad de las secciones: sólo han pasado tres años desde la última vez que añadí una entrega a esta sección. Sin embargo, allá voy de nuevo, con otro de esos discos inolvidables que casi hemos olvidado ya: el 30 hombres solos de Los Inhumanos.
Los Inhumanos nacen como un grupo de amigos intentando correrse unas juergas por las playas valencianas a principios de los 80, asaltando a las orquestas que tocaban en las verbenas de los pueblos en sus descansos y tomándose en serio a sí mismos lo menos posible. Farra, diversión e intoxicación etílica será, por tanto, la base para esta macrobanda de la que nunca se supo el número exacto de componentes que, uniformados con túnicas blancas, se dedicaban a corear y animar la fiesta desde el escenario. ¿Y la música? Pues sí, algo de eso había, bajo la dirección de Alfonso Aguado, con su pasmosa habilidad para crear estribillos irresistibles para borracheras.
Tras debutar con un EP llamado Verano inhumano (1983) fichan por una multinacional y editan su primer LP, Los Inhumanos (1985), con temas tan celebrados como Eres una foca, El disc-jockey se ha vuelto loco, Pilar o Manué, la que mayor huella dejaría. Quién no ha cantado eso de "Manué, no te arrime a la paré, que te vá a llená de cá, de cá, de cááá". Vamos, un disco mítico en toda regla. Pero no tan mítico como sería el que harían tres años después.
Su siguiente trabajo sería Las chicas no tienen pilila (1986), colección de canciones nuevas grabadas en directo que muestra la locura del grupo sobre el escenario, pero que no tuvo la popularidad del anterior. La banda parece entrar en crisis y cambian de compañía discográfica. ¿Es el fín? Ni mucho menos. Fuerzan la máquina y lanzan 30 hombres solos (1988), el disco que les hizo superventas y les convirtió en los herederos de Georgie Dann como grandes fabricantes de canciones del verano, con clásicos como Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000, que un poco más abajo detallaremos. El caso es que alcanzan la cima de su éxito y en 1990 no sólo editan No problem (1990) (digna continuación con canciones como Yo sé beber o la que daba título al disco, una versión inhumana del Don't worry be happy de Bobby McFerrin) sino que llega a editarse un juego de ordenador (para Spectrum, Amstrad, MSX y aquellas míticas plataformas de los 80), protagonizado por la mascota del grupo, el troglodita que aparecía en la portada de sus dos últimos discos.
Por supuesto, su capacidad para la juerga les hizo imprescindibles para amenizar cualquier fiesta, y estos serían años de actividad frenética, realizando cien conciertos al año y editando nuevos discos de manera regular, con una progresiva decadencia y pérdida de frescura: El mágico poder curativo de la música de los Inhumanos (1991), el doble en vivo Directum tremens (1992), 9 canciones con mensaje y una con "recao" (1993), Si al amanecer no he vuelto venir (sic) a recogerme (1994), Música festiva para gente sin complejos (1995) y Música adhesiva (1996). Finalmente, perdida gran parte de su popularidad, y cuando los miembros fundadores ya estaban mayores y cansados, deciden que ha llegado la hora de cerrar y ponen punto y final con una recopilación de éxitos y rarezas, Apaga y vámonos (1998). Por supuesto, y como corresponde a un grupo anárquico e irreverente, al año siguiente de la despedida editaban nuevo disco, El retorno del Jeti (1999), antes de que Alfonso Aguado decidiera marcharse a formar La Banda del Capitán Canalla y se editase la recopilación Cara dura (2001), a modo de cierre definitivo del grupo.
Que por supuesto tampoco esta vez se produjo.
Es difícil disolver un grupo con tal número de componentes que no se sabe ni quiénes son ni cuántos son. Tras el abandono de los miembros originales toman el relevo hermanos menores, amigos y miembros más jóvenes del combo, insuflándole nueva vida al proyecto. Tras alguna participación en recopilatorios, algún EP y algún single, regresan con 25 años haciendo el imbécil (2004), nueva recopilación de éxitos con seis temas nuevos, al que seguirían Quiero volver con mi mamá (2006) y el recién publicado Los hombres que amaban a todas las mujeres (2010), que viene acompañado de libro y DVD. Ya no son habituales de la radiofórmula pero siguen disfrutando de una salud envidiable en el circuito de conciertos.

Y ahora veamos las canciones de su disco de mayor éxito:
Duba duba (western mix): El disco no se anda por las ramas y se abre directamente con una llamada a la juerga, el baile, la borrachera y el desenfreno. Al ritmo del "Oh Susana" dejan bien claro su mensaje: vamos todos al saloon (duba, duba), a coger un colocón (duba, duba, yé). Y tres minutos así. Por supuesto, fue un éxito. En su día no había bar en que entraras en que no sonara. Hoy no es tan frecuente, pero todavía puede escucharse de vez en cuando.
Woolly Bully: Versión no demasiado brillante del clásico de Sam the Sham. No aporta mucho, pero sigue con el tono festivo.
Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000: El gran clásico entre los clásicos del grupo, todavía celebrado incluso entre la muchachada que no ha visto en la vida este modelo de coche y no sabe hasta qué punto este pequeño vehículo era poco dado a comodidades. Con un ritmo más pausado y un tono más tragicómico (soy pobre y no pude alquilar un picadero para ligar, y cuando alguna me quiero cepillar, en mi coche me tengo que apañar), su descacharrante pero pegadizo estribillo causó furor. Y es que todo el mundo ha tenido alguna vez problemas para encontrar un sitio para irse con la novia...
Ay qué dolor: Con un ritmo de fondo que recuerda (de lejos) tonillos flamencos, a estos juerguistas no se les ocurre mejor travesura que parodiar los quejíos con una letra consistente en repetir una y otra vez la frase que le da título al tema. Un chistecillo de poco recorrido que rellena sin molestar demasiado.
Me duele la cara de ser tan guapo: Acercamiento inhumano al duduá con lo que parece un canto al ego (mi sonrisa profident, mi careto de John Wayne, mi prominente mentón y mi martillo pilón, al espejo me miré y me excité mogollón), que luego se transforma en una broma a costa de los chulitos de bar (el destino que me dio mi cara melocotón mi felicidad rompió pues me duele mogollón) para acabar en un WTF sin nada que ver con el resto de la letra (yo no puedo soportar el tufo del autobús, esa peste axilar, ese cante a parrús, y el olor del calcetín de mi amigo Valentín). Queda claro que no son grandes poetas, pero, de nuevo, son divertidos y pegadizos. Cierra la cara A.
Juanita Banana: Abre la cara B otra versión de un clásico. Lo malo es que esta vez el propio clásico que versionean ya es odioso de por sí. Al menos los coros borrachuzos de esta versión debían ser totales en directo.
Una pareja feliz: En esta canción se lo curran un poco mas, con un retrato de pareja muy poco romántico, de nuevo con un poso más tragicómico. Con alguna imagen que remite al Kiko Veneno nuevaolero de "Si tú, si yo" (tú me lanzas el televisor, yo te tiro el despertador), es el tema más alejado de la pachanga y más cercano al pop gamberro de sus inicios que les emparentaba con otros ilustres gamberros de los 80 (te preguntas qué hace ésa en mi habitación, yo te juro, no comprendo de dónde salió, y qué hace en mi cama en ropa interior). A pesar de una producción horripilante, la mejor canción del disco. También sonó bastante, pero al no ser pachanguera fue el single que menos repercusión tuvo.
Me quiero: Otro duduá ególatra, en el que llegan bastante más lejos que en el de la cara A, rematado con una interpretación histriónicamente sentimental. Me quiero, no puedo estar sin mí, me quiero, con un amor sin fin, si me dejo alguna vez la razón yo perderé. Un chiste divertido.
Ye ye ye ye: Lo único que faltaba para cerrar una juerga perfecta era otra versión de un clásico de la juerga, ¿y qué más clásico que "Shout", el tema que bailan en la fiesta toga de Desmade a la americana? No es ni mucho menos una versión canónica, la destrozan sin piedad, pero también hay que reconocerles que la hacen suya y que sientan la base para sacarle todo el jugo en los conciertos a través del juego que plantean con los coros. Y es que el cierre para un disco sobre juergas no puede ser diferente de una juerga: cuando no me encuentro bien busco alguna solución, y no encuentro algo mejor que bailar a mogollón, y digo ye ye ye ye ye...
FRIKÓMETRO: 2/5 averías

domingo, septiembre 23, 2007

Aquellos discos míticos: Ponti "country" la pared

Probablemente ni los más fieles seguidores de este blog recordaban ya esta sección, cuya hasta ahora última entrega se había producido nada menos que en enero... Pero, a pesar de la inestable periodicidad, no he olvidado que todavía quedan muchos discos míticos que rememorar. Y hoy, aprovechando el final del verano, vamos a analizar un disco que todo el mundo recordará, pero por una o dos canciones, y es que muy pocos lo habrán escuchado entero (y si en su día lo hicieron, ahora niegan haberlo hecho y juran que ellos sólo escuchaban Nirvana...) Nada más y nada menos que el Ponti "country" la pared de Zapato Veloz.
¡Ese fistro de zapato de la muerte!
He estado intentando documentarme, pero parece muy complicado encontrar en la red información sobre este trío asturiano liderado por Javier Díaz. Así que no tengo demasiados datos sobre su formación ni sobre su discografía. Lo fácil es lo que todos saben: que fueron (con permiso de los No me pises que llevo chanclas) pioneros del agropop (y bastante más divertidos que el jodido Koala), que musicalmente estaban influídos por las orquestinas de pueblo y las chirigotas de Cádiz, y que se hicieron famosos en 1991 con esa mítica canción del verano que fue el Tractor amarillo.
Lo que es más complicado es navegar entre las referencias de su catálogo discográfico y tratar de poner orden, habida cuenta que no hay página web dedicada al grupo y que, además, su compañía de discos quizá se pasó un poco a la hora de editar discos con un par de canciones nuevas y rellenados con temas ya publicados. Y la cosa se complica si tenemos en cuenta que el éxito llevó a la empresa a reetiquetar los discos con el título de la canción de éxito; de este modo, hay ediciones de Ponti country la pared etiquetadas como Tractor amarillo e incluso he encontrado en ebay una edición argentina etiquetada como Hay un gallego en la Luna, algo destacable puesto que ése ni siquiera es el título de la canción.
Pero, vamos, dejando aparte singles y recopilaciones extrañas, parece ser que ésta es la trayectoria del grupo: en 1991, y presumiblemente antes de que el Tractor amarillo pegara su bombazo, grabaron un disco o maqueta que ya contenía la mayor parte de las canciones que conformarían este Ponti "country" la pared (1992) del que voy a hablaros hoy, que sería su primer LP para Horus, la compañía que editaría casi todos sus trabajos. Este disco consiguió algo que está al alcance de muy pocos grupos de canciones del verano: una segunda diana. La Pandeirada sideral no fue un bombazo como el de su antecesor, pero contribuyó a que Zapato Veloz mantuvieran su status y extendieran su éxito por Latinoamérica.
Decididos a convertirse en los Georgie Dann de los 90, los siguientes veranos mantendrían su cita veraniega editando discos como Pa tokiski (1993), con temas como Manolín el piruleta o Samba galega ; A toda máquina (1994), con temas como El Maroto o La Pepa; o Ritmo de corral (1995), con temas como Banana o El loro Floro. Sin embargo, un éxito en retroceso y apuros económicos de la compañía de discos terminarán por estancar su carrera. Alternando su labor con otros proyectos, sin embargo, el grupo ha seguido adelante, aunque ya lo único que he encontrado ha sido una recopilación homónima de éxitos en 1999 y su último disco, La vaca (2005), editado por Piraña Family, aunque creo que publicaron algo también en el 2001 para otra discográfica desaparecida.

Y ahora, vamos con las canciones:
Pandeirada sideral: Enviamos un macho gallego de viaje a la Lú-na, para hacer experiencias sexuales con una marciá-na... El disco comienza de la mejor manera posible, con el Space oddity del agropop, una tecnomuñeira galáctica sin parangón en su género para abrir lo que, como veremos, pronto se convierte en un disco conceptual en torno a una única idea: el sexo. Pero no el sexo romántico de dos personas en comunión la una con la otra, sino el sexo mastuerzo y rural de bájate las bragas que te la endiño, juela! Aparte ciertos errores geográficos (las marcianas digo yo que serán de Marte, no de la Luna), resulta difícil sustraerse al jolgorio de ese Hay un gallego en la Luna-una, hay un gallego en la Luna-una...; a la genialidad de ese estribillo Los marcianos tocaban pandeiro, eiro, eiro, eiro, eiro, las marcianas tocaban la gaita, aita, aita, aita, aita; y, especialmente, a esos inigualables coros estilo "Alvin y las ardillas galácticas" que vocalizan el mantra Hay-un-ga-lle-goen-la-lu-naa. Total, que se convirtió en el otro gran éxito del disco.
Nueve semanas y media: Nuevamente el tema es el sexo, en esta ocasión en la discoteca, con un tema sobreun tipo al que confunden con el protagonista de la famosa película. El estribillo lo dice todo: yo no soy Maikel Rour-ke (sic), soy asturiá-no, pero tengo una banana mucho mejor que la del americá-no...
Algodonera: ¡Más sexo! Esta vez se trata de endiñársela a una negra que recoge algodón en una plantación sureña. Hoy día editar una canción tan repleta de tópicos políticamente incorrectos sobre negros sería imposible. Algodonera, si me quieres dar tu amor, vamos pa la cabaña, donde lo hacía el Tío Tom. Atrevido.
Venechiana: Vals donde se trata de seducir a una veneciana con hache intercalada a través de los encantos de Asturias y de toda una lección de rima creativa: en Venecia no hay este "prao", ni estos montes ni este "ganao", y nosotros aquí "tumbaos". Por desgracia (o para seguir con el tono conceptual del LP) la delicadeza salta por los aires en cuanto hay algo de intimidad: yo, yo te traje a mi casa a ver, a enseñarte el crepús-culó, y otra parte de mi cuerpó... (sí, lo acentúan ahí).
Mulato arrollador: Tecnoswing con estribillo futbolero que toma lo mejor de Georgie Dann para llevarlo incluso más allá que el francés. Impagable coro: oé, oé, oé, oé, negrito está en vivienda, oé, oé, oé, oé, negrito quiere joé.
Ponti "country" la pared: Más que country, este tema parece un hermano bastardo del Johnny Tecnoská de Paco Pil; describámoslo como lo mismo que en el resto del disco, pero con un banjo. Referencias al western y a John Wayne para contar la historia de un vaquero que cruza el país para reunirse con una chica en Kansas City, algo que en principio no sería malo si no fuera porque en la segunda estrofa ya ha llegado y su única ocupación el resto de la canción es culear como un cabrón, incluso durante un tiroteo. Si los Dinamita levantaran la cabeza...
Tractor amarillo: ¿Qué se puede decir del tema mítico? Dale al video y recuerda.
Crucero por el Nilo: Si parecía que con la anterior el tono sexual del LP se había relajado, eso es que no sabíais que ahora venía el plato fuerte. Zoofilia desatada. Dos recién casados, un crucero por el Nilo, ella cae al agua, y de repente encuentra la respuesta al dulce misterio de la vida... Pero qué bien que lo hace, ese feroz cocodrilo, pero qué bien que lo hace, le decía a su marido... El tema lo culmina un estribillo digno de los hermanos Pinzones: chá, po-chapo, chapo-té-a, chapotea con tu rulo, y al otro que está en el barco, a ése que le den por... fino.
Toma nena: llegados a este punto, y cuando uno lee el título de la canción, ya cree que sabe de qué va. Pero por una vez nos sorprenden. Tecnoswing digno de lo mejor de Tennessee en el que, por una vez, se abandona la constante sexual para sugerir una buena alternativa a la marihuana y la cocaína: fabes y sidra. Toma culín, toma culón, verás como la sidra te llega al corazón, si quieres también tener un porrón, come fabada con chorizo y con jamón, por eso toma nena, toma sidrina de la buena, nena... Quizá el clásico desconocido del disco.
Viuda loca: Y el final del disco es también la culminación a tanto deseo, el momento en el que el Hombre encuentra la horma de su zapato, esa mujer todavía más caliente que él y que acaba tomando la iniciativa ella y sometiéndole a él a sus deseos, y no a la inversa como ha ido ocurriendo a lo largo del LP. Viuda loca, usted me provoca, me eleva la cosa más allá del firmamento... Como no podía ser de otra manera, la derrota resulta en que sean coros femeninos, en vez de los del trío titular, las últimas voces que se escuchen en el disco: viuda loca, viuda loca, soy la misma que te toma, viuda alegre, viuda alegre, no termines que te tiene... La trayectoria donjuanesca del álbum conceptual llega pues a su fin...
FRIKÓMETRO: 1,5/5 averías

jueves, enero 18, 2007

Aquellos discos míticos: Purita Dinamita

Los Dinamita, antes de conquistar el mundo
¡Volvemos a escarbar en el cajón de los discos añejos! Y esta vez traigo la obra cumbre de uno de esos grupos únicos e irrepetibles surgidos en el panorama musical español de los 80: Dinamita pa los pollos.
Los Dinamita eran un grupo de Bilbao que mezclaban rockabily, country, swing y coros femeninos, con letras divertidas y una ambientación centrada en un atemporal Medio Oeste rural americano, repleto de cowboys, rancheros, camareras, camiones y bares de carretera. Debo confesar que eran uno de mis grupos favoritos y tengo todos los discos (bueno, vale... la cassette inicial no). Después mis gustos han tendido más hacia otros estilos, pero aun así cada vez que en algún bar me sorprenden con "Bourbon", "Pandilleros" o "Billy Joe" me da un subidón...
Los Dinamita se formaron a mediados de los 80, formados por Javi "90" Zaitegui (voz), Rober "Captain Mondo" Mata (guitarra y principal compositor), Óscar "Wildcat" Calleja (bajo), Miguel "Tejón" Labanda (batería) y con las "Bloody Marys" a los coros, en éstas hubo algunos cambios a lo largo de los discos pero básicamante se mantuvieron Nela y Reyes Rodríguez. Apoyados por Juanra Viles (el tercer Duncan Dhu, aquel que dejó el grupo para volver a los estudios y desde entonces a sus dos excompañeros ya no hubo quien los aguantara), fan del grupo, grabaron en 1986 un primer e inencontrable disco sólo editado en formato casette, y después firmaron con GASA, con quien lanzarían el mini LP de seis canciones No molestes a Pa´ cuando está trabajando (1988), que recuperaba varias canciones de su primera casette, regrabadas. El gran éxito conseguido por sus tres singles (los míticos "Bourbon", "Siete novias para siete hermanos" y "Rancho de pollos") puso a los Dinamita en el mapa, y prepararía el terreno para el posterior lanzamiento de Purita Dinamita (1989), que alcanzaría el Disco de Oro con éxitos como "Pandilleros", "Toro mecánico" o, sobre todo, ese mítico himno festivo que fue "Billy Joe".
No tendría tanto éxito el siguiente álbum, Sin rodeos (1990), más tranquilo y mejor producido, que tuvo un menor éxito, posiblemente porque era más maduro, con un poso más triste. Con su siguiente trabajo Juntos y revueltos (1992) volvieron al tono más festivo de sus primeros discos, pero, a pesar de buenas canciones como "Vino en mi jarra" (una fiesta con los Limones y los Celtas Cortos como invitados) y un intento de reeditar la fórmula de "Billy Joe" con "Los hermanos Jones", el disco no era tan bueno como los anteriores, no terminó de funcionar, faltó promoción, y para postre su compañía les comunicó que no les iba a renovar el contrato. Tras hacerse patentes ciertas diferencias musicales entre los miembros, decidieron que era la hora de disolver el grupo y dedicarse a otras cosas. Ya habían hecho bastante. Su carrera se cerraba con el recopilatorio Los mejores años de nuestras vidas (1993), un resumen imprescindible con dos temas inéditos.
A fin de cuentas eran un grupo de amigos con ganas de pasárselo bien, como deja claro el hecho de que la separación fuera amistosa y que después de ella pocos hayan seguido en la música: hasta donde he podido averiguar por la red, Reyes Rodríguez dirigía una pequeña discográfica, Al.leluia Records (fundada originalmente por miembros del grupo Brighton 64), producía discos y presidía la Asociación Nacional de Compañías Independientes; y Nela y Miguel se casaron y tienen dos hijos. Del resto, ni idea. Hicieron historia y se retiraron de debajo de los focos.
La portada del disco, fea de narices
Y ahora, vamos con las canciones:
Pandilleros: Nos vemos en el infierno, un buen lugar para conocernos... Uno de los temas míticos de los Dinamita y primer single del disco. Comienza el disco muy fuerte con un ritmo muy bailable y una canción sobre amistad y diversión gamberra y hedonista. Espero encontrarte buscando jaleo, la nariz sangrando y rodando por el suelo, si llegas antes, guarda algo de pelea para mí. Quizá sea el tema que mejor resume la esencia del grupo.
Rock-a-bumba: Uno de los temas que musicalmente más recuerdan a La Frontera, con el Reverendo (sí, el de Wyoming) al piano. Canción sobre la invencibilidad de la banda ante la adversidad, con las chicas haciendo el coro que habrían firmado unos Tennessee más gamberros: bumba-bumbabumbabumba-bumbabumbabumba-bumbabumbabum-¡o-o-oh!
Luz de luna: Baladita cursi, para bajar un poco el ritmo y que se note que el duduá también estaba entre sus influencias. Nueva historia de desarraigo y de dejarlo todo, huir de casa e irse a ver el mar. Como hay tantas en la historia. No, no es de mis favoritas.
Toro mecánico: Por suerte, después de la pausa vuelve la juerga desenfrenada. Toro mecánico en el saloon, llena los vasos, ésta pago yo, vuelan los vasos y los camareros, estampida en el club de ganaderos, ¡a-uuuuh!, ¡toro mecánico! También fue editado como single, obteniendo un cierto éxito aunque menor que "Pandilleros" o "Billy Joe". Es otra de esas canciones festivas sobre correrse la juerga definitiva sin pensar en las consecuencias, toda una declaración de intenciones: Cierra el pico, tú no nos conoces, esto no sucede todas las noches, si mañana despertamos en la penitenciaría, ¡qué demonioooos!, ¡un día es un día!
Radio Texas: Somos tu sombra, cuatreros en las ondas, hemos venido hasta aquííí.... Uno de los primeros temas del grupo, recuperado de su primera casette y regrabado. Otra vez la rebeldía como tema recurrente, en una canción que suena, por una vez, más pop que rock.
Billy Joe: Qué se puede decir de esta canción que ya ha adquirido el estatus de popular. Himno recurrente en cualquier juerga etílica, con sus múltiples versiones y ampliaciones caseras que todo el mundo ha escuchado alguna vez. Un tema lúdico, repetitivo y sencillo, una canción pseudo-infantil que contenía la esencia de la diversión y el universo de los Dinamita. Todos hemos cantado alguna vez eso de Billy Joe en el aserradero, con la motosierra se cortó un dedo, ya no puede tocar el banjo en el rodeo, pobre Billy Joe... y sus variantes (la del huevo y la hija del ranchero es el gran clásico popular). Fue editado como single con versión extendida (incluída en el recopilatorio), y en los conciertos aún le sacaban más jugo... Si hay una canción en este disco que realmente lo haya hecho mítico, es ésta, que, además, cerraba la cara A.
Purita dinamita: Pero ay, Rosita (ay, Rositaaa), tú quieres matarme, purita dinamita tu chile con carne, y me temo que me voy a encendeeer (ay, ay, ay). Tema de aire entre country y ranchera que daba nombre al álbum. Fue el cuarto y último single extraído del disco, y el de menor éxito. Una historia de nostalgia, regreso a casa, amor... y frijoles.
Dólar de plata: Otro tema divertido, pero en esta ocasión acompañado de un cierto poso de tristeza y patetismo que se haría más evidente en su disco posterior. Pon un dólar de oro en mi sombrero y bailaré como sólo en las montañas lo sabemos hacer, pon un dólar de plata y con mi banjo tocaré sucias historias que aprendí del viejo Fred, pon unos centavos y si pagas tú los tragos, yo te haré mi mujer.
El rey del tractor: Regreso al terreno del rockabilly acelerado, divertido y un tanto desquiciado. Empieza a temblar cuando escuches el motor, deja paso libre al rey del tractor.
Un trago amargo: Otra balada triste, pero mucho mejor que la de la cara A... y, de hecho, para mí, uno de los mejores temas del disco. Mal de amores, bares y alcohol, y las Bloody Marys en su momento más soul. Un trago amargo que debo beber, esperando otro amanecer, qué importa lo que pueda parecer (uó-uó-oooh), un trago amargo que debo beber, alguien tiene que perder, mi suerte se largó tras esa mujeeeeer, tras esa mujer (has vuelto a perdeeer). Y es que después de intentar tomarse la derrota a broma en "Bourbon" (su gran clásico del mini-LP precedente), finalmente ha sobrevenido la depresión.
Marie´s the name (his latest flame): Otra canción repescada que aquella primigenia ´casette, regrabada. En esta ocasión una versión de un tema escrito por los famosos compositores Pomus y Shuman (los de "Viva Las Vegas") para Elvis Presley.
Flores y gasoil: La cara B cierra de bajón, con otra balada triste, en esta ocasión parece mostrar el lado aburrido y monótono de ese Medio Oeste rural y casi atemporal en el que suelen ambientar sus canciones los Dinamita. Nada que hacer cuando acabe en el garaje, dime cuántas mesas te quedan por servir, qué puede importar un poco de peligro, si el aburrimiento también nos puede matar. Es el momento triste del fin de fiesta. Aunque siempre podías darle la vuelta al disco y volver a empezar con las canciones más animadas.
FRIKÓMETRO: 4/5 averías

sábado, octubre 14, 2006

Aquellos discos míticos: Una noche en Malibú

Mira que dio mal este disco en su momento...
¡Vuelve la sección con la periodicidad más excéntrica del mundo de los blogs! Cinco meses después, otra vez he decidido ponerme a analizar uno de aquellos discos que marcaron a los de mi generación. En esta ocasión, el disco que llevó el duduá a la radiofórmula: Una noche en Malibú, de los sin igual Tennessee.
Los Tennessee eran un grupo madrileño atípico, por el tipo de música que hacían tan retro, por las pintas (a juego con la música), y porque en la época en que la imagen empezaba a vender más que el producto no era normal que una multinacional fichara a un grupo con un cantante de voz chillona con problemas de movilidad y la cara picada de viruelas. Tennessee pertenecía a toda una generación de grupos que en los 80 en vez de dejarse seducir por el post-punk, la new wave y la posmodernidad, tiraron por el lado del rock´n´roll clásico. El rockabilly, las cazadoras de cuero y los tupés a lo Elvis fueron las bases de nombres míticos como Loquillo y los Trogloditas, Los Rebeldes o Más Birras (¿cómo que no sabes quiénes son estos? ¡ya estás tirando ahora mismo del eMule, bandarra!), pero Tennessee, sin embargo, se centró más en las armonías vocales (habían empezado como grupo vocal porque no sabían tocar ningún instrumento) y se dedicó a un sonido incluso más clásico y retro, repleto de historias de amor adolescente en institutos americanos de los años 50 (sí, Grease les debió marcar... años después les llamaron para la grabación del musical en español), más cercano al más conservador y romántico tin pan alley que a la indomable rebeldía de los rockers.
Después de cuatro LPs para una compañía pequeña, Tennessee firmó con una multinacional para éste su quinto disco, que publicaron en 1990, y con el que consiguieron sus mayores éxitos. También tuvo éxito el posterior Llueve en mi corazón (1991), pero después del tropezón de Sueños (1992) salieron por la puerta de atrás y regresaron a las compañías pequeñas, donde aún grabarían cuatro discos más antes de separarse, el último en 1998 y ya sólo con dos de los componentes. Volvieron en 2004, haciendo lo mismo de siempre. Quizá un poco demasiado suavecitos y "políticamente correcto" para mi gusto, pero ganan por goleada a cualquier grupo nacional de radiofórmula de hoy.
Viviendo en la era swing
Y ahora, vamos con las canciones:
Una noche en Malibú: Hoy la ví con otro y no supe actuar, ya me lo advirtieron, esa quiere más. El tema que daba título al disco fue también el tercer single. Tema típico: historia de despecho por una mala mujer. Un tema suavecito con arreglos de viento.
¡Qué rollazo, chico!: Qué rollazo, chico, tú siempre estás igual, contándome el ligue de ayer, y yo aquí sin comerme una ro-os-ca, y encima aguantándote. Jocoso diálogo entre dos amigos, el típico perdedor que no liga nada, y el típico Don Juan que hay en todo grupo de amigos. Atentos al consejo impagable que le da el Don Juan a su amigo para ligar: te has de comprar un vaquero azúl, ya sabes cuál elegir, y sin dudar vas a ligar. ¡Y yo creía que La Oreja de Van Gogh eran pueriles!
Por un minuto de esta noche: Por un minuto de esta noche, qué sé yo, daría todo, mi vida, mi corazón. La típica balada romántica que no puede faltar en ningún disco. Ñoña e insustancial.
Te ví correr: La ví correr, ah-bah-chu-uah, llegaba tarde a clase, no sé que hacer, ah-bah-chu-uah, esto no hay quien lo aguante, estoy enamorado, y muy pronto lo sabrás, tú-u-u-uh, tú-u-u-uh... El tema emblema del disco y del grupo, primer single y gran éxito que catapultó el LP a los primeros puestos de las listas de ventas. Un tema de amor adolescente, que la verdad es que no pasaba de ser una recreación duduá de "La de la mochila azul", pero con final feliz. Le diré, hola qué tal estás, le diré, ven a baila-a-a-a-ar, le diré, quiero que sepas que yo, estoy colado por tu amor. La verdad es que tenía su encanto, en especial por esa manera de saltar de la segunda a la tercera persona a lo largo de toda la canción.
Tu chica ideal: Una canción en la que el cantante (seguramente en pleno subidón tras el éxito de la canción anterior) le habla a un amigo de la chica que le gusta y le anima a que le pida salir. Pero ojo que viene con mensaje, en realidad el que canta es bastante cabrón, acaba diciendo: no lo pienses, la tienes que llamar, si no lo haces creeme, lo siento amigo me la ligaré. Eso son amigos, sí señor...
Un tonto enamorado: Versión del clásico "Why do fools fall in love", que destrozan sin piedad.
Un sábado más: Nos vamos a bailar, es un sábado más, allí encontrarás, amigos de verdad, verás qué mogollón, eso es lo mejor. Comienza la cara B del disco con un tema retro hasta en el lenguaje: Pedimos una coca que vacila un montón, movemos las caderas y no paras de charlar, jamás. Música conservadora para una nueva generación de adolescentes que ya no veían la Bola de Cristal.
Tu sonrisa y mis sueños: Me despierto, dónde estás, no te logro encontrar, miro al suelo y puedo ver, una hoja lleva escrito adiós. Claro, tanta ñoñería, tanta cursilada, al chico le deja la novia. Pero el tío erre que erre a hacer una baladita cursi. Ford Fairlane se revolvería en su tumba si no fuera porque el muy cabrón ni siquiera está muerto.
Siempre lucharé por tu amor: Otra baladita (y van...), pero esta vez con más sentimiento, puro romanticismo adolescente. Bueno, en concreto de los de esos adolescentes de institutos americanos de los cincuenta, más fans de Paul Anka que de Elvis. Ñoña y todo, es probablemente uno de los mejores momentos del disco, fue el segundo single. Dices que son tus padres los culpables, los que prohiben que me quieras, porque creen, que no tienes edad para amar... vale, esta canción tiene una segunda lectura en clave pedófila que probablemente la mejora, pero no creo que fuese la intención del grupo.
No entiendo tu actitud: Otra canción de ruptura sentimental que confirma definitivamente el carácter conceptual del LP. Bueno, y probablemente de toda la discografía de Tennessee. La letra no es precisamente la más inspirada del disco, y dibuja una escena de ruptura totalmente alejada del mundo real: tu recuerdo, sí, tu recuerdo, asaltó a mi corazón, cuando recibí una foto, un te quiero, y un todo acabó. Definitivamente estos tíos vivían en Pleasantville.
Tu historia de amor: Cierra el álbum un tema de estribillo sin desperdicio plagado de rimas dignas de un adolescente poco inspirado, en especial esa rima final de la palabra "amor" con la palabra "amor", que no se le hubiera ocurrido jamás a Espronceda: quisiera ser tu Pigmalión, y darle forma a tu corazón, y convertir mi gran pasión, en una historia de amor sin fin, y volar contigo hasta Plutón, conseguir las llaves del amor, y besarte, besarte, mi amor. Ahí queda eso.
FRIKÓMETRO: 2,5/5 averías

martes, mayo 23, 2006

Aquellos discos míticos: 30 años de éxitos

La chirigota definitiva
¡Os pillé! Seguro que ya os habíais olvidado de esta sección, ¿verdad? No me extraña porque hace tres meses que no la hago... Pero, bueno, volvemos con ella para recordar uno de esos discos que marcaron época: el inolvidable 30 años de éxitos, extraordinario disco de debut de Los Toreros Muertos.
Con el imprevisible Pablo Carbonell como líder y alma mater, bien arropado por dos músicos argentinos más experimentados, el bajista Mani Moure y el teclista Guillermo Piccolini, Los Toreros Muertos fueron una banda a medio camino entre el humor y el patetismo, entre el punk y la chirigota, siempre con mucho descaro y alegría y, sobre todo, buen humor.
Tras el maxi Yo no me llamo Javier, que tuvo buena acogida (Pablo Carbonell era ya popular por aquel entonces por sus delirantes apariciones en La Bola de Cristal), lanzaron al mercado su primer LP, 30 años de éxitos (1986), que fue uno de los discos más vendidos del año gracias a canciones que han quedado en el imaginario colectivo como Mi agüita amarilla. Su secuela, Por Biafra (1987), un poco más flojo pero con himnos míticos como On the desk o Mi amigo Manolito, tuvo también un considerable éxito. Todavía grabarían dos discos más, Mundo caracol (1989) y Cantan en español (1992), pero ya sin la repercusión de sus primeros trabajos, separándose definitivamente en 1992 para dedicarse a nuevos proyectos.
Es un animal
Y ahora vamos con las canciones:
Los toreros muertos: "¡Ya están aquí, los toreros muertos, ya están aquí, muertos, muertos!" Presentación del grupo y declaración de intenciones. Festiva y cargada del humor mitad vitriólico mitad etílico que les caracterizaba: "acaba de entrar Manolete, con una mano en el boquete, le sigue Antonio Bienvenida, con una tirita en la herida". Garantizada para animar a cualquier oyente depresivo.
Bum bum 1789: "¡Bum, bum! ¡Hay que tirar la puerta!" La revolución francesa vista desde la perspectiva del lumpen, puro canto al saqueo popular: "Las cosas vuelven a su destino, se las llevan los vecinos". Más punk que muchos que iban de punks.
Hoy es domingo: Bucólica balada que busca el humor en la sobrecursilería. A mí la verdad es que es la que menos me gusta del disco, pero tiene sus fans: un amigo mío me contó que cuando era crío se la ponía a tope cada mañana de domingo. Vaya manera de despertarse. Sobre todo los vecinos.
D.N.I.: "Es un horror, siento pavor, me busco en los bolsillos, y no lo tengo, no lo encuentro, creo que lo he perdido". Pablo Carbonell acentúa y saca partido a su habitual histrionismo y sobreactuación para el tema más frenético del disco, dando lugar a una de las mejores canciones del grupo. "La pasma me parará, me pedirá la documentación, yo no tendré carné, me pondrán de cara a la pared, gritaré, lloraré, llamaré a mi madre, nadie me oirá..." Imposible no reírse. Un clásico instantáneo.
Yo no me llamo Javier: "No, nena, tú te equivocas, yo no te conocí en la playa, no nos fuimos juntos a comer paella y nunca he pasado una noche en tu hotel". Uno de los temas míticos del grupo, el primero que editaron. Un clásico en torno a una confusión de identidad. "Hola, ¿cómo estás?, ¡qué niño más bonito!, ¿¿cómo??, ¿¿qué es mío??, ¿¿que yo soy el padre??, ¡¡pero eso cómo va a ser!!, si yo soy impotente, yo no me llamo Javier, no te quiero volver a ver, deja ya de joder, yo no me llamo Javier, ¡suéltame, mujer!, yo no me llamo Javier". Genial.
Twist´as loca: "Twist, twist, twist´as loca, ¡ah!". Un divertimento menor entre los temas que la rodean, pequeña pieza vocal sin pretensiones a ritmo (evidentemente) de twist. Y a mí que aquí me recuerdan a Siniestro Total...
Mi agüita amarilla: El clásico. ¿Quién no la ha cantado alguna vez? "Y creo que he bebido más, ¡¡¡DE CUARENTA CERVEZAS HOY!!!, y creo que tendré que expulsarlas, fuera de mí". Apoteósico canto a la orina que fue el que encumbró al grupo y lo llevó a los primeros puestos de las listas de ventas. Veinte años después aún conserva toda su gracia.
Soy un animal: "Voy a hacer unas oposiciones a gorrino, voy a dejarme crecer el rabo, pondré unos cuernos de cabra en mi cabeza, y me iré al Retiro, asustaré a las parejas". Otro clásico sin desperdicio, festivo y enfermizo, quizá en el que Carbonell puede desatar más a gusto todo su histrionismo. "Estoy aquí para robaros el puesto de trabajo, voy a quitarte el pan de la boca, voy a acostarme, ¡¡¡CON TU NO-VIA!!!" Pura diversión.
Necesito un avalista: Uno de los temas más acelerados del álbum, pura histeria. "No puedo comer muchos huevos fritos, me sientan mal para el colesterol, yo me quiero ir a un chiringuito, a tomar el sol, necesito un avalista para irme de turista" Una nueva muestra del humor personalísimo del grupo.
Dejadme llorar: El disco se cerraba con un tema "de bajón", aunque de nuevo, como en Hoy es domingo, con un evidente y muy marcado componente paródico. Con decir que el estribillo, "dejadme llorar a orillas del mar, dejadme llorar", parodia a Góngora... Un digno final.
FRIKÓMETRO: 5/5 averías

viernes, febrero 24, 2006

Aquellos discos míticos: The Refrescos

No me extraña que se escondan...
¡¡Ah, The Refrescos!! ¿Quién no recuerda a este en el fondo entrañable grupo? ¿Quién no ha coreado alguna vez aquello de "Vaya, vaya, aquí no hay playa"? ¿Quién no se ha reido con la historia del cantante estrellándose contra el suelo un día que saltó sobre el público y éste se apartó? ¿Qué fue de ellos?
El cantante y líder del grupo, Bernardo J. Vázquez, "Bernárdez", un tipo clavadito a Wally pero de orígen gallego, era uno de esos "artistas inquietos" que tocan muchos palos. Como actor ya era conocido por un papel (una especie de Steve Urkel antes de Steve Urkel) en Cajón Desastre. Quizá premonitorio: su carrera post-Refrescos ha seguido por ahí, como presentador en el Disney Channel, por ejemplo.
El éxito fue para ellos algo inesperado. Eran un grupo que tocaba canciones gamberras con ritmo de ska para divertirse y, de repente, en 1989, su primer single se convierte en la canción del verano y su primer LP vende cifras millonarias. Sin embargo, sus siguientes trabajos tendrían una repercusión mucho menor y decreciente, al tiempo que trataban de hacer obras más serias y maduras.
La cosa acabó mal, problemas con compañías y managers, cambios de formación, discusiones y finalmente, en 1999, una separación de la que nadie habla pero que al parecer no fue todo lo amistosa que podría haber sido. Bernárdez ha colaborado con otros grupos y ha tenido otros proyectos musicales. De los otros miembros originales, Bul Bul (batería) y Sobórnez (bajista) fueron miembros fundadores de los Petersellers (otro grupo en plan gamberro), y lo último que he encontrado es que Pardini (guitarrista) y de nuevo Sobórnez tocaban en un grupo llamado Superagente 86.
El disco en sí, aparte de ese clásico que es "Aquí no hay playa", pues bueno, no estaba mal... como divertimento festivo o para adolescentes. Yo recuerdo que me gustaba mucho... en 1989. Claro que entonces no tenía ni idea de música. Ni de nada, debo añadir.
¡Pero có!
Bueno, y ahora pasamos a analizar sus canciones:
Aquí no hay playa: El gran éxito del grupo. ¿Quién no la conoce? ¡Todavía la ponen en bastantes bares! Ska alegre y festivo que no sólo se convirtió en la canción del verano menos olvidable de la historia, sino en himno antimadrileño por excelencia, y eso que el grupo era, paradójicamente, de Madrid. "Podéis decir a gritos que sois capital de Europa, podéis ganar la Liga, podéis ganar la Copa, podéis tener el mando del imperio en vuestras manos, pero al llegar agosto y el verano... podéis tener Retiro, Casa Campo y Ateneo, podéis tener mil cines, mil teatros, mil museos, el oso y el madroño, Cibeles, Torrespaña... pero al llegar agosto, vaya, vaya, ¡aquí no hay playa!". Un clásico del pop español, se quiera o no.
Iñaki: Canción de ritmo más tranquilo y tema políticamente incorrecto. Aunque los agobios del protagonista, condenado a ser despreciado sin haber hecho nada, pueden resultar divertidos, en el fondo refleja un problema social, con la sombra del terrorismo de ETA de fondo. "Aunque he nacido en Getafe todos consideran que soy de Euskadi, que mi hobby es quemar banderas... ¿qué culpa tengo yo de llamarme Iñaki Echevarríarozamena Iraizoz?" El tema más sombrío del álbum.
Cortina: Las obsesiones de Bernardo, perdedor nato (feo, desgarbado y con gafas) no se manifiestan hasta la tercera canción del disco (curiosamente una versión), dedicada a la masturbación. El estribillo no tiene desperdicio: "Cómo tengo que decir, sabes cuánto me fastidia, cómo tengo que pedir que no te limpies más en mi cortina". Sabiendo de qué va la canción, ¡¡¡HACE FALTA SER ASQUEROSO!!!
Beber: El grupo se acerca un poco a territorio Madness... pero sólo un poquito, sin exagerar. Ska-pop agradable para un tema melancólico que el propio Bernardo destroza con su interpretación, que para eso es suyo y puede cargárselo si quiere. "No, no hay solución, pero da igual (no hay solución) pero yo voy a beber por no llorar, nadie me ha visto llorar por ella, llorar por ella, llorar por ella, yo bebo por ella". Bernardo asume su condición de perdedor en la primera de las ¡¡¡CINCO!!! canciones de este disco en las que Bernardo cuenta haber sido abandonado o traicionado por su novia. Quizá por una distinta en cada canción.
Perdedor.
R.I.P.: La segunda canción de abandono. Reggae clásico con ecos macabros. Bernardo se muere y su chica no viene a verle ni después de muerto. Tema muy básico, poca letra, poca guitarra, el peso recae en la base rítmica. Quizá por eso sea de los mejores. "Te olvidaste de mí, te olvidaste, eh, eh, te olvidaste de mí, y no vieeeeeenes no, no vieeeeeenes no, no vieeeeeenes". Cierra la cara A.
Maripili (en el Valle del Ska): Ska acelerado, de lo más frenético del LP, con Bernardo en plan Travis Bickle tratando de salvar de sí misma a una niña prostituta yonqui. "Maripili, ¿dónde estás?, que te han visto, en el valle del skáaaa, te drogabas, en el valle del skáaaa, no lo hagas más, en el valle del ska, tus ojos están muertos a tus quince primaveras, por sólo medio gramo vendes tu cuerpo a cualquiera, no importa lo que digas, no importa lo que hagas, te juro Maripili que te salvaré, ¡palabra!" Hay un momento de la canción en el que Bernardo se alarma crecientemente: "Tú te drogas (en el valle del skáaaa), tú te chutas (en el valle del skáaaa), ¡¡¡TÚ TE PÓ-NES!!! (en el valle del skáaaa), no lo hagas más (en el valle del ska)", menos mal que no sabía más sinónimos porque si no igual le da algo antes de acabar la canción. A pesar de tan bizarra temática fue el tercer single extraído del LP.
La última: Tercera camción de abandono y primera en la que Bernardo deja de lamentarse y trata de consolarse, sin mucho éxito: "Si si si si si te vas (ahora), yo yo yo yo lloraré (sin duda), si si si si si te vas (hay otras), ¡sé que hay otras!" Sí, majo, sí, pero tampoco te van a hacer ningún caso. Una perla poética: "No te lleves mi televisor, si te vas, mejor".
Mentiras: "Ponte los zapatos, haz callar al gato y mira..." ¿Balada ska? De nuevo ska-pop que recuerda (de lejos) a los Madness más serios. Ritmo pausado para el segundo single del LP, ¡que también fue número uno en los Cuarenta! Cuarta canción de abandono, en ella Bernardo pasa a la confrontación directa, aunque sin dejar de ser un perdedor que acepta resignado lo ocurrido. Estribillo digno de los Hombres G: "Mentiras, conozco tus mentiras, te arrancaremos la piel por decir mentiras".
Colonia: Cambio de registro, un rock´n´roll oculto entre tanto ritmo jamaicano. Quinta canción de abandono, en ésta trata de pasar al sarcasmo y al reproche, pero Bernardo nunca tuvo el talento para la venganza que rezuman las letras de J de Los Planetas, y lo que le sale es el tipo de chorrada que diría un niño de Primaria. "Sé que él no te conviene y te hará llorar, ¿que por qué?, tengo mis razones, la principal es que no usa la colonia que yo". Caray, si aquello de "rebota, rebota y en tu culo explota" tenía más odio. Y es que Bernardo asume de manera natural su rol de perdedor: "Sé que es mucho más fuerte que yo, ¿y qué?, que también es mucho más alto, más guapo, más rico, ¿y qué?, pero no usa la colonia que yo, piénalo, tú me has olvidado y yo no, y yo no". Tío, ¿¿PERO DE PARTE DE QUIÉN ESTÁS?? Vale que vayas de gracioso, pero esto es ser patético.
So Urkel.
Me espías: Las dos últimas canciones son la venganza y el triunfo de Bernardo, dejando atrás al perdedor que lleva dentro. En esta canción, vuelta al ska, es objeto de deseo de una fan fatal que le acosa y le espía. "Tú me espías, no me espíes más, uoh, oh, oh, oh, uoh oh oh oh". No es cosa de broma esto, yo una vez tuve una cita a ciegas con una desequilibrada que acosaba (le llamaba por teléfono, le enviaba regalos, se plantaba en su casa) a una ex-presentadora de un programa infantil (y encima acabé teniendo que acompañarla a Urgencias porque decía que tosía sangre). ¡Os lo juro!
Superman III: Otra versión (y de nuevo rock en vez de ska) en la que Bernardo cierra el disco plasmando lo que le gustaría ser a un perdedor como él: "Sé que sabes mi secreto, pues cuando hicimos el amor, me viste la letra del pecho que hay en mi ropa interior, y ahora sabes que yo soy Superman Tres". Sí, vale, tú sueñas: ahora eres superpoderoso y encima ligas. Sí, y yo voy y me lo creo. Claro que ni siquiera aquí se libra de su condición de perdedor, la canción no hace más que contar las pegas que tiene ser un superhéroe. Si es que sólo ve el lado negativo. Es su sino.
FRIKÓMETRO: 3/5 averías

miércoles, febrero 15, 2006

Aquellos discos míticos: Te huelen los pies

Por escuchar estas cosas se me rompen las agujas del tocadiscos
Hoy voy a recuperar para vuestra memoria un disco mítico, nada más y nada menos que el Te huelen los pies de Emilio Aragón (la pena es que no he encontrado imagen de la portada para ilustrar el post).
¡Ah, que recuerdos! 1991, Milikito presentando (siempre con traje negro y zapatillas deportivas) con Mané y las Cacao Maravillao el Vip Noche (y el Vip guay, y el Vip tarde, y el Vip naranja, y el Vip cristal... porque en aquellos primeros tiempos Tele 5 era muy zetosa, cada dos o tres horas había un Vip y en todos los programas salía el Bernardo con su guitarra cantando aquello de "Ay corazón corazóoooooon, enamorado me encuentras túuuuuu")... y de repente llega y saca un disco, ¡como Xuxa! ¡Y enarbolando una guitarra en la portada a lo "Born to run", échale huevos! Y va y sale en el programa cantando que le olían los pies. ¡Qué tremendo! Pero lo bueno es que el segundo single, "Cuidado con Paloma", se convirtió en una de las canciones del verano, y el disco tuvo grandes ventas... Recuerdo haber estado en las siguientes Fiestas del Pilar en un concierto gratuíto que llenó el Paseo Independencia, en que cantaban todo el LP, sumado a sketches de humor con el Mané, sumado a un par de canciones cantadas por las Cacao Maravillao, y culminado con una versión rock del "Susanita tiene un ratón" que incluyó en su siguiente LP. Apoteósico.
La verdad es que era un disco divertido. Qué queréis que os diga. Lo prefiero mil veces a cualquiera de los de Operación Triunfo. Es bastante mejor y aguanta más escuchas que otros discos que me compraba por entonces y que han envejecido peor. Lo que pasa es que el bueno de Emilio la cagó cuando pretendió ser artista. En sus dos siguientes LPs intentó dejar de ser payaso y hacer música más seria, y no fúncionó. Clsro que tampoco tuvo la plataforma promocional del Vip: creo que el segundo vino cuando hizo aquello del Noche Noche (que era lo mismo pero sin tres en raya, y que no cuajó) y el tercero cuando estaba presentando El juego de la Oca (sí, aquella ginkana sin sentido que siempre acababa a mitad porque duraba más la partida que el programa), y claro, no era lo mismo que aquel éxito que tenía en el Vip con aquellos invitaos cutres (de lo mejor los Sacapuntas, con aquello del "¡Emiliooooo! ¿Sabes lo que te digo? ¡Qué poco me gusta este tío!") que le convirtió en el presentador mejor pagado de la televisión.
De todas formas, ¿por qué renegó de ser "graciosillo"? No entiendo a este hombre, como cómico era un puto genio (ah, aquel mítico "Ni en vivo ni en directo") y se ha empeñado en hacer bazofia pasteloide como "Médico de familia" (¡esta serie tiene la culpa de que hoy la producción televisiva nacional sea una mierda!), "Javier ya no vive solo", "Casi perfectos"... En fin...
Emilio, ¡tú sí que eras auténtico!
Bueno, pues aquí está la lista de canciones:
Te huelen los pies: Primer y no muy afortunado single, además daba nombre al álbum. Guacanrol con unos impresionantes arreglos de viento sobre los problemas del olor corporal. Impresionante estribillo: "Te huelen los pies, te huelen los pies, es como un aire irrespirable, insoportable, que atrapa sin querer, escucha bien lo que te digo, amigo, te huelen los pies". Ni El Canto del Loco se atrevió a tanto.
Cubatita de ron: Canción de corte similar al anterior, pero peor acabada, lo importante es la letra, una incitación al alcoholismo que teniendo en cuenta el calado de Emilio sobre el público adolescente de la época debería ser tipificada de delito. El mensaje es pasar de todo y emborracharse. Y yo entonces sólo sabía qué era el ron por La isla del tesoro...
María: Pequeño cambio de registro musical, una balada con aires de cabaret-jazz, pero que no deja de ser otra incitación a la vagancia: "Llevo un mes en París, sin trabajar, porque me llamó María..." Pero esta vez la historia no sale tan bien como le habría gustado al bueno de Emilio. El perdedor que lleva dentro (como lo lleva cualquier payaso con gafas) sale a la luz: a pesar de estar viviendo con su amante sin dar un palo al agua... ¡no es feliz! Vamos, lo que nos pasaría a todos...
Cuidado con Paloma: Ritmo machacón y bailable, riff facilón y letra intrascendente, en suma, la perfecta canción del verano. El segundo single fue el hit definitivo, sonaba a todas horas en cualquier emisora. El tema se reía de la moda de la cirugía plástica. Y con unas rimas inenarrables: "Me han dicho que ahora quiere los mofletes de Bo Derek; le pusieron en un día la nariz de Estefanía; quiere ponerse en abril las orejas de Lady Di; y ahora tiene antojo de los labios de la mujer de rojo". Sólo M-Clan se ha acercado a esto.
Ui se muá: Para no desentonar, ¡otra canción con sólo tres acordes! Emilio ironiza sobre la vacuidad de los conceptos de la televisión (y, concretamente, de la publicidad) para lo cual hace una canción muy simple, ¡que no dice nada!, porque sólo son palabras encadenadas en falso francés con un estribillo que parodia el famoso anuncio "¿Lulú?, ¡ui, se muá!". Para completar la broma conceptual, la música de este tema fue utilizada (por supuesto, sin la letra) en una campaña de El Corte Inglés. Que sí, que es verdad.
Yo tengo una bolita: Comienza la cara B con la canción que tiene el mejor riff de guitarra del disco: el del "Not fade away" de los Stones. Pero en vez de marcarse un tema enérgico Emilio canta como si estuviera estreñido una historia sobre cómo se atragantó con el hueso de una oliva: "Me he tragado una aceituna y la tengo aquí, entre el hueso de la nuez y la nariz". Al menos adquiere un cierto tono sexual en el mítico estribillo "Yo tengo una bolita que me sube y me baja, tengo una bolita que me sube y me baja, que me sube y me baja y me vuelve a subir". Vale, no es Mick Jagger, pero, ¿quién lo es?
Hey Mr. Waiter: Otro tema mítico, guacanrol de ritmo bailable y machacón y riff agradable. Emilio Aragón sacando otra vez sus obsesiones: los viajes, los idiomas y su complejo de inferioridad ante el mundo. Tiene el estribillo más pegadizo del LP: "Hey mister güeiter, aiguan tu it, aiguan tu it poteito güi tomeito an chis, hey mister güeiter, aiguan tu it, aiguan tu it poteito güi tomeito an chis, ¡chequerau!". Recuerdo haber cantado ésta en el karaoke a dúo con un colega jevitrón con la voz una octava por debajo de lo coherente, qué risas.
422 de Berlín: Emilio, una vez más cosmopolita, cuenta la historia de una pareja que después de romper se vuelve a enamorar después de descubrir por casualidad todo lo que tenían en común. El estribillo es un anuncio de clasificados: "Si te gusta la nieve, y el vino del Rín, si te van las emociones y las quieres vivir, escribe al apartado de correos 422 de Berlín". Reconozcámoslo, Emilio no es precisamente Joaquín Sabina, pero por una vez intenta contar algo medianamente coherente.
Na, na, na: Una historia de amor y espías, y es que, como ya hemos visto, Emilio es incapaz de encontrar la historia de amor perfecta. "Nananá, na, voy siguiendo pistas, ná, na, por cualquier lugar, nananá, na, verás cuando te encuentre, ná, na, te vas a enterar". Lo más flojo y menos memorable del LP.
Dónde estabas tú: Y para acabar Emilio se disfraza de Bobby McFerrin y se marca un duduá a capella consigo mismo. Ésta la cantaba yo con los amigos, es sencillamente IMPRESIONANTE, tanto que cierro con ella y ya no digo más: "¿Y dónde te metes, Isabel? (baum, baum, baum), que ayer te buscaba y no te encontré (baum, baum, baum, ba), si no quieres problemas conmigo otra vez (baum, baum, ba, UM), no me dejes plantado sin fiesta, ¿dónde (dóndeee), dónde estabas tú, dónde (dónde estabas tú), dónde estabas tú, dónde (donde te metes, dónde te metes), dónde estabas tú?, sibaribidabi sibaribidá, ¡uá uáaaaah!"
FRIKÓMETRO: 4/5 averías