lunes, junio 30, 2008

Idea para una película

A ver, alguien de Hollywood, que tome notas:

Un entrenador viejo, al borde de la jubilación, de larga trayectoria pero escasos resultados, y traumatizado por haber perdido en el último minuto un título que podía haber sido su mayor logro como jugador, acaba de fracasar nuevamente con su equipo, un conjunto plagado de buenos jugadores pero que lleva más de cuarenta años sin ganar un título y más de veinte sin alcanzar unas semifinales. Discutido por la afición, que le lama pasado, alcohólico y ludópata, está tan desmoralizado que, a pesar de que quiere al equipo con toda el alma y que su gran ilusión de siempre fue legar a entrenarlo, quiere dimitir. Pero el dueño del equipo le convence para que siga. Comienza una nueva competición con resultados desastrosos y vuelve a presentar la dimisión. Nuevamente, el dueño del equipo se opone. Pero el viejo entrenador descubre que no lo hace porque tenga plena confianza en él, sino porque no quiere pagarle lo que le correspondería si se fuera.
A partir de ahí el veterano y decepcionado entrenador, dolido y picado en su amor propio, decide despreocuparse de lo que le digan, no hacer caso a la gente ni a la prensa y ser fiel únicamente a sus ideas. Para empezar prescinde de los veteranos y vacas sagradas del equipo, especialmente de una estrella de gran calidad que, aunque ya en decadencia, sigue marcando diferencias, pero que es muy egoísta y desestabiliza el vestuario. En cambio, mantiene en el equipo a un par de defensores a los que todo el mundo califica de "blanditos" y de escaso nivel. La prensa se le echa encima. La afición se le echa encima. A él le da igual. Está a punto de retirarse, sabe que no le van a echar, se siente más libre que nunca para jugársela al todo o nada. Apuesta por los jóvenes valores que había ido introduciendo en el equipo los años anteriores, les da confianza, les da responsabilidad. Poco a poco van llegando los buenos resultados, aunque el juego sigue dejando que desear. El equipo supera la primera fase y luchará por el campeonato, pero, pese a la indudable calidad de varios de sus jugadores, la mayoría de sus seguidores no apuesta por su victoria. La prensa y la afición siguen atacando al veterano entrenador y tratando de convencerle para que recupere a la vieja estrella. Pero el entrenador, que ya está de vuelta de todo, no cede. A fin de cuentas, todos están en su contra. Puestos a caer, lo hará a su manera.

Se suceden las desgracias. El médico del equipo muere. Se filtra a la prensa que el equipo ya ha contratado a un nuevo entrenador para la temporada siguiente. Todo el mundo discute la idoneidad de la composición del equipo: que si falta la estrella, que si hay jugadores que no tienen nivel, que si habría sido mejor contratar a mejores defensores, que si el equipo está descompensado... Varios jugadores, por su parte, tienen sus propias subtramas: el joven prometedor que ya es una figura pero sigue sintiéndose discutido; el defensor contundente que llega al momento clave bajo de forma; un pequeño genio básico en el equipo que enferma poco antes de empezar la fase final; y (esta subtrama es la mejor) un atacante sin nombre que, con cierta fama de indisciplinado y poco trabajador, tras años de curtirse en las ligas menores espera pacientemente su oportunidad en el banquillo mientras todos dicen que no tiene categoría para este equipo y que en su lugar debería estar la vieja estrella descartada, y que, además, le ha prometido a su novia, una ex-modelo erótica que le ha hecho sentar la cabeza, que si ganan el título se casará con ella...
El equipo juega un par de amistosos para preparar los partidos de verdad. Y son un desastre. Hay preocupantes agujeros defensivos y se ataca mal. Sus seguidores no apuestan por ellos.
Y empieza la fase final.
Y de repente, todo funciona. En la desgracia, el equipo se ha unido y forma una piña. La defensa es infranqueable. El ataque es incisivo y capaz. El espectáculo que brindan es bonito y preciosista. Se confirma la valía de varios jugadores.
Y llegan a la ronda maldita. Donde el equipo cae siempre. Y además la tienen que jugar ante los rivales que les eliminan siempre. Que, además, son vigentes campeones. Juegan mejor, pero el encuentro es muy igualado. Y se produce un final agónico, similar al que se ha producido las últimas tres veces que les eliminaron.
Pero esta vez pasan. Gracias al capitán del equipo, que se muestra firme, y con el jugador más joven de la plantilla anotando el tanto decisivo. Y de repente, la afición se lo empieza a creer. La prensa se lo empieza a creer. Todos se lo empiezan a creer. Ya nadie se acuerda de la vieja estrella.

Llegan las semifinales. Se arrasa. El equipo está que se sale. Juega bien, disfruta y hace disfrutar. El pequeño genio enfermo parece recuperado. El defensa contundente ha recuperado la forma. Los defensores blanditos no dejan pasar a uno. Llegan a la final, la primera en más de veinte años.
El veterano entrenador, de repente, empieza a ser reivindicado, aplaudido y respaldado. Pero él no se inmuta. Tiene entre ceja y ceja la final. El rival le es dolorosamente familiar. Son los mismos que le arrebataron en el último minuto aquel triunfo cuando era jugador, hace casi 40 años. Esta vez no será así. Necesita que no sea así.
Más problemas. La nueva estrella del equipo se lesiona. La responsabilidad ofensiva pasa a la joven figura discutida, de cuya calidad nadie duda pero que está haciendo un campeonato flojo. Es su momento. Y no falla. El equipo es muy superior, manda en el marcador pero, algo nervoso, no sentencia. Los rivales presionan e intentan remontar a la desesperada. Hay conatos de pelea. El delantero sin nombre recibe su premio y juega unos minutos.
Y acaba el partido. El equipo consigue su primer título en más de cuarenta años. Hay alegrías, abrazos, dedicatorias emotivas a amigos ausentes y recuerdos a ídolos. Pero no de todos. El veterano entrenador, con su expresión austera de siempre y el alivio de haber arreglado cuentas con la historia, se va tranquilamente, pensando en la alegría que le habrá dado a sus nietos. En ese momento recibe una llamada. Ahora el dueño del equipo quiere renovarle el contrato, para que siga en el equipo que siempre ha adorado. El entrenador no se molesta en responder y cuelga. Ya ha firmado un contrato con un equipo que le paga el triple. La ironía es tan amarga que sigue sin sonreír. Mientras todos los aficionados, jugadores y periodistas celebran el título él desaparece por un pasillo en sombras.
Fundido a negro.
Fin.

A mí es que me gustan estas películas de deportes en que todo acaba bien. ¡Ojalá pasaran estas cosas en la vida real!

Oé oé oé oé

La última vez que escribí en este blog, la selección española de fútbol todavía era la eterna perdedora con la que todos hemos crecido. La que siempre decía aspirar a todo y nunca ganaba nada. La que no pasaba de cuartos. La que siempre fracasaba. Iba a empezar la Eurocopa (a la que había llegado tras algunas actuaciones calamitosas) y la selección era silbada por su pésimo juego en su último amistoso de preparación.
Muchas cosas han cambiado en este mes.


No me lo puedo creer. España campeona de Europa. Los Red Sox del fútbol internacional también han roto su maldición. Y además con todo merecimiento.
Ahora a ver si no esperan otros 44 años para ganar otra.

lunes, junio 16, 2008

Rogamos disculpen esta interrupción, permanezcan atentos a sus pantallas, la programación se reanudará en unos días

Estos días estoy un poco liado y no tengo tiempo para bloguear. Tengo por aquí empezadas varias entradas, pero todo va a tener que esperar, al menos, hasta la semana que viene. Mientras tanto, podéis pasaros por los blogs de la columna de la derecha, a ver qué se cuece. Un saludo.

martes, junio 03, 2008

Mayo Greatest Hits


Este mes han pasado muchas cosas importantes. La crisis del PP. La muerte de Sydney Pollak. 40 años del Mayo Francés. 200 años de la Guerra de Independencia. Llegaron las lluvias. John Terry se resbaló. Weezer sacaron uno de los videos del año. Acabó la cuarta temporada de Perdidos.
Pero todo ello quedó ensombrecido por dos acontecimientos que se llevaron toda la atención: el regreso de Indiana Jones y el festival de Eurovisión.
De lo primero ha opinado todo el mundo, desde la crítica cinemtográfica más sesuda hasta el último bloguero (yo incluído), así que poco más se puede añadir. Destacaré, eso sí, el espectacular dossier sobre el personaje que se curró Refo, culminado con su reseña de la decepcionante última entrega.
De lo segundo, pues parecido. A un nivel menor, todos hemos estado pendientes de Chikilikuatre para comprobar que, efectivamente, un número cómico no especialmente inspirado obtenía una mejor clasificación que las canciones que nos representaron en serio estos últimos años. De todos los análisis del evento, quizá el mejor sea el de Sisterboy, ya un veterano en estas lides...
Y por si esto fuera poco, aún hubo más:

1. Otro gran mes en Vicisitud y Sordidez. Dillinger is Dead nos habló del subgénero musical del Hard Casio; Paco Fox nos dio la cuarta entrega de su serie sobre películas clónicas; y el titular del blog nos terminó de matar con un top 10 de los momentos más sórdidos de la filmografía de Godard. Apoteósico.
2. ¡Impresionante mes de artículos sobre Indiana Jones en el emporio Viruete! El titular recopiló videoclips a lo Indiana Jones; Magicoviaje nos recordó la canción que le dedicaron los Hombres G; Mat! nos contó la historia de la ya legendaria adaptación de En busca del Arca Perdida; y Pornosawa nos habló de las que posiblementefueran las dos mejores obras de la Indyxplotation. Tremendo.
3. Raúl Sensato nos habló sobre la verdad del caso de la colza. Escalofriante.
4. Este mes FuNeBRiS comenzó a hablarnos de monstruítos: que si Gremlins o Critters, que si Ghoulies, que si Hobgoblins... Ah, aquellos tiempos entrañables del VHS...
5. En ADLO! se pusieron nostálgicos: Sark recordó la película de Howard el pato y Calduch a Buckaroo Banzai.
6. Impresionante colección de asombros la que nos trajo este mes Oli: varios fenómenos metereológicos impactantes, las maravillas de Yellowstone, un pueblo azotado por los terremotos, las historias de Sir Richard Burton y John Paul Stapp y hasta un oso que peleó en la II Guerra Mundial. Casi nada.
7. Aberron nos descubrió un pueblo con señales de tráfico surrealistas, una pirámide que lanzaba misiles. Pura fascinación pop.
8. Xavi Sans nos contó el comienzo de la historia de la Banda de los Asesinos Trágicos. Y continuará.
9. J.P. Bango se curró un top-7 de casas encantadas. Por cierto que el mes pasado hizo uno de hombres lobo que se me pasó incluir, también muy interesante.
10. Higronauta nos descubre una película de aspecto descacharrante: Los violadores. Psicotronía española años 80, casi nada...
11. Kurioso nos habló sobre la arquitectura gitana. Sí, existe.
12. Comandante Norton nos mostró la marea más alta del mundo. Y además enlazó este video sobre seguridad en aviones, tan genial que aunque probablemente ya leva meses circulando, no puedo resistirme a ponerlo en la lista.
y 13. Vía Esquizopedia, encontré este top 20 de sitios web antes de existir Internet. Muy divertido.

Y además, para los que ya habéis visto el final de la cuarta de Lost... un extra. (Los demás, abstenerse, es puro spoiler)

lunes, mayo 26, 2008

¿Qué te ha pasado, Indy? Tú antes molabas


Por alguna extraña razón, en la cuarta entrega cinematográfica de sus aventuras Indiana Jones se autoniega.
Lo hace renunciando al látigo, que apenas utiliza un par de veces en el prólogo y del que luego se olvida en casi toda la película.
Lo hace renunciando a su liderazgo: ya no es él quien investiga y decide sus objetivos, sino que se deja arrastrar por las pistas de un viejo arqueólogo sonado, como si se dejase caer por un tobogán de acontecimientos a verlas venir.
Lo hace renunciando a sus característicos arrebatos de ingenio, ya sea en forma de réplicas cortantes o de divertidas soluciones de emergencia, nada de lo cual asoma en esta película.
Lo hace renunciando a su identidad dual como profesor de arqueología y aventurero, al verse obligado a abandonar su puesto de trabajo.
Lo hace renunciando a la coherencia, esa cualidad que en las tres primeras entregas permitía al personaje caminar al filo de lo inverosímil sin llegar nunca a caerse; en ésta no sólo cae, sino que se lanza de cabeza a ella al final del prólogo y ya no regresa.
Y, sobre todo, lo hace renunciando a su nombre. Ya no es Indiana Jones, sino el profesor Henry Jones Jr.; ese es el nombre que le dan todos, a excepción de su colega Mac que tampoco le llama Indiana" sino "Jonesy". La renuncia a su propia identidad es tal que cuando trata de conseguir que el viejo profesor que ha perdido la cabeza al que da vida William Hurt lo reconozca, le dice, literalmente: "soy yo, Ind... quiero decir, Henry Jones Jr.". Tan sólo Marion, la vieja Marion, recuperada de En busca del arca perdida, le sigue llamando Indiana Jones.
Supongo que es significativo, porque esta película sólo es un Indiana Jones porque el protagonista es el mismo personaje. No es que la película sea mala, pero no está a la altura de las originales y, a riesgo de ser crucificado por decirlo, ni siquiera a la de sus mejores copias. De algunas de las cuales incluso toma algún elemento (de Tras el corazón verde, de La momia), aunque ni en eso se muestra excesivamente acertada la película, porque todo el tercer acto acaba pareciéndose demasiado al de una película tan poco inspirada como La Búsqueda 2, lo que no dice demasiado en favor del trío Lucas-Spielberg-Koepp.
Quedémonos con un prólogo prometedor en el que, aunque a veces deslucidos y otras veces forzados, sí se incluyen los elementos que hicieron grande a Indiana Jones, incluyendo varios personajes carismáticos, encabezados por la siempre colosal Cate Blanchett, que apuntan muchas posibilidades que, por desgracia, son posteriormente desaprovechadas por completo por culpa de un guión lamentable que no hay por donde coger. El resto es una montaña rusa de escenas de acción encadenadas, alguna de ellas brillante, eso sí, para evitar que tengamos tiempo de pensar en todas las incoherencias argumentales.
EN RESUMEN: Este no es nuestro Indy, es una fotocopia. Una película hecha a base de efectos visuales y momentos de acción inverosímiles con el único propósito de sacar dinero de la franquicia. A la altura de otras secuelas con argumento de videojuego, guión infame y espectacularidad mal entendida como las de Matrix, las de Piratas del Caribe o de la segunda trilogía de Star Wars. Como película de acción puede resultar entretenida, pero a los mitos hay que exigirles mucho más. ¿Por qué no entienden que por espectaculares que sean las escenas de acción en las originales son las otras escenas las que calan en el público y las hacen míticas?
GENIÓMETRO: 2/5 indys geriátricos

jueves, mayo 22, 2008

miércoles, mayo 21, 2008

El orden de los factores sí altera el producto


Utilizar el desorden cronológico en una narración como medio para amplificar el impacto de la historia no es un recurso nuevo. Los folletines decimonónicos ya hicieron buen uso de él en sus más celebradas creaciones. Tanto Dumas como Walter Scott (por citar sólo a dos de los más ilustres) utilizaron en sus novelas por entregas el recurso de finalizar un capítulo con la sorprendente aparición de un personaje del que los lectores no habían sabido nada hace tiempo (o que incluso se creía muerto) para pasar en el siguiente episodio a explicar cómo había llegado hasta allí desde el momento en que lo habíamos perdido de vista. A comienzos del siglo XXI, el recurso sigue funcionando a la perfección, sólo hay que ver Perdidos para darse cuenta de ello.
Los ejemplos se multiplican. En Memento se invierte el orden cronológico de la narración. En Matadero Cinco o en el cuarto número de Watchmen la consciencia de los protagonistas experimenta saltos temporales constantes, proporcionándoles una visión fragmentada de su propia historia. En La melancolía de Haruhi Suzumiya los capítulos se emiten en un desorden aparentemente aleatorio.

Las series de TV actuales son las que mejor utilizan esos recursos. Al ya mencionado caso de Perdidos se sumarían, por ejemplo, el milimétrico puzzle de Damages o capítulos aislados pero muy reveladores como el estupendo episodio 17 de la primera temporada de Héroes o el episodio 9 de la tercera temporada de Battlestar Galactica. Son obras en las que se invita al espectador a unir las piezas para tratar de formar la imagen global, en las que cada respuesta provoca nuevas preguntas, y en las que las conexiones entre las diversas tramas se multiplican (y por ello no entraré en un análisis más detalado, para evitar spoilers).
Y para disfrutarlas plenamente es necesario verlas en el orden en el que fueron concebidas. Porque independientemente del orden cronológico de los acontecimientos, la narración está estructurada para avanzar. Porque nos importaría poco saber que el doctor Jack Shephard tenía problemas con su padre si no fuera porque eso le ha llevado después a estar en una isla llena de peligros y a tomar una serie de decisiones y responsabilidades que de otro modo quizá no hubiera tomado. Porque se busca el impacto partiendo de lo que ya se conoce.

Memento es un constante avance desde A (el protagonista mata a alguien) hacia B (el protagonista cree que alguien está tratando de manipularle para que mate al tipo que no es) y finalmente hacia C (descubrimos quién ha manipulado al protagonista para que mate al tipo del principio y por qué). En La melancolía de Haruhi Suzumiya el primer episodio está concebido como presentación de los personajes, pese a que cronológicamente sea el 11º, mientras que el episodio final, que culmina la trama principal de la serie y nos proporciona respuestas sobre la naturaleza de los acontecimientos fantásticos que hemos visto y sobre la relación entre los protagonistas, en realidad cronológicamente sería el sexto.
El orden es importante.
Supongo que todos estamos de acuerdo.
Entonces, ¿por qué cojones Norma Editorial no edita La Mazmorra en orden, hostia?


La Mazmorra es una estupenda serie de cómics creada por Joann Sfar y Lewis Trondheim, en la que cuentan con la colaboración de la flor y nata de los dibujantes del cómic francés actual. En principio parodia de la fantasía heróica con un delicioso sentido del humor, tras el éxito cosechado por sus dos primeros álbumes el universo de la serie explotó en nada menos que ¡seis! colecciones: Zenit, dibujada por Trondheim, seguía la línea histórica de los dos primeros volúmenes, siguiendo las aventuras del pato Herbert, empleado de la Mazmorra (lugar plagado de monstruos y tesoros y dirigido por el Guardián) que adquiere accidentalmente la Espada del Destino, y su amigo el dragón Marvin, gran guerrero; Crepúsculo, dibujada por Sfar, se situaba ¡cien números después!, con las aventuras de un poco talentoso conejo guerrero, Marvin el Rojo, acompañando a su ídolo, un envejecido Marvin, en un mundo dominado por el malvado Gran Khan; Amanecer, dibujada por Christophe Blain, se remonta hasta ¡cien números antes!, contando las aventuras del joven Jacinto de Cavaliere muchos años antes de convertirse en el Guardián de la Mazmorra; Festival, dibujada por Manu Larceret, es la serie más divertida y ligera, para todos los públicos, con aventuras de Herbert y Marvin situadas entre el primer y segundo número de la serie Zenit; Monstruos son historias protagonizadas por personajes secundarios de la serie, dibujadas por "artistas invitados"; y Bonus es la línea en la que se incluye todo lo que no entra e las anteriores: el juego de rol, una recopilación de Festival, ediciones especiales en blanco y negro de algunos números...

Conforme han ido pasando los años, sin embargo, Sfar y Trondheim han ido perdiendo el impulso de sus comienzos, hasta el punto de limitarse actualmente a escribir los guiones. También Blain y Larceret han dejado paso a otros dibujantes. El tono de humor absurdo de los primeros números de Zenit ha dejado paso (salvo en la línea Festival) a un tono mucho más oscuro y trágico. La línea Monstruos se ha convertido en la más activa, acaso por sentirse los autores más a gusto escribiendo historias sin las ataduras de las líneas principales a personajes y orden cronológico; de hecho, la idea de hacer que las tres líneas centrales formaran una serie limitada de 300 números parece haberse abandonado por restrictiva: uno de los números más recientes de Monstruos se ha atrevido a remontarse hasta ¡300 números antes del comienzo de Amanecer! La línea Amanecer, por su parte, se ha saltado varios números, pasando sin problemas del -97 al -84: la línea Monstruos permite comprender los acontecimientos más importantes que han pasado entre ambos volúmenes. Precisamente el hecho de que se haya abandonado la tendencia a la historia autoconclusiva para tejer una red de referencias interconectadas es lo que mantiene La Mazmorra como una serie muy interesante, y con revelaciones y sorpresas dignas de las series reseñadas arriba.

Pero, claro, las referencias a acontecimientos vistos en álbumes previos funciona si se ha editado el álbum correspondiente. Esto ya ha traído problemas en Francia, donde algún dibujante se retrasó, y creo recordar que hubo que posponer la edición de otro álbum que ya estaba acabado porque no podía aparecer hasta que no se hubiera publicado el anterior. Y es que, pese a su multiplicidad de cabeceras, La Mazmorra funciona como una sola colección. Por favor, los nuevos lectores absteneos de tratar de leerla en orden cronológico, porque pierde: por ejemplo, el impacto que tiene descubrir al final del primer Crepúsculo quién es realmente el Gran Khan desaparece si sigues el orden cronológico y ya lo ves aparecer en algún volumen cronológicamente anterior.

En España, Norma Editorial es quien edita La Mazmorra, y aunque siempre se pueden sacar fallos (alguna inconsistencia en la traducción de los nombres de unos álbumes a otros) en general creo que están haciendo una buena labor... salvo por una cosa: no están respetando el orden de aparición original.
Si bien en las tres líneas teóricamente principales siguen el orden lógico, que para eso van numeradas, el desbarajuste que han creado con la línea Monstruos es delirante. La han ido editando atendiendo a la popularidad del autor en España, la ambientación más cercana a la línea Amanecer (de las tres líneas centrales, la que mejor ha mantenido el nivel) o vaya usted a saber qué criterios. ¿El resultado? Pues que algunos chistes se pierden, algunas referencias no se pillan y el punto de partida de algunas historias nos resulta ajeno. No es que no se puedan disfrutar los tebeos igualmente, pero no al cien por cien.
Unos ejemplos: el primer número de Monstruos, Jean-Jean el terror, en que aparecía por vez primera el arribista Guillermo Delacour, antiguo poseedor de la Espada del Destino, no vio la luz hasta después de la reaparición del personaje en el cuarto número de Zenit; el segundo, El gigante que llora, en que se explica cómo se queda la Mazmorra sin su ojo de gigante (su sistema de vigilancia), algo básico en el argumento de ese mismo cuarto número de Zenit, todavía no ha sido publicado; el tercer y cuarto números, La carta magna y El negro señor, transcurren a la vez que el tercero de Crepúsculo, y en Francia fueron publicados a continuación de éste, sin embargo en España el uno apareció después incluso que el cuarto Crepúsculo y el otro todavía no ha aparecido (parece ser que lo hará este año). Y así todo, aunque al menos con los Monstruos ambientados en la línea temporal de Amanecer parecen haber mantenido cierto orden, menos mal.
Por cierto, hace dos meses La Mazmorra cumplió diez años de la aparición de su primer álbum. ¡Felicidades! Aunque la serie se muestra bastante más irregular que al principio, sigue teniendo grandísimos momentos, en especial en Amanecer y Monstruos. Yo soy fan.