lunes, noviembre 29, 2010

Aquellos discos míticos: 30 hombres solos

Grandes momentos en la historia de la periodicidad de las secciones: sólo han pasado tres años desde la última vez que añadí una entrega a esta sección. Sin embargo, allá voy de nuevo, con otro de esos discos inolvidables que casi hemos olvidado ya: el 30 hombres solos de Los Inhumanos.
Los Inhumanos nacen como un grupo de amigos intentando correrse unas juergas por las playas valencianas a principios de los 80, asaltando a las orquestas que tocaban en las verbenas de los pueblos en sus descansos y tomándose en serio a sí mismos lo menos posible. Farra, diversión e intoxicación etílica será, por tanto, la base para esta macrobanda de la que nunca se supo el número exacto de componentes que, uniformados con túnicas blancas, se dedicaban a corear y animar la fiesta desde el escenario. ¿Y la música? Pues sí, algo de eso había, bajo la dirección de Alfonso Aguado, con su pasmosa habilidad para crear estribillos irresistibles para borracheras.
Tras debutar con un EP llamado Verano inhumano (1983) fichan por una multinacional y editan su primer LP, Los Inhumanos (1985), con temas tan celebrados como Eres una foca, El disc-jockey se ha vuelto loco, Pilar o Manué, la que mayor huella dejaría. Quién no ha cantado eso de "Manué, no te arrime a la paré, que te vá a llená de cá, de cá, de cááá". Vamos, un disco mítico en toda regla. Pero no tan mítico como sería el que harían tres años después.
Su siguiente trabajo sería Las chicas no tienen pilila (1986), colección de canciones nuevas grabadas en directo que muestra la locura del grupo sobre el escenario, pero que no tuvo la popularidad del anterior. La banda parece entrar en crisis y cambian de compañía discográfica. ¿Es el fín? Ni mucho menos. Fuerzan la máquina y lanzan 30 hombres solos (1988), el disco que les hizo superventas y les convirtió en los herederos de Georgie Dann como grandes fabricantes de canciones del verano, con clásicos como Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000, que un poco más abajo detallaremos. El caso es que alcanzan la cima de su éxito y en 1990 no sólo editan No problem (1990) (digna continuación con canciones como Yo sé beber o la que daba título al disco, una versión inhumana del Don't worry be happy de Bobby McFerrin) sino que llega a editarse un juego de ordenador (para Spectrum, Amstrad, MSX y aquellas míticas plataformas de los 80), protagonizado por la mascota del grupo, el troglodita que aparecía en la portada de sus dos últimos discos.
Por supuesto, su capacidad para la juerga les hizo imprescindibles para amenizar cualquier fiesta, y estos serían años de actividad frenética, realizando cien conciertos al año y editando nuevos discos de manera regular, con una progresiva decadencia y pérdida de frescura: El mágico poder curativo de la música de los Inhumanos (1991), el doble en vivo Directum tremens (1992), 9 canciones con mensaje y una con "recao" (1993), Si al amanecer no he vuelto venir (sic) a recogerme (1994), Música festiva para gente sin complejos (1995) y Música adhesiva (1996). Finalmente, perdida gran parte de su popularidad, y cuando los miembros fundadores ya estaban mayores y cansados, deciden que ha llegado la hora de cerrar y ponen punto y final con una recopilación de éxitos y rarezas, Apaga y vámonos (1998). Por supuesto, y como corresponde a un grupo anárquico e irreverente, al año siguiente de la despedida editaban nuevo disco, El retorno del Jeti (1999), antes de que Alfonso Aguado decidiera marcharse a formar La Banda del Capitán Canalla y se editase la recopilación Cara dura (2001), a modo de cierre definitivo del grupo.
Que por supuesto tampoco esta vez se produjo.
Es difícil disolver un grupo con tal número de componentes que no se sabe ni quiénes son ni cuántos son. Tras el abandono de los miembros originales toman el relevo hermanos menores, amigos y miembros más jóvenes del combo, insuflándole nueva vida al proyecto. Tras alguna participación en recopilatorios, algún EP y algún single, regresan con 25 años haciendo el imbécil (2004), nueva recopilación de éxitos con seis temas nuevos, al que seguirían Quiero volver con mi mamá (2006) y el recién publicado Los hombres que amaban a todas las mujeres (2010), que viene acompañado de libro y DVD. Ya no son habituales de la radiofórmula pero siguen disfrutando de una salud envidiable en el circuito de conciertos.

Y ahora veamos las canciones de su disco de mayor éxito:
Duba duba (western mix): El disco no se anda por las ramas y se abre directamente con una llamada a la juerga, el baile, la borrachera y el desenfreno. Al ritmo del "Oh Susana" dejan bien claro su mensaje: vamos todos al saloon (duba, duba), a coger un colocón (duba, duba, yé). Y tres minutos así. Por supuesto, fue un éxito. En su día no había bar en que entraras en que no sonara. Hoy no es tan frecuente, pero todavía puede escucharse de vez en cuando.
Woolly Bully: Versión no demasiado brillante del clásico de Sam the Sham. No aporta mucho, pero sigue con el tono festivo.
Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000: El gran clásico entre los clásicos del grupo, todavía celebrado incluso entre la muchachada que no ha visto en la vida este modelo de coche y no sabe hasta qué punto este pequeño vehículo era poco dado a comodidades. Con un ritmo más pausado y un tono más tragicómico (soy pobre y no pude alquilar un picadero para ligar, y cuando alguna me quiero cepillar, en mi coche me tengo que apañar), su descacharrante pero pegadizo estribillo causó furor. Y es que todo el mundo ha tenido alguna vez problemas para encontrar un sitio para irse con la novia...
Ay qué dolor: Con un ritmo de fondo que recuerda (de lejos) tonillos flamencos, a estos juerguistas no se les ocurre mejor travesura que parodiar los quejíos con una letra consistente en repetir una y otra vez la frase que le da título al tema. Un chistecillo de poco recorrido que rellena sin molestar demasiado.
Me duele la cara de ser tan guapo: Acercamiento inhumano al duduá con lo que parece un canto al ego (mi sonrisa profident, mi careto de John Wayne, mi prominente mentón y mi martillo pilón, al espejo me miré y me excité mogollón), que luego se transforma en una broma a costa de los chulitos de bar (el destino que me dio mi cara melocotón mi felicidad rompió pues me duele mogollón) para acabar en un WTF sin nada que ver con el resto de la letra (yo no puedo soportar el tufo del autobús, esa peste axilar, ese cante a parrús, y el olor del calcetín de mi amigo Valentín). Queda claro que no son grandes poetas, pero, de nuevo, son divertidos y pegadizos. Cierra la cara A.
Juanita Banana: Abre la cara B otra versión de un clásico. Lo malo es que esta vez el propio clásico que versionean ya es odioso de por sí. Al menos los coros borrachuzos de esta versión debían ser totales en directo.
Una pareja feliz: En esta canción se lo curran un poco mas, con un retrato de pareja muy poco romántico, de nuevo con un poso más tragicómico. Con alguna imagen que remite al Kiko Veneno nuevaolero de "Si tú, si yo" (tú me lanzas el televisor, yo te tiro el despertador), es el tema más alejado de la pachanga y más cercano al pop gamberro de sus inicios que les emparentaba con otros ilustres gamberros de los 80 (te preguntas qué hace ésa en mi habitación, yo te juro, no comprendo de dónde salió, y qué hace en mi cama en ropa interior). A pesar de una producción horripilante, la mejor canción del disco. También sonó bastante, pero al no ser pachanguera fue el single que menos repercusión tuvo.
Me quiero: Otro duduá ególatra, en el que llegan bastante más lejos que en el de la cara A, rematado con una interpretación histriónicamente sentimental. Me quiero, no puedo estar sin mí, me quiero, con un amor sin fin, si me dejo alguna vez la razón yo perderé. Un chiste divertido.
Ye ye ye ye: Lo único que faltaba para cerrar una juerga perfecta era otra versión de un clásico de la juerga, ¿y qué más clásico que "Shout", el tema que bailan en la fiesta toga de Desmade a la americana? No es ni mucho menos una versión canónica, la destrozan sin piedad, pero también hay que reconocerles que la hacen suya y que sientan la base para sacarle todo el jugo en los conciertos a través del juego que plantean con los coros. Y es que el cierre para un disco sobre juergas no puede ser diferente de una juerga: cuando no me encuentro bien busco alguna solución, y no encuentro algo mejor que bailar a mogollón, y digo ye ye ye ye ye...
FRIKÓMETRO: 2/5 averías

martes, octubre 26, 2010

Obras maestras


En 1994 un anticuario llamado Scott Wilson paseaba por un suburbio de Boston cuando descubrió un cuadro que sobresalía entre dos cubos de basura esperando a ser recogida. Pensando que podría aprovechar el marco, no dudó en recoger la pintura y llevársela a casa. Pero cuando le mostró el cuadro a su amigo Jeff Reilly éste mostró interés no sólo en el marco, sino también en la obra, porque era tan horrible que no podía dejar de reír al verla. Reilly expuso la pintura en su casa durante un tiempo, y animó a sus amigos a buscar trabajos de similar talla artística. Cuando Wilson encontró otro cuadro igualmente horripilante, Reilly, su esposa y él decidieron crear una colección y fundaron el Museum of Bad Art.
Inicialmente expuesta en el sótano de los Reilly, la colección fue creciendo de tal manera tanto en tamaño como en número de visitantes que tras tan sólo un año de existencia (y después de que un autocar de jubilados incluyera en su tour una parada en la residencia de los Reilly) hubo que buscarle una sede permanente, que finalmente sería el sótano del cine de la vecina ciudad de Dedham. Apropiadamente, la exposición está justo al lado de los lavabos. Posteriormente el museo organizaría exposiciones itinerantes, incluyendo una al aire libre, y diversas actividades y exposiciones temáticas, e incluso en 2008 abrirían una segunda exposición permanente en la cercana ciudad de Somerville.
Los dirigentes del museo ya han manifestado que no tienen interés en trabajos comerciales (del estilo de perros jugando al poker o souvenirs para turistas) ni en obras deliberadamente kitsch. Lo que buscan son obras en las que alguien ha intentado honestamente hacer algo bueno, pero o bien el concepto o bien la habilidad del artista han hecho que el resultado no haya sido el buscado.

Y ahora veamos una selección de sus obras:
LUCY IN THE FIELD WITH FLOWERS
La obra que lo empezó todo. Éste fue el cuadro recogido de la basura por Scott Wilson en 1994 que dio origen al museo, y todavía hoy es una de las obras más apreciadas por los visitantes. Una vieja bailando en un prado florido con una silla pegada al culo no se ve todos los días. Y qué colorido.
SUNDAY ON THE POT WITH GEORGE
Un retrato de un gordo. Semidesnudo. Sentado en algo que podría ser un inodoro. Con una toalla. Sin pies. Y todo plasmado con una desquiciante técnica puntillista. Uno de los trabajos más populares del museo. Y dado que al otro lado de la pared en que está colgado se hallan los lavabos, el sonido que lo acompaña cada vez que alguien tira de la cadena lo hace aún más especial.
DOG
Este retrato de un perro está expuesto en la sección de paisajes. Si hubieran optado por exhibir este paisaje en la sección de mascotas tampoco nadie habría protestado.
MANA LISA
Una especie de versión transexual de la Mona Lisa, aderezada con una selección cromática, cuanto menos, dudosa.
BONE JUGGLING DOG IN HULA SKIRT
Un perro erguido con falda hawaiana. Huesos de colores. Puntillismo. Nuff said.
RABBITS
No tengo palabras para describir esto. De verdad.

En fín, si os ha gustado, o si os ha horrorizado pero no tenéis nada mejor que hacer ahora que se acerca Halloween, podéis ver muchas más obras en la página web del museo. Y si eso no os resulta suficiente, pues hay muchísimo más en el propio museo, aunque a no ser que vayáis a acercaros próximamente por Massachussets tenéis complicado verlo. Yo de momento me lo apunto como visita obligada si alguna vez paso por la zona.

miércoles, septiembre 29, 2010

34

He aquí una evolución sonora y personal de los cumpleaños:




Ya soy oficialmente un año más viejo.

domingo, septiembre 19, 2010

El abuelo de todos

Descanse en paz José Antonio Labordeta, grande entre los grandes. Nos quedamos un poco huérfanos sin él.



sábado, septiembre 18, 2010

Mejores que los Beatles

¿Hace cuánto que no descubres algo capaz de hacerte estallar la cabeza?
Hace un par de días yo descubrí a las Shaggs.
Sí, probablemente cualquier experto en música rara de esos que hay miles en Internet se sonría al leer esto con cierto desdén murmurando que esto ni es descubrimiento ni es nada y que este grupo lo conoce todo el mundo hace años, pero en el mundo real todavía habitamos algunos aficionados que no lo sabemos todo; lo que, por otro lado, nos deja todavía bastante espacio para sorprendernos, que no es nada malo.
Y resulta imposible no sorprenderse al escuchar algo como esto:

The Shaggs suena totalmente diferente a todo. Voces y guitarras desafinadas. Nada que recuerde a un acorde. Una batería que va por su lado como si las canciones no fueran con ella. ¡Y qué canciones! Letras ingenuas, métrica irregular y estructuras extrañas. Escucharlas es como caminar por Marte. Sí, son probablemente el peor grupo de la historia. Pero, entonces, ¿por qué han generado un pequeño culto con fans tan ilustres como Frank Zappa (que dijo que eran mejores que los Beatles) o Kurt Cobain? Y, sobre todo, ¿por qué llevo dos días totalmente enganchado a su música?
The Shaggs nacen como consecuencia de una predicción. La madre de Austin Wiggin Jr. leyó su mano y le predijo que se casaría con una mujer rubia, que tendría dos hijos después de que ella muriera, y que sus hijas formarían un grupo musical de éxito. Tras cumplirse las dos primeras, decidió poner todo su empeño en cumplir la tercera, de modo que sacó a sus hijas del colegio, les compró instrumentos y las puso a tocar. Con la mayor Helen a la batería, la mediana Dot como vocalista, guitarrista y compositora y la pequeña Betty a la guitarra rítmica, comenzaron a tocar en su casa y a dar un concierto semanal en su pueblo.
Pese a que no llevaban mucho tiempo tocando y no estaban muy convencidas de su propia capacidad, su entusiasta padre las llevó a un estudio de grabación a comienzos de 1969. Pese a que los técnicos del estudio le dijeron que "quizá las niñas deberían ensayar un poco más antes de grabar", Austin se negó, deseando "captar el momento". Y de este modo, en un día, las hermanas Wiggin grabaron su primer y único álbum, el posteriormente de culto Philosophy of the world. Al parecer, durante la grabación, las hermanas varias veces interrumpían la canción pidiendo empezar desde cero porque "habían cometido un error". Los técnicos alucinaban, incapaces de comprender por cuál de todos los errores se habían detenido.

La aventura no estaba, sin embargo, destinada al éxito. El "empresario" que iba a editar el disco desapareció con el dinero que había cobrado a Austin y la mayor parte de las copias del álbum. Tan sólo 100 copias quedaron en las manos de los Wiggin. Austin envió copias a las emisoras de radio, sin ninguna repercusión. Tras este revés, el grupo seguiría tocando localmente y muchos años pasarían antes de que de nuevo pisaran un estudio de grabación. Con la incorporación de una cuarta hermana, Rachel, al bajo, volverían a grabar en 1975, pero las sesiones se verían interrumpidas por la muerte de Austin. Sin su principal impulsor, The Shaggs no sólo no terminarían el disco, sino que disolverían el grupo poco después.
Pero, mientras tanto...
Contra todo pronóstico, las escasas copias difundidas del álbum cayeron en las manos adecuadas. Algunos músicos locales comenzaron a reivindicarlo. Alguien en la WBCN de Boston se lo descubrió a un alucinado Frank Zappa. Finalmente cayó en las manos de la prestigiosa banda NRBQ, que decidieron reeditarlo en su propio sello en 1980.
Para entonces las Wiggin hacía tiempo que habían abandonado la música. Cuando los NRBQ se pusieron en contacto con ellas para reeditar un disco que creían que no había llegado a ninguna parte, supuso una sorpresa; pero cuando la reedición fue elegida como "regreso del año" por la revista Rolling Stone, la sorpresa se convirtió en estupor e incredulidad. Estaba claro que el primitivismo sin complejos del disco había encontrado en el público del post-punk una audiencia mucho más receptiva que la de una década antes. Sobre si ese primitivismo era algo más o menos premeditado ha habido un largo debate; en cualquier caso, eso no resta al disco capacidad de fascinación.
Creo que me lo voy a escuchar otra vez.

viernes, agosto 27, 2010

Directo a Video: La legión de los muertos, una película tan mala tan mala que he tenido que recuperar esta sección para hablar de ella

Ahora que los videoclubs prácticamente han desaparecido, esta sección parecía condenada al abandono definitivo. Sin embargo, la otra noche Iris y yo nos topamos con una película tan lamentable que estaba claro que había que recuperar los Directo a Video aunque fuera por esta vez: La legión de los muertos. Chistes malísimos, monstruos que no asustan, una historia sin sentido y una narrativa por momentos rayana en la aleatoreidad hacen de este film una guía práctica de todo lo que NO se debería hacer en una película de zombis. Si es que eran zombis, que en realidad no lo parecían. Que esa es otra.
El responsable de este engendro es un alemán llamado Olaf Ittenbach, un ex-dentista reconvertido en experto de efectos especiales que ha dirigido unas cuantas películas de horror infame, varias de ellas directamente para el mercado del DVD, y que, para redondear su currículum, ha colaborado hasta con el mismísimo Uwe Boll. Prometedor, ¿verdad? Pues aún es peor de lo que parece.
El comienzo de la película no puede ser más caótico, entremezclando varias historias aparentemente sin sentido. Los dos protagonistas, William y Luke, son dos amigos de vacaciones en busca de relax ("uno con pinta de retrasado y el otro que poco le falta", como los describe otro personaje en un momento del propio film), se les estropea el coche en medio del desierto y les recoge un conductor que resulta ser un psicópata que en vez de matarlos los secuestra, vaya usted a saber por qué. Por otro lado un viejo amigo de los turistas con sombrero de vaquero les sigue el rastro, tampoco estamos muy seguros de por qué. Por otro, una guapa camarera ahuyenta a unos atracadores transformándose en monstruo mientras un siniestro hombre rubio la vigila al tiempo que dice chorradas en off. Y el remate final, dos asesinos trajeados empeñados en convertir la película en la relectura que los responsables de "Agárralo como puedas" habrían hecho de "Pulp fiction", en una trayectoria creciente de estupidez. Su momento más inspirado: llamar a la puerta de una vieja, empezar a insultarla, pegarse uno de ellos un tiro al sacar la pistola, pegarle un tiro al otro por reírse y conseguir así que la vieja muera de un infarto. Por desgracia a medida que sus meteduras de pata se repiten, van haciendo cada vez menos gracia, aunque no puedo evitar resaltar el momento en que deciden cambiar de vestuario, pasando de sus sobrios trajes negros a unos ridículos trajes amarillos que provocan la hilaridad de sus próximas víctimas. En fín, aquí una muestra de la habilidad de estos Mortadelo y Filemón del gore:

Por fín, tras media película, las tramas parece que convergen. El vaquero salva a los dos turistas robando una camioneta y lanzándose en plan kamikaze y disparando contra el coche del psicópata justo cuando éste iba por fín a ejecutarlos. Los tres juntos van caminando hasta el pueblo más cercano. Que es, casualmente, donde trabaja la camarera. Y no muy lejos de allí debe estar la guarida del siniestro hombre rubio, una habitación blanca con el suelo aparentemente encerado, pero que cuando te fijas más de cerca resulta que no es que sea brillante sino que ha debido reventar alguna tubería porque está lleno de agua. Alí es donde recibe a su asesino (para entonces ya sólo uno porque el otro ha volado en pedazos tras su última torpeza), descubrimos que han estado matando gente para que el rubio pudiera formar con ellos un ejército de muertos (¡qué gran idea, para qué usar a los del cementerio!) y, para que se note que esta película no tiene mucho sentido, acaba haciendo que el asesino se arrastre por el suelo imitando a un gusano, para demostrar que es el malo. ¿Suena patético? Pues no os perdáis el video adjunto. La descripción no hace justicia a la escena.

Y si hasta aquí la película ya era bastante mala, a partir de este punto se viene abajo y el sinsentido campa a sus anchas.
El vaquero liga con una chica y se va a una habitación con ella. William se enamora de la camarera, y ella parece que tampoco lo mira con malos ojos, porque hasta le presenta a sus amigos. Entre tanto, ella se corta recogiendo una jarra de cerveza rota y William le lame la sangre de la punta del dedo, lo que le proporciona unas extrañas visiones.
Luke, por su parte, también se empeña en ligar, consiguiendo, primero, recibir una paliza de una feminista furiosa, y después, tener una monstruosa y fantasmagórica visión saliendo de la entrepierna de una tétrica sordomuda (no preguntéis). Entre pitos y flautas y sin venir a cuento, un calvo se acerca a la barra, tira del taburete a un cliente estampándolo contra el suelo, se sienta él y empieza a beberse la cerveza del agredido. Esto provoca la furia del cocinero, que no es un cocinero cualquiera sino un cocinero zen, "versado en los caminos del zen" (!) y que pelea como un monje shaolin; aunque en un primer momento la camarera lo calma, apenas se aparta la chica le rompe la nariz, un brazo y una pierna al calvo. Éste, por toda respuesta, se levanta, le mira enfadado... y se va. ¡Andando!
Y entonces se aparece el rubio por la puerta (no, no entra: literalmente se aparece) y resulta que la mitad de los clientes del bar (incluyendo, claro, al calvo y la sordomuda) eran parte de su armada de muertos vivientes, y atacan a la otra mitad. La verdad es que los muertos vivientes de esta película no parecían zombis para nada. Más bien eran como monstruos. Todo eso que pierde la película.
Tras una más que caótica batalla en la que los monstruos se cargan fácilmente al cocinero zen (¿y para eso tanto afán en mostrarnos su habilidad?) y al amigo vaquero (el único personaje que hasta este punto había demostrado algo de heroísmo), sólo un puñado de supervivientes logran salvarse, y eso gracias a que la camarera se transforma en monstruo y los ahuyenta. Tras un patético intento de huída por la puerta trasera resuelto a base de oscuridad total y personajes paralizados cada uno bajo un foco para que se les vea, el rubio, con un ejército de muertos rodeando el bar en el que están los siete u ocho supervivientes... ¿creéis que ataca? ¡Noooo! ¡¡Decide darles un plazo de dos horas para que le entreguen a la chica o si no ataca y los mata a todos!! ¡¡Por favor!! ¡¡Ataca ya y ahorranos la agonía!!
Por fin, la camarera nos cuenta por qué la persigue el rubio... resulta que ella es la última superviviente de una antigua raza inmortal que, harta de aburrirse hasta la eternidad (como los espectadores, en este punto), decidió pedirle un remedio al rubio... que va e inventa la muerte. Que es un virus que lleva en una jeringa (y en este momento los espectadores querrían morirse, también). Y los mata a todos, menos a ella, porque quiere quedarse con ella. Y por eso la persigue. O algo así. Está tan mal contado que no se entiende muy bien.
En estas la camarera, que para eso tiene poderes místicos, trata de revivir con su fuerza vital a uno de sus amigos que está malherido, pero tiene que ser fuerte o se convertirá en monstruo. Como el amigo no es fuerte, se hace monstruo y se carga a su novia antes de ser, ejem, sacrificado. Nerviosos, los supervivientes discuten. La camarera cuestiona la lealtad de Luke hacia William, éste dice que por su amigo se cortaría un dedo, ella le dice "¿ah, sí? pues hazlo"... ¡¡y va y lo hace!! Gilipollas pero leal, a fín de cuentas.
Total que acaba el plazo, atacan los monstruos, se cargan a los dos amigos que quedaban y, en un momento superestúpido, Luke se acerca a la ventana y ¡los muertos lo agarran y se lo cargan! ¿Qué? ¿Y ya está? ¿Así de simple muere un protagonista? ¿Para eso le hacen cortarse un dedo para recalcar su lealtad?
Pero es que no quedaba ya ingenio ni tiempo para muertes elaboradas, y si no, a loro con la muerte del malo: malherido William, el rubio amenaza a la chica que o se une a él o le inyecta... ¡¡¡la muerte!!! Pero mientras hace el típico "discurso final de villano recreándose en su victoria antes de haberla cerrado para dar tiempo al bueno a salvar el día in extremis", William le dispara, y antes de que pueda reaccionar la camarera coge la jeringa y se la clava... ¡matándolo!

Entonces William está a punto de morir, así que la camarera lo besa y... bueno, ya que está en posición, le da su fuerza vital a ver si revive y no se convierte en monstruo. Y entonces William...
...despierta y está en el bar. Justo cuando acaba de lamer la herida de la camarera.
Antes del follón. Que no ha pasado ni pasará.
Gracias a Dios, porque si esto llega a entrar en bucle nos da algo.
Y todos están vivos.
Menos los espectadores. Que se han muerto de horror, asco o vergüenza hace un buen rato.
Y LO QUE HEMOS APRENDIDO HOY ES... Que no es buena idea lamer la sangre de las heridas de los desconocidos. Que las camareras suelen ser menos atractivas de lo que parecen. Que el camino del zen pasa por machacar gente. Que no es buena idea dar la espalda a la ventana cuando fuera hay un ejército tratando de matarte. Que nunca es mala idea disparar a un inmortal, aunque no vayas a matarle no pierdes nada por intentarlo. Y que si nada tiene sentido, probablemente sea un sueño.
GENIÓMETRO: 0,5/5 ed woods

lunes, agosto 23, 2010

Dormir soñando

A continuación, una colección de pequeños juegos del destino. O extrañas coincidencias.
Hace algo así como doce años escuché una canción estupenda en un bar, emparedada entre el "Matador" de Los Fabulosos Cadillacs y alguna otra canción por el estilo. Quizá coincidió con uno de mis escasos días de euforia, pero la disfruté como un enano, bailando, pegando botes. Y se me pegó la melodía, luego iba por ahí tarareando "lleno de amoooor, lleno de amoooor".
Pero resulta que era una canción no habitual en la selección musical del bar en cuestión. Tampoco la ponían en los de los alrededores. Nadie sabía qué canción era, ni de quién era, en aquel momento me lo estaba pasando bien y no se me ocurrió acercarme a la barra a preguntar al camarero qué coño era eso. Pensé que volverían a ponerla cualquier otro día, pero nunca más la escuché. Y claro, no era cuestión de ir al bar seis meses después a preguntar por una canción que sonaba algo así como "la vida, la vida, naniro ninonino, naniro ninoniano".
Y me he pasado como doce años con el soniquete sin saber qué canción era.
Mientras tanto, en buscar la cancioncita se nos va la propia vida, y pasan los años. Conozco a Iris hace dos años, nos enamoramos, y estamos estupendamente.
Y el sábado Iris viene a casa y se empeña en ponerme música. De unos discos que me había pedido que le bajara, en concreto.
Y de repente ha empezado a sonar esto.

La he reconocido en un par de notas.
Increíbleble.
¡Era la canción que llevaba tanto tiempo buscando!
:)
Y ahí estaba yo con una sonrisa de oreja a oreja, alucinando, lleno de amor.

Y para rematar... no pensaba poner esta historia en el blog, pero... hoy al abrirlo lo primero que he visto es el título del post anterior y me he dicho: "esto no puede ser casualidad".
Hay veces que todas las piezas encajan.

P.D.: ¡No me miréis raro! ¡Seguro que a vosotros también os ha pasado eso de que se te mete una canción en la cabeza y no sabéis qué canción es y os volvéis locos buscándola!